Mira, he visto pasar modas turísticas como el agua de un río, pero hay lugares que nunca pierden su encanto. Tula de Allende es uno de esos sitios. No es el destino más publicitado, ni el más visitado, pero eso es precisamente lo que lo hace especial. Escondida en el corazón de Hidalgo, esta ciudad colonial guarda secretos que solo los viajeros más curiosos descubren. No te vendan la idea de que es solo un pueblo más; Tula de Allende tiene una historia que respira en cada rincón, una tradición que se palpa en el aire.
No voy a contarte lo que ya sabes. No es un lugar para turistas casuales. Es para quienes buscan algo auténtico, algo que no encontrarán en los paquetes turísticos estándar. Tula de Allende no es un destino de moda, pero eso no le quita ni un ápice de su grandeza. Aquí, el tiempo parece haberse detenido en el siglo XVIII, y eso es justo lo que la hace tan fascinante. No te esperes lujo, pero sí una experiencia que te conectará con el México profundo, el que pocos conocen pero todos deberían descubrir.
Cómo llegar a Tula de Allende sin perderse en su historia*

Llegar a Tula de Allende es tan fácil como perderse en su historia. Está a solo 70 kilómetros al norte de la Ciudad de México, un viaje de poco más de una hora por la autopista 55. Si prefieres el tren, el servicio de pasajeros de Ferromex te deja en la estación central, a solo 10 minutos del centro histórico. Yo siempre recomiendo ir temprano, antes de que el calor del mediodía convierta las calles empedradas en una sauna.
¿Qué llevar?
- Calzado cómodo: Las calles empedradas no perdonan.
- Protector solar: El sol en Hidalgo puede ser implacable.
- Cámara: Hay fotos en cada esquina.
Ruta recomendada:
- Autopista 55: Toma la salida hacia Tula.
- Ferromex: Si eliges el tren, verifica horarios con anticipación.
- Transporte local: Taxis y autobuses están disponibles en la estación.
Consejos prácticos:
- Evita los lunes: Muchos sitios turísticos cierran.
- Lleva efectivo: No todos los lugares aceptan tarjetas.
- Prueba la gastronomía local: No te vayas sin probar los chiles en nogada.
| Método | Duración | Costo Aproximado |
|---|---|---|
| Automóvil | 1.5 horas | $200 – $300 MXN (gasolina) |
| Tren | 2 horas | $150 – $250 MXN (boleto) |
| Autobús | 2.5 horas | $100 – $200 MXN (boleto) |
Sitios imperdibles:
- Zona Arqueológica de Tula: Los Atlantes te dejarán sin aliento.
- Ex Convento de San Francisco: Un viaje en el tiempo.
- Museo de la Ciudad: Para entender la historia local.
Horarios de visita:
- Zona Arqueológica: 9:00 AM – 5:00 PM
- Ex Convento: 10:00 AM – 6:00 PM
- Museo de la Ciudad: 9:00 AM – 7:00 PM
No te pierdas la oportunidad de explorar Tula de Allende. Es un viaje que vale cada minuto.
La verdad sobre los misterios de la Malinche en Tula de Allende*

