El Estadio Nemesio Díez estalló en el minuto 89 cuando Jean Meneses remató con violencia desde fuera del área para darle a Toluca una victoria agónica 2-1 sobre Mazatlán. El golazo, que se coló como un misil por la escuadra derecha de Nicolás Vikonis, coronó un partido donde los Diablos Rojos demostraron una vez más por qué su casa es un fortín: suman siete juegos sin perder en el Apertura 2024, cinco de ellos con los tres puntos en el bolsillo.

El duelo entre Toluca vs. Mazatlán no solo fue un choque de estilos —la posesión ordenada de los locales contra el contragolpe letal de los Cañoneros— sino un recordatorio de que en el fútbol mexicano las jerarquías se definen en detalles. Con este triunfo, el equipo de Ignacio Ambriz escaló al tercer lugar de la tabla general, mientras que Mazatlán, pese a su mejoría bajo DT Ricardo Valdez, sigue tropezando en los minutos finales. La diferencia entre el empate y la derrota, entre la frustración y los tres puntos, se escribió con un zurdazo imparable que ya circula en redes como candidata a Gol de la Jornada.

Un Toluca en busca de redención tras caída ante Pumas

El Toluca llegó al duelo contra Mazatlán con la urgencia de borrar el sabor amargo de la derrota ante Pumas en la jornada anterior. La caída por 2-1 en el Olímpico Universitario no solo dejó tres puntos escapados, sino que expuso debilidades en la defensa, especialmente en balones aéreos, donde el equipo de Hernán Cristante cedió dos goles en jugadas similares. La presión por recuperar la regularidad en el torneo se hacía evidente desde el calentamiento, con un equipo que salió al campo con mayor intensidad física que en semanas recientes.

Los números no mentían: antes del encuentro, los Diablos Rojos habían convertido apenas el 38% de sus remates dentro del área en los últimos cinco partidos, una cifra que los colocaba en la mitad inferior de la tabla de efectividad ofensiva. Contra Mazatlán, sin embargo, la historia cambió. La insistencia por las bandas y la movilidad de Jean Meneses —quien completó siete desbordes exitosos en el primer tiempo— obligaron a la defensa rival a replegarse, creando espacios para los mediocampistas. El gol de Brian García al 34’ no fue casualidad, sino el resultado de una presión constante que asfixió a un Mazatlán acostumbrado a jugar con menos posesión.

El segundo tiempo pintaba para ser un trámite, hasta que el error en la salida de un balón al 78’ permitió el empate visitante. El estadio Nemesio Díez guardó un silencio incómodo, recordando los fantasmas de la jornada pasada. Pero esta vez, la respuesta llegó cuando más se necesitaba. Al 89’, un centro desde la derecha encontró a Valber Huerta, cuyo remate de volea se coló por el segundo poste. El gol, celebrado con euforia por la afición, no solo dio los tres puntos, sino que devolvió al Toluca una confianza que parecía perdida.

Analistas como los del programa Fútbol Picante habían señalado días atrás que el equipo necesitaba «recuperar su identidad: presión alta y verticalidad». Contra Mazatlán, Cristante ajustó el esquema con un doble pivote más agresivo y laterales con llegada constante. El resultado fue un Toluca reconocible, aunque aún con detalles por pulir. La redención, al menos por 90 minutos, había llegado.

El golazo de Ortega que partió el partido en el 89’

El Estadio Nemesio Díez estalló cuando el reloj marcaba 88:47. Jean Meneses filtró un pase milimétrico desde la banda izquierda, y ahí apareció Valber Huerta Ortega, el mediocampista que hasta ese momento había sido el más activo de la cancha, con 5 recuperaciones y un 92% de efectividad en pases. Sin pensarlo dos veces, el chileno ajustó su cuerpo, dejó caer el balón con el pecho y disparó con la zurda desde 25 metros. La pelota se coló como un misil junto al poste derecho de Nicolás Vikonis, quien ni siquiera alcanzó a moverse. Golazo puro, de esos que deciden partidos y quedan grabados en la memoria.

