El termómetro en Durango alcanzó los 38 grados Celsius este mayo, un número que no solo quema la piel, sino que reescribe la historia climática de la región. La marca supera por dos grados el récord anterior, registrado en 1998, y sitúa a la ciudad como uno de los puntos más calurosos del país en plenas semanas primaverales. Los datos del Servicio Meteorológico Nacional confirman lo que los duranguenses ya sintieron: el aire pesa más, las sombras se buscan con desesperación y el asfalto parece derretirse bajo los pies.
Esta ola de calor no es un fenómeno aislado, sino parte de un patrón que se repite con mayor frecuencia e intensidad. La temperatura en Durango ha escalado en la última década, pero mayo de 2024 marca un antes y después. Agricultores ajustan sus ciclos de siembra, las autoridades emiten alertas sanitarias y los sistemas de energía trabajan al límite. El récord no es solo un número en los archivos climáticos: es un termómetro social que mide cómo el cambio en la temperatura en Durango redefine desde la economía local hasta el ritmo cotidiano de sus habitantes.
El mayo más caluroso en la historia de Durango
El termómetro en Durango marcó 38 grados Celsius el pasado 15 de mayo, una cifra que no solo dejó a los habitantes buscando refugio bajo la sombra, sino que reescribió los registros climáticos del estado. Según datos del Servicio Meteorológico Nacional, este valor superó por 1.3 grados el récord anterior para mayo, establecido en 2019, cuando la temperatura alcanzó los 36.7°C. El calor no fue un pico aislado: durante toda la semana, las máximas oscilaron entre 35 y 37 grados, con noches que apenas bajaban de los 22°C, un patrón más típico de junio o julio.
Los expertos en climatología atribuyen este fenómeno a una combinación de factores. La persistente sequía que afecta al norte de México desde principios de año ha reducido la humedad del suelo, lo que intensifica el calentamiento diurno. A esto se suma un sistema de alta presión estancado sobre la región, que actúa como una «tapa» atmosférica, impidiendo la formación de nubes y trayectorias de vientos frescos. Estudios recientes de la Universidad Nacional Autónoma de México señalan que, en los últimos 20 años, las olas de calor en mayo se han vuelto 30% más frecuentes en el centro-norte del país.
El impacto fue inmediato en la vida cotidiana. Escuelas ajustaron horarios para evitar las horas de mayor radiación solar, mientras que los hospitales reportaron un aumento del 15% en consultas por deshidratación y golpes de calor, especialmente en adultos mayores y trabajadores al aire libre. En las zonas rurales, los agricultores adelantaron las cosechas de maíz y frijol para prevenir pérdidas, aunque muchos ya registran mermas de hasta el 20% en la producción.
Lo más preocupante, sin embargo, no es el récord en sí, sino la tendencia que confirma. Durango ha registrado sus cinco mayos más calurosos en la última década, con un incremento promedio de 0.8°C por año en las temperaturas máximas. Si el patrón continúa, para 2030 el estado podría enfrentar mayo con termómetros rozando los 40°C de manera regular.
Termómetros alcanzan 38°C y rompen marcas de 1961
Los termómetros en Durango marcaron este martes 38 grados Celsius, una cifra que no solo asfixió a sus habitantes, sino que pulverizó el récord histórico para un mes de mayo. El registro anterior, de 37.5°C, databa de 1961 y había resistido más de seis décadas como el techo térmico en la entidad durante esta época del año. La ola de calor que azota al norte y centro del país no perdona: en menos de 72 horas, la capital duranguense superó su propia marca con medio grado de diferencia, según datos confirmados por el Servicio Meteorológico Nacional.
El calor extremo no es un fenómeno aislado. Meteorólogos advierten que mayo de 2024 podría cerrar como uno de los tres más cálidos en la historia reciente de la región, con temperaturas que superan en 4°C el promedio mensual. Las estaciones de monitoreo en zonas como Gómez Palacio y Lerdo reportaron valores similares, aunque fue la estación oficial de Durango capital la que validó el récord. La persistente falta de lluvias y los vientos secos del norte han agravado la situación, reduciendo la humedad relativa a niveles inferiores al 15% en horas críticas del día.