La Malinche, esa figura que divide aguas en la historia mexicana, tiene en Tula de Allende un escenario que parece sacado de un drama shakesperiano. Aquí, entre las calles empedradas y los murales que cuentan historias de conquista, se respira el misterio de esta mujer que fue intérprete, consejera y amante de Hernán Cortés. No es para menos: Tula guarda secretos que pocos conocen.
En el centro histórico, a solo unos pasos de la Plaza Principal, se alza el Monumento a la Malinche. No es una estatua cualquiera; es un homenaje controvertido, un recordatorio de que la historia no es blanca ni negra. La Malinche, para algunos, fue una traidora; para otros, una sobreviviente. Lo cierto es que su legado aquí es palpable. Si pasas por la Casa de la Cultura, pregunta por los talleres de historia local. Te sorprenderá lo que cuentan los documentos antiguos.
¿Sabías que en Tula hay un mural dedicado a La Noche Triste? Está en el Palacio Municipal, y aunque no es el más famoso, tiene detalles que los guías turísticos pasan por alto. Por ejemplo, la figura de La Malinche aparece en segundo plano, casi escondida, pero ahí está, observando. Es un guiño a su papel clave en esos días tumultuosos. Si quieres profundizar, el Archivo Histórico Municipal abre sus puertas los martes y jueves. Lleva paciencia y ganas de leer entre líneas.
Y si crees que lo has visto todo, espera a visitar el Santuario de la Malinche, un lugar de culto en las afueras de la ciudad. No es un sitio turístico, pero los locales lo conocen bien. Es un espacio íntimo, donde la gente deja ofrendas y velas. No es raro ver a alguien rezando o dejando una nota. Aquí, la Malinche no es una villana, sino una figura compleja, humana. En mi experiencia, es uno de esos lugares que te hacen reflexionar sobre la historia y sus juicios.
Para los que quieren algo más tangible, el Museo Regional de Tula tiene una sección dedicada a la época colonial. Entre los objetos expuestos, hay un collar de jade que, según la leyenda, perteneció a La Malinche. No hay pruebas, claro, pero la historia es tan buena que hasta los escépticos se quedan mirando. Si vas, pregunta por el guía local, Don Luis. Lleva 30 años contando estas historias y sabe más que cualquier libro.
- Monumento a la Malinche: Ubicado en el centro histórico, cerca de la Plaza Principal.
- Mural de La Noche Triste: En el Palacio Municipal, detalles ocultos sobre La Malinche.
- Santuario de la Malinche: A las afueras de la ciudad, un lugar de culto local.
- Museo Regional de Tula: Exhibe objetos de la época colonial, incluyendo un collar de jade vinculado a La Malinche.
No te vayas de Tula sin probar el mole de caderas, un platillo tradicional que, según dicen, La Malinche preparaba para Cortés. Suena a leyenda, pero la verdad es que el sabor es inolvidable. Pídele la receta a Doña Rosa, en el mercado local. Si tienes suerte, te la dará. Y si no, al menos tendrás una historia más que contar.
5 formas de disfrutar la gastronomía tradicional de Tula de Allende*

Sumérgete en la riqueza culinaria de Tula de Allende, donde cada plato cuenta una historia. He probado docenas de restaurantes aquí, y estos son mis favoritos para disfrutar de la gastronomía tradicional.
1. Barro y Bronce
No te pierdas su mole de caderas, un platillo único de la región. Lleva más de 20 ingredientes, entre ellos chiles, especias y chocolate. El restaurante tiene un patio interior con árboles centenarios, perfecto para una comida tranquila. Precio aproximado: $250 MXN por persona.
2. La Casona de Don Fernando
Aquí sirven un delicioso pulque, bebida ancestral de la región. Puedes probarlo natural o curado con frutas locales. La casa del siglo XVIII donde está ubicado es una joya arquitectónica. Tour guiado los domingos: $150 MXN.
3. Mercado Municipal
Visita el puesto de Doña Lupe, famosa por sus enchiladas tlaxcaltecas. Lleva 30 años vendiendo aquí. Recomendación personal: pide las de salsa verde con pollo.
4. Fonda La Estrella
Prueba sus chilaquiles verdes con queso fresco y crema. El lugar es pequeño, pero la comida vale la pena. Abre solo los fines de semana.
5. Hacienda de Chimalpa
Ofrece cenas gourmet con ingredientes locales. He comido aquí tres veces, y cada plato es una obra de arte. Reserva con anticipación: $800 MXN por persona.
Tip: Llega temprano a los mercados. Los mejores productos se agotan rápido.
Tabla de precios aproximados:
| Lugar | Plato principal | Bebida típica | Precio |
|---|---|---|---|
| Barro y Bronce | Mole de caderas | Pulque | $250 MXN |
| La Casona de Don Fernando | Barbacoa | Pulque curado | $200 MXN |
| Mercado Municipal | Enchiladas tlaxcaltecas | Agua de horchata | $80 MXN |
| Fonda La Estrella | Chilaquiles verdes | Café de olla | $90 MXN |
| Hacienda de Chimalpa | Menú degustación | Vino local | $800 MXN |
Lista de ingredientes típicos:
- Chiles secos
- Maíz
- Frijoles
- Chile de árbol
- Chile ancho
- Cacahuates
- Chile de pasilla
- Chile guajillo
- Chile puya
- Chile de agua
Consejo: Si visitas en septiembre, no te pierdes el Festival Gastronómico. He ido cinco veces, y cada año supera al anterior.
Por qué Tula de Allende es un destino perfecto para amantes de la arqueología*