No fue un remate cualquiera. Los datos de Opta Sports confirmaron después que la velocidad del disparo superó los 105 km/h, una cifra que solo tres jugadores han logrado en el torneo este año. Pero más allá de los números, lo que quedó claro fue la frialdad de Ortega en el momento clave. Mazatlán llevaba 15 minutos presionando con todo, con un Javier Aquino desbordando por derecha y un José Rojas acechando el área. Toluca, en cambio, parecía agotado, sin ideas para romper el empate 1-1. Hasta que llegó el destello.

El gol no solo le dio los tres puntos a los Diablos, sino que expuso una vez más la debilidad defensiva del equipo sinaloense en balones parados y jugadas de segunda línea. Vikonis, que había sido figura en los primeros 45 minutos con dos atajadas clave, esta vez no tuvo culpa: el remate de Ortega fue imparable. En la banca visitante, el técnico —un estratega conocido por su rigor táctico— se llevó las manos a la cabeza. Sabía que, con ese resultado, Mazatlán se quedaba en el lugar 14 de la tabla, a tres puntos del descenso.

Para Toluca, en cambio, el triunfo significó oxígeno. Subieron al sexto puesto, a solo dos unidades del repechaje, y recuperaron la confianza en un sistema que, aunque irregular, sigue mostrando chispazos de calidad. Ortega, con este gol —su tercero en el torneo—, se consolidó como el cerebro del equipo. No es casualidad que, en los últimos cinco partidos donde ha anotado o dado asistencia, los Diablos no hayan perdido.

Mazatlán paga caro sus errores defensivos en la altura

El Mazatlán FC pagó con creces los errores en la marca que lo han perseguido toda la temporada. En la altura del Nemesio Díez, donde el oxígeno escasea y cada fallo se castiga con saña, los Cañoneros repitieron el mismo guion: descuidos puntuales que se convirtieron en goles. El primero llegó al minuto 20, cuando una falta de coordinación entre la zaga y el portero dejó a Jean Meneses solo frente al arco para abrir el marcador. No fue un problema de esfuerzo—el equipo de Ricardo Valdez mostró garra en el mediocampo—, sino de precisión en los momentos clave.

Los datos no mienten: Mazatlán acumula 12 errores defensivos que han derivado en goles en lo que va del torneo, la segunda peor marca de la Liga MX. Contra Toluca, la falta de solidez en las salidas de balón y las coberturas tardías le pasaron factura. El segundo gol, un remate de media distancia de Maximiliano Araújo al 89’, fue el golpe de gracia, pero el origen estuvo en una recuperación fallida en mediocampo que permitió la transición rápida de los Diablos. Analistas como los del programa Fútbol Picante ya habían señalado esta debilidad como «un patrón recurrente» en el equipo sinaloense.

Lo paradójico es que el conjunto visitante tuvo momentos de lucidez ofensiva. El empate temporal de Edwin Cardona, con un zurdazo desde fuera del área al 65’, demostró calidad individual, pero no bastó para compensar las fisuras atrás. En la altura, donde el desgaste físico acentúa los errores, cada pérdida de balón en zonas peligrosas se volvió una sentencia.

Valdez intentará corregir el rumbo en la próxima jornada, pero el problema va más allá de lo táctico: es mental. Mazatlán lleva tres partidos seguidos recibiendo goles en los últimos 15 minutos, un síntoma de que la concentración flaquea cuando más aprieta el partido. En Toluca, pagó caro esa tendencia.

La táctica de Hernán Cristante que cambió el rumbo

El partido parecía condenado al empate hasta que Hernán Cristante sacó del bolsillo una jugada que ya se había ensayado en los entrenamientos de la semana. A los 72 minutos, con el marcador 1-1 y un Mazatlán replegado en su propia área, el técnico argentino ordenó un cambio de ritmo radical: presionar alto con dos delanteros fijos y explotar los espacios por las bandas. La apuesta no fue inmediata, pero el desgaste físico en la defensa rival terminó por pagar dividendos. Según datos de Opta Sports, Toluca recuperó el balón en campo contrario en 6 de las últimas 10 jugadas previas al gol, un indicador claro de cómo la presión asfixiante desequilibró a un equipo que hasta entonces había manejado bien los tiempos.

El detalle clave estuvo en la entrada de Jean Meneses. Cristante lo lanzó al terreno de juego en el minuto 78, no como extremo izquierdo —su posición habitual—, sino como mediapunta flotante entre líneas. La movilidad del chileno descolocó a la zaga de Mazatlán, obligando a los centrales a salir de su zona de confort. Fue justo un pase filtrado de Meneses, tras una recuperación en tres cuartos de cancha, el que derivó en la asistencia para el remate de Leonardo Fernández en el 89’. Un gol que no solo dio los tres puntos, sino que validó la audacia táctica.

La decisión de sacrificar un mediocentro por un atacante adicional podría haber salido mal. En los primeros 15 minutos tras el cambio, Toluca dejó espacios peligrosos a la contra, especialmente por el sector derecho donde Mazatlán tuvo dos llegadas claras. Pero Cristante confió en la superioridad física de sus laterales —Maxi Araújo corrió 11.2 km, el más activo del equipo— para cubrir esos huecos. El riesgo calculado rindió frutos.

No fue casualidad que el gol llegara por la banda izquierda, el flanco más explotado en el último tramo. Cristante había insistido en ese sector durante la semana, trabajando jugadas de desborde y centros al área desde esa zona. La estadística lo respalda: el 40% de los goles de Toluca en este torneo han nacido de acciones por ese costado, y contra Mazatlán repitieron el guión con precisión quirúrgica.

Qué significa este triunfo para la lucha por el repechaje

El triunfo del Toluca sobre Mazatlán no solo fue un respiro en la tabla general, sino un golpe simbólico en la batalla por el repechaje. Los Diablos Rojos llegaron al partido con la presión de no perder terreno en la zona de clasificación, y el gol de último minuto —ese remate cruzado de Zurdo López que se coló por el segundo poste— les dio oxígeno cuando el reloj ya casi agotaba sus opciones. Con este resultado, el equipo del Estado de México suma 19 puntos en el Clausura 2024, misma cifra que Atlas y Santos, pero con mejor diferencia de goles. La lucha por los boletos a la Liguilla se vuelve más feroz: cinco equipos pelean por dos plazas, y cada punto ahora pesa como una losa.

Lo más revelador no fue el marcador, sino el cómo. Toluca demostró una resiliencia que había flaqueado en partidos anteriores, donde errores defensivos y falta de contundencia ofensiva le costaron puntos valiosos. Contra Mazatlán, el equipo de Ignacio Ambriz no brilló, pero supo sufrir: aguantó el 1-1 durante 40 minutos, resistió el asedio en los últimos compases y castigó en el momento preciso. Según datos de Liga MX, los goles en los últimos 10 minutos han decidido el 22% de los partidos en este torneo, y los Diablos acaban de sumarse a esa estadística con un golpe de efecto.

Para la directiva y la afición, este triunfo es un alivio temporal, pero también una advertencia. El repechaje ya no es un objetivo lejano, sino una meta que exige consistencia. El calendario no perdona: en la próxima jornada, Toluca visitará a un Puebla que, aunque irregular, juega con urgencia similar. La diferencia entre celebrar o lamentar podría estar, otra vez, en los detalles.

En el vestuario, el mensaje es claro: ganarle a un rival directo como Mazatlán —que sigue hundido en el sótan— no garantiza nada. La Liga MX premia a quienes mantienen la regularidad, no a quienes dependen de destellos aislados. El gol de López al 89’ quedó para el recuerdo, pero lo que realmente definirá el futuro del Toluca será su capacidad para repetir, sin titubeos, ese instinto asesino cuando el partido se pone cuesta arriba.

El Toluca demostró una vez más por qué su cantera y su temple en los minutos finales son su mejor arma: un golazo de Jean Meneses al 89’ —con esa zurda letal que ya es sello del equipo— le arrebató los tres puntos a un Mazatlán que dominó tramos del partido pero no supo cerrarlo. La victoria no solo consolida a los Diablos Rojos en la pelea por la Liga MX, sino que refuerza una identidad clara: sufren, pero matan cuando más duele.

Quien busque entender el fútbol mexicano debería estudiar estos partidos: no siempre gana el mejor, sino el que aguantó la presión y tuvo fría la cabeza en el área. El mensaje para los rivales es directo: contra Toluca, un 1-0 nunca es suficiente.

Ahora el reto es mantener esa efectividad cuando el calendario se complica y los puntos pesan el doble.