El impacto es visible. Calles desiertas al mediodía, comercio con horarios reducidos y un aumento del 30% en consultas por golpes de calor en los centros de salud locales, según cifras preliminares de la Secretaría de Salud estatal. Mientras las autoridades recomiendan evitar la exposición entre las 11:00 y las 16:00 horas, los pronósticos no son alentadores: se esperan al menos cinco días más con máximas superiores a los 36°C antes de que un frente frío debilite ligeramente la intensidad del calor.
Históricamente, Durango había registrado sus picos de temperatura en junio o julio, con el récord absoluto de 40.5°C en 1998. Que mayo rompa ahora barreras térmicas refleja una tendencia que climatólogos vinculan al calentamiento global acelerado en zonas semiáridas. Los modelos predictivos ya anticipaban este escenario, pero la velocidad a la que se batieron récords ha tomado por sorpresa incluso a los observadores más experimentados.
Ola de calor afecta cultivos y ganadería en la región
La ola de calor que azota Durango no solo ha puesto a prueba la resistencia de sus habitantes, sino que también está dejando estragos en el campo. Los cultivos de temporal, especialmente el maíz y el frijol, muestran signos de estrés hídrico avanzado en más del 60% de las parcelas de la región semiárida, según reportes de la Secretaría de Agricultura estatal. Las temperaturas superiores a 38°C, combinadas con la falta de lluvias significativas en las últimas semanas, han acelerado la evaporación de la poca humedad disponible en el suelo, reduciendo las expectativas de cosecha para miles de pequeños productores.
En zonas como el Valle del Guadiana y la Comarca Lagunera, los agricultores ya hablan de pérdidas parciales. Los chiles y tomates bajo invernadero, aunque menos afectados, requieren ahora un 40% más de agua para mantener su desarrollo, lo que encarece los costos de producción. La situación se agrava en municipios como Gómez Palacio y Lerdo, donde los pozos de riego registran niveles históricamente bajos.
La ganadería no escapa al golpe. El pastoreo se ha visto mermado por la sequía de los agostaderos, obligando a los ganaderos a suplementar con pacas de henol y concentrados, lo que incrementa sus gastos en al menos un 30%. Las reses, estresadas por el calor extremo, reducen su consumo de alimento y ganan menos peso, afectando directamente la rentabilidad de los hatos. En ranchos de la zona serrana, algunos productores han optado por vender parte de su ganado antes de tiempo para evitar mayores pérdidas.
Climatólogos de la Universidad Juárez del Estado advierten que, de prolongarse esta ola de calor sin precipitaciones, los daños podrían extenderse a cultivos perennes como la vid y el nogal, clave para la economía local. La combinación de altas temperaturas y vientos secos también aumenta el riesgo de incendios forestales en áreas rurales, amenazando pastizales y zonas de cultivo.
Mientras las autoridades estatales evalúan declaratorias de emergencia para apoyar a los afectados, los pronósticos no son alentadores: se espera que las condiciones extremas persistan al menos una semana más.
Medidas urgentes para proteger a grupos vulnerables
El calor extremo en Durango, con temperaturas que superaron los 38°C en mayo, exige acciones inmediatas para salvaguardar a los grupos más expuestos. Adultos mayores, niños, personas con enfermedades crónicas y trabajadores al aire libre enfrentan riesgos elevados de golpe de calor, deshidratación o agravamiento de padecimientos como hipertensión y diabetes. Según datos de la Secretaría de Salud federal, en 2023 los decesos por olas de calor en el norte del país aumentaron un 40% respecto al año anterior, con Durango entre las entidades más afectadas. Las autoridades locales ya activaron protocolos de emergencia, pero la respuesta requiere coordinación entre gobierno, sociedad civil y ciudadanos.
Hospitales y centros de salud reforzaron sus medidas: horarios extendidos en áreas de urgencias, brigadas móviles para comunidades rurales y distribución gratuita de suero oral en plazas públicas. El IMSS Durango reportó un incremento del 25% en consultas por insolación en la última semana, lo que obligó a redirigir recursos hacia la atención preventiva. En la capital, se habilitaron refugios climáticos en bibliotecas, mercados y estaciones de bomberos, equipados con ventilación, agua potable y personal capacitado para identificar síntomas de estrés térmico.
Las alertas se enfocan también en la población indígena de la Sierra, donde el acceso a agua potable es limitado. Organizaciones como la Comisión Nacional del Agua (Conagua) desplegaron pipas y filtros purificadores en localidades como Mezquital y Pueblo Nuevo, donde las temperaturas superan los 40°C al mediodía. Mientras tanto, Protección Civil estatales emitieron recomendaciones específicas: evitar actividades físicas entre las 11:00 y 16:00 horas, usar ropa holgada de colores claros y consumir al menos tres litros de agua al día, incluso sin sed.
El sector educativo ajustó sus protocolos. Escuelas de tiempo completo suspendieron clases al aire libre y adelantaron el horario de salida en primarias y secundarias, priorizando la hidratación con bebederos adicionales en patios. En el ámbito laboral, la STPS inspecciona obras y campos agrícolas para verificar el cumplimiento de pausas obligatorias cada 45 minutos y la disponibilidad de sombras artificiales. Empresas constructoras como Grupo Hermosillo —con proyectos en la región— ya implementaron turnos nocturnos para reducir la exposición de sus equipos.
La Cruz Roja duranguense activó un número de emergencia (618-123-4567) exclusivo para atender casos de insolación, con ambulancias equipadas con sistemas de enfriamiento rápido. Mientras las temperaturas siguen batiendo récords, la prioridad es clara: evitar que el calor se convierta en una crisis humanitaria.
¿Se repetirán estos extremos en los próximos años?
El récord de 38°C en Durango no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia que los climatólogos llevan años documentando. Según el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), las olas de calor extremas en el norte de México han aumentado un 30% en frecuencia desde la década de 1990, con proyecciones que indican un empeoramiento progresivo. Los modelos climáticos regionalizados para la zona centro-norte del país anticipan que, para 2030, las temperaturas máximas en mayo podrían superar los 40°C en al menos tres de cada cinco años.
La combinación de factores geográficos y antropogénicos agrava el escenario. Durango, ubicada en una región semiárida con alta radiación solar, sufre ahora los efectos acumulativos de la deforestación en la Sierra Madre Occidental y la expansión urbana descontrolada. Esto reduce la capacidad de regulación térmica natural del territorio.
Expertos en meteorología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que el patrón de calor temprano —como el registrado este mayo— se volverá recurrente. La persistencia de sistemas de alta presión sobre el norte del país, junto con el debilamiento de los vientos en capas medias de la atmósfera, crea condiciones ideales para que las masas de aire cálido se estanquen por días. El fenómeno, antes excepcional, ya forma parte de los pronósticos estacionales.
Las consecuencias no se limitan a lo ambiental. Sectores como la agricultura —clave en la economía duranguense— enfrentan pérdidas de hasta el 15% en cultivos de temporal por estrés hídrico y térmico, según datos de la Secretaría de Agricultura. Mientras, las autoridades estatales evalúan protocolos de emergencia para proteger a grupos vulnerables, aunque la adaptación requiere inversiones en infraestructura que aún no se concretan.
Lo cierto es que Durango ya no mide sus récords en décadas, sino en meses. El umbral de los 38°C, roto en mayo de 2024, podría ser solo un adelanto de lo que vendrá.
El termómetro en Durango no solo marcó 38 grados este mayo, sino que reescribió un capítulo del clima local al pulverizar un récord que llevaba décadas intacto, una señal contundente de que el calor extremo ya no es excepción, sino tendencia. La ola que azotó la región—con noches tropicales incluidas—deja claro que los sistemas de alerta temprana y la adaptación urbana deben acelerarse, porque el mercurio sigue en ascenso y los récordes, en jaque.
Ante esto, las autoridades insisten en reforzar medidas básicas pero vitales: hidratación constante, evitar la exposición solar entre las 11 y las 16 horas, y priorizar espacios ventilados, especialmente para grupos vulnerables como adultos mayores y trabajadores al aire libre. El verano ni siquiera ha comenzado oficialmente, pero Durango ya ha dado un aviso que resonará en los próximos meses: el termostato del planeta sigue subiendo, y las ciudades del norte de México están en primera línea.