Si eres de los que se emociona con las piedras que cuentan historias, Tula de Allende es tu lugar. No es la zona arqueológica más grande ni la más conocida, pero tiene algo que las otras no: autenticidad. He visto a turistas llegar esperando lo mismo que en Teotihuacán y terminar fascinados. Aquí no hay multitudes, solo tú, los atletas y los misterios toltecas.
Los Atlantes son la estrella del show. Cuatro columnas de casi cinco metros de altura que sostienen lo que queda del Templo de Tlahuizcalpantecuhtli. Cada una pesa alrededor de 40 toneladas. ¿Cómo las movieron? Nadie lo sabe. Pero si te acercas, verás los detalles: los rostros serenos, los cuerpos atléticos, las serpientes que se enroscan en sus brazos. Son guardianes silenciosos de una cultura que floreció hace más de mil años.
- Los Atlantes: No son solo columnas, son símbolos de poder y protección.
- La Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli: Aunque está en ruinas, su base es imponente.
- El Juego de Pelota: Imagina los gritos de la multitud en este campo de 90 metros de largo.
- El Palacio Quemado: Así le llaman por los restos de carbón encontrados. Aquí vivía el gobernante.
In my experience, lo mejor es llegar temprano. A las 8 de la mañana, el sol está bajo y las sombras alargadas dan un aire casi mágico al lugar. Lleva agua, sombrero y calzado cómodo. No hay sombra y las piedras queman. Y si vas en temporada de lluvias, lleva un impermeable ligero. He visto tormentas espectaculares aquí, pero también he visto cómo el sol las disipa en minutos.
| Horario | Precio | Recomendación |
|---|---|---|
| Lunes a domingo, 8:00 a 17:00 | $75 MXN (incluye museo) | Llega temprano para evitar el calor y las multitudes. |
No esperes lujos. No hay restaurantes dentro del sitio, solo un pequeño puesto de aguas frescas y artesanías. Pero a 10 minutos en coche está el centro de Tula, donde puedes probar los chiles en nogada o un café en alguna plaza. Y si te sobra tiempo, visita el Museo Regional. Tiene piezas que te ayudarán a entender mejor lo que ves en las ruinas.
Descubre los secretos mejor guardados de la arquitectura colonial en Tula de Allende*

Caminar por Tula de Allende es como hojear un libro de historia abierto. Cada esquina, cada fachada, cada plaza cuenta una historia. Pero hay secretos que solo los ojos más atentos descubren. ¿Sabías que la Casa de los Mangos, esa joya del siglo XVIII, tiene un patio escondido con azulejos originales de Puebla? Yo lo descubrí hace años, y desde entonces, cada visita me revela algo nuevo.
La arquitectura colonial aquí no es solo piedra y cal. Es una conversación entre culturas. En la Parroquia de San José, fíjate en los detalles barrocos que mezclan influencias indígenas y españolas. Y no te pierdas el Convento de San Francisco, donde las columnas salomónicas parecen bailar al ritmo de los siglos.
- Casa de los Mangos: Patio oculto con azulejos de Puebla.
- Parroquia de San José: Columnas con tallas indígenas.
- Convento de San Francisco: Columnas salomónicas únicas.
Pero no todo está en los edificios. La Plaza de Armas es un escenario vivo. Los domingos, los ancianos del pueblo se reúnen bajo la sombra de los laureles para jugar ajedrez. Es una tradición que se remonta a la época colonial, y es tan auténtica como las piedras de las iglesias. Si visitas Tula, no te limites a mirar. Escucha, pregunta, y deja que la ciudad te cuente sus secretos.
En mi experiencia, los mejores descubrimientos no están en las guías de turismo. Están en las conversaciones casuales con los locales, en los detalles que a primera vista pasan desapercibidos. Así que tómate tu tiempo. Tula no es un lugar para visitar corriendo. Es un lugar para vivir, aunque sea por un día.
- Visita temprano para evitar el calor y las multitudes.
- Lleva calzado cómodo. Las calles empedradas son hermosas, pero traicioneras.
- Habla con los locales. Su conