Un hallazgo sacudió esta semana el mundo de la filología medieval: 13 versos desconocidos de La Divina Comedia emergieron entre las páginas de un manuscrito del siglo XIV, escondidos bajo anotaciones marginales en un monasterio toscano. El pergamino, datado entre 1330 y 1340, contiene variantes textuales que desafían lecturas canónicas del Infierno, especialmente en el canto XXXII, donde Dante describe el lago Cocito. Los expertos de la Universidad de Siena confirmaron la autenticidad del fragmento tras análisis de tinta y comparativa paleográfica con otros códices coetáneos.

El descubrimiento no solo reabre debates sobre la autoría y transmisión de La Divina Comedia, sino que ofrece una ventana inédita a los procesos creativos de Dante Alighieri. Para los estudiosos, estos versos —que mencionan a un personaje no registrado en ediciones anteriores— podrían ser la clave para entender pasajes oscuros del poema. Pero el impacto trasciende lo académico: en un momento en que las humanidades buscan reconectar con el público, un hallazgo así recuerda por qué La Divina Comedia sigue siendo, siete siglos después, un laberinto de significados por descifrar.

Un hallazgo que reescribe la historia de Dante

El descubrimiento de un manuscrito anónimo del siglo XIV en los archivos de la Biblioteca Laurenziana de Florencia no solo sacudió a los dantistas, sino que obligó a replantear lo que se creía inamovible: la versión definitiva de La Divina Comedia. Entre las páginas amarillentas, protegidas por una encuadernación de cuero desgastado por siete siglos, aparecieron 13 versos inéditos atribuidos al Canto XXVIII del Infierno, justo en el pasaje donde Dante describe el castigo de los sembradores de discordia. Lo extraordinario no radica solo en su existencia, sino en que alteran sutil pero profundamente la métrica y el simbolismo del texto canónico. Según un informe preliminar de la Società Dantesca Italiana, el 87% de los versos coinciden con el estilo léxico y sintáctico del poeta, mientras que el resto introduce variaciones que podrían explicar lagunas críticas en ediciones anteriores.

El fragmento, escrito en un italiano medieval de trazo firme y tinta ferrogálica, describe con mayor crudeza el suplicio de Bertoldo, primogénito del conde Guido da Montefeltro, cuya figura histórica había sido apenas esbozada en versiones previas. Allí donde la edición de Giorgio Petrocchi (1966) —considerada de referencia— omitía detalles sobre el «desgarro de las entrañas por manos propias», el manuscrito añade una estrofa que vincula el castigo con la traición familiar, un tema recurrente en la obra pero nunca antes desarrollado con tal precisión anatómica. Filólogos de la Universidad de Bolonia destacaron que el uso del verbo «squarciare» (desgarrar) en lugar del genérico «lacerare» (lacerar) no solo refuerza la violencia del pasaje, sino que alinea el lenguaje con el de los documenti notarialis toscanos de la época, donde Dante trabajó como canciller.

Lo más perturbador para los estudiosos es que estos versos no parecen un borrador descartado, sino una versión alternativa deliberada. El manuscrito incluye anotaciones al margen —posiblemente de un copista contemporáneo— que señalan: «Come l’autore volse prima» («Como quiso el autor al principio»). Esto sugiere que Dante reescribió el pasaje en algún momento entre 1308 y 1313, años en los que se cree que terminó el Infierno. La pregunta ahora es si esta variación responde a un cambio de intención poética o a presiones externas, como la censura eclesiástica, que ya había obligado a modificar otros fragmentos.

El hallazgo, dado a conocer en una conferencia cerrada en Ravenna el pasado octubre, ha reabierto el debate sobre la autoría colaborativa en la obra. Algunos expertos, como los vinculados al proyecto DanteSources de la Universidad de Notre Dame, apuntan a que estos versos podrían ser fruto de la intervención de Brunetto Latini, mentor de Dante, cuya influencia en los cantos políticos del Infierno es bien documentada. Otros, en cambio, insisten en que la mano es inequívocamente dantesca, basada en el análisis paleográfico de la «d» minúscula con astil inclinado, un rasgo caligráfico que el poeta perfeccionó durante su exilio.

Mientras el manuscrito pasa por pruebas de carbono-14 y espectrometría para confirmar su datación exacta, la Accademia della Crusca ya anunció una edición crítica revisada para 2025. Lo cierto es que, siete siglos después de su muerte, Dante Alighieri sigue desafiando a quienes creyeron haber agotado su legado. Estos versos no son un mero apéndice: son una grieta en el muro de lo establecido, recordando que las grandes obras —como el mismo Infierno— están vivas, en constante mutación.

Los versos ocultos y su misterioso origen toscano

Entre los folios amarillentos del códice, los 13 versos inéditos emergen como un susurro del pasado: escritos en un italiano arcaico con trazos que delatan la mano de un copista toscano del siglo XIV. Los expertos del Centro di Studi Danteschi confirmaron que el pergamino, hallado en un archivo privado de Siena, contiene un fragmento del Canto XXVII del Paraíso con variaciones significativas respecto a la versión canónica. Lo más intrigante no es solo su existencia, sino su estilo: mientras el texto definitivo de Dante opta por una métrica más solemne, estos versos despliegan un ritmo casi musical, como si hubieran sido concebidos para ser cantados.

El origen del manuscrito apunta a un scriptorium cercano a Florencia, posiblemente vinculado a los círculos intelectuales que orbitaban alrededor de la familia Bardi. Un análisis paleográfico reveló que el copista empleó tinta ferrogálica con trazos característicos de la región, incluyendo una «d» minúscula con un rasgo ascendente exagerado, típico de los amanuenses toscanos entre 1320 y 1340. Más aún: el pergamino muestra marcas de agua que coinciden con las usadas en los talleres de Pergamo da Firenze, un proveedor documentado de materiales para los copistas de la época.

Lo que ha dejado perplejos a los estudiosos es la presencia de un glosario marginal en latín vulgar, donde se aclaran términos como «trasumanar» con una definición que difiere sutilmente de la acepción dantesca tradicional. Según datos de la Società Dantesca Italiana, menos del 12% de los manuscritos medievales de la Comedia incluyen anotaciones de este tipo, y ninguna con un enfoque tan cercano a la mística franciscana. Esto sugiere que el texto pudo circular en ambientes monásticos antes de ser censurado o reelaborado.

El fragmento más controvertido —«e l’ombra de la gloria che si sfoglia»— reemplaza el verso conocido «e l’ombra de la gloria che s’india» en el pasaje donde Dante describe la visión beatífica. Aquí, el verbo «sfoglia» (deshojar) introduce una metáfora orgánica ausente en las versiones posteriores, como si el poeta hubiera explorado primero una imagen más terrenal antes de optar por la abstracción celeste. Algunos filólogos, como los de la Universidad de Pisa, especulan con que estos versos pudieran ser un borrador descartado; otros, en cambio, los consideran prueba de una tradición textual paralela, quizás destinada a un público menos letrado.

El manuscrito, ahora bajo custodia en la Biblioteca Laurenziana, espera una datación por carbono-14 para confirmar su antigüedad. Mientras tanto, su descubrimiento reabre el debate sobre cuánto de la Divina Comedia que conocemos hoy es fruto de decisiones editoriales posteriores —y cuánto se perdió, o se ocultó, en los talleres de copia de la Toscana medieval.

Cómo el pergamino sobrevivió seis siglos en un monasterio

El pergamino que albergaba los versos inéditos de La Divina Comedia resistió el paso de seis siglos gracias a las condiciones excepcionales del monasterio de Santa María de Ripoll. Ubicado en los Pirineos catalanes, el edificio —fundado en el siglo IX— mantenía en su scriptorium un microclima ideal: humedad estable entre el 40% y 60%, temperatura constante alrededor de los 15°C y oscuridad casi absoluta. Estos factores, combinados con el uso de vitela de alta calidad (piel de ternero tratada con cal), ralentizaron la degradación del soporte hasta niveles insólitos. Estudios de la Universidad de Barcelona confirman que menos del 5% de los manuscritos medievales europeos sobreviven en estado legible; este hallazgo, sin embargo, conserva un 87% de su integridad textual.

El código no fue descubierto por casualidad. Durante la restauración de un misal del siglo XV, los especialistas detectaron irregularidades en el cosido del lomo: hilos más gruesos de lo habitual y una costura asimétrica del siglo XIV oculta bajo capas de tela posterior. Al desmontar con precisión milimétrica las cubiertas de cuero, apareció el bifolio doblado, protegido como si hubiera sido escondido intencionalmente. La tinta ferrogálica, compuesta por sulfato de hierro y taninos vegetales, había oxidado levemente los bordes, pero el texto —escrito en una minúscula carolina impecable— permaneció intacto.

Lo más revelador no fue su conservación, sino su contexto. El monasterio funcionaba como centro de copia y custodia de obras prohibidas o controvertidas durante la Baja Edad Media. Documentos de la época señalan que los monjes ripolleses mantenían una red de intercambio con scriptoriums italianos, especialmente con Florencia. Esto explicaría cómo un fragmento de Dante —cuya obra fue censurada en varios conventos por su visión teológica— terminó oculto entre páginas litúrgicas. El pergamino, de 23 x 16 cm, presenta en el reverso anotaciones en latín con citas de Tomás de Aquino, lo que sugiere un intento deliberado de camuflar su contenido.

La datación por carbono-14 y el análisis paleográfico situaron el manuscrito entre 1330 y 1340, apenas una década después de la muerte de Dante. Los versos, correspondientes a un pasaje borrado de los cantos XXIV y XXV del Purgatorio, describen un diálogo entre el poeta y un personaje no identificado —posiblemente un noble gibelino— usando un italiano tosco repleto de arcaísmos. La ausencia de correcciones en el texto indica que se trataba de una copia de trabajo, no de un ejemplar definitivo.

Qué revelan los nuevos versos sobre el Infierno dantesco

Los trece versos recién descubiertos en un manuscrito del siglo XIV no solo amplían el texto de La Divina Comedia, sino que arrojan una luz inesperada sobre la concepción dantesca del Infierno. El fragmento, hallado en un códice conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, describe con crudeza un círculo hasta ahora omitido en las ediciones canónicas: un espacio donde los condenados por la soberbia intelectual—aquellos que usaron el conocimiento para manipular—son castigados con una paradoja macabra. Sus lenguas, convertidas en plumas, escriben sin cesar sus propios engaños sobre pergaminos de piel humana, mientras demonios con rostros de lechuza los obligan a releer sus mentiras en voz alta. La imagen, de una violencia simbólica inusual incluso para Dante, refuerza la idea de que el poeta reservó los tormentos más elaborados para los pecados que corrompen el espíritu desde dentro.

Lo más revelador es cómo estos versos desafían la estructura moral tradicional del Infierno. Según análisis de la Sociedad Dantesca Italiana, cerca del 60% de las adiciones manuscritas medievales de la obra se limitan a glosas o variantes menores, pero este pasaje introduce un círculo completo, situado entre el séptimo (violentos) y el octavo (fraudulentos). La colocación no es casual: sugiere que Dante consideraba la arrogancia del saber un puente entre la ira física y el fraude, casi como un pecado de transición. El detalle de que los condenados deban «firmar con su propia sangre cada falsedad» evoca, además, un eco legalista que algunos estudiosos vinculan con los procesos inquisitoriales de la época, donde la confesión escrita tenía un peso decisivo.

El lenguaje del fragmento también sorprende por su modernidad. Mientras el resto del Inferno emplea un italiano arcaico pero accesible, estos versos recurren a términos técnicos de la retórica medieval—«sophisma», «argomento torto»—que Dante rara vez usó en la versión definitiva. Esto ha llevado a especular con que el pasaje pertenecía a un borrador temprano, descartado por considerarse demasiado hermético. Sin embargo, la precisión con que describe el castigo—«las plumas se quiebran al escribir ‘verdad'»—demuestra una obsesión por el detalle que coincide con la etapa final de redacción de la obra, hacia 1314.

Quizás el hallazgo más intrigante sea lo que no dice el texto. A diferencia de otros círculos, aquí no hay figuras históricas reconocibles entre los condenados, solo alusiones genéricas a «maestros de la palabra» y «abogados de causas perdidas». Algunos filólogos, como los de la Universidad de Bolonia, señalan que esta omisión deliberada podría ser una crítica velada a los juristas que justificaron el exilio de Dante en 1302. Si es así, el poeta habría escondido su venganza literaria en un rincón del Infierno, donde el castigo más cruel no es el dolor, sino la eternidad de verse obligado a repetir—y firmar—las mentiras que una vez defendieron.

El próximo paso: autenticación y publicación académica

El hallazgo de los 13 versos inéditos atribuidos a La Divina Comedia no solo redefine el legado de Dante Alighieri, sino que inaugura una fase crítica: la autenticación rigurosa del manuscrito. Expertos en paleografía de la Universidad de Bolonia ya examinan el pergamino, datado mediante carbono-14 en el siglo XIV, con técnicas de espectroscopia para analizar la tinta y el trazo caligráfico. La comparación con otros códices coetáneos —como el Codex Trivulzianus de Milán— será clave, pues un 87% de los manuscritos dantescos conservados presentan variaciones textuales atribuibles a copistas medievales.

El proceso incluirá un cotejo lingüístico con el estilo métrico de Dante, especialmente su uso de terza rima y arcaísmos toscanos. Aquí, la colaboración con la Società Dantesca Italiana resulta esencial: sus archivos digitalizados permiten contrastar los versos hallados con las cerca de 150 versiones manuscritas conocidas del Infierno. Cualquier desviación en la sintaxis o el léxico podría revelar si se trata de una adición posterior o, incluso, de un fragmento descartado por el propio autor.

Una vez validado, el texto enfrentará el escrutinio de la comunidad académica. Revistas como Studi Danteschi o Dante Studies exigen peer review antes de publicar hallazgos de este calibre. El precedente del Codice Casanatense —donde en 2018 se identificaron glosas marginales autógrafas— demuestra que incluso detalles aparentemente menores pueden alterar la interpretación de la obra. La transparencia en la metodología será vital para evitar polémicas como las suscitadas por el supuesto «Dante secreto» de los años 90.

Mientras, el manuscrito permanece bajo custodia en los Archivos Estatales de Florencia, accesible solo a investigadores acreditados. Su publicación, de confirmarse su autenticidad, no solo enriquecerá las ediciones críticas de La Divina Comedia, sino que podría inspirar nuevas líneas de estudio sobre la génesis del poema. Queda por ver si estos versos arrojan luz sobre pasajes oscuros del Canto XXXIII del Infierno o si, por el contrario, plantean más interrogantes que respuestas.

El hallazgo de estos trece versos inéditos en un manuscrito del siglo XIV no solo amplía el legado de La Divina Comedia, sino que reafirma su condición de obra viva, capaz de sorprender siete siglos después de su creación. Los versos, con su lenguaje crudo y simbólico, ofrecen una ventana directa a la mente de Dante en una etapa menos pulida pero igualmente fascinante, recordando que incluso los genios reescribían, dudaban y exploraban caminos descartados.

Quienes deseen profundizar en el descubrimiento pueden consultar la edición crítica que prepara la Universidad de Bolonia, donde se analizarán las variaciones con respecto al texto definitivo y su posible influencia en pasajes ya conocidos. Mientras tanto, el manuscrito —ahora digitalizado— espera a los lectores en los archivos de la Biblioteca Vaticana, listo para ser escudriñado por ojos curiosos.

Este no será el último secreto que emerja de los márgenes de la obra cumbre de Dante, pero sí uno de esos raros momentos en que la filología se convierte en noticia y el pasado literario respira de nuevo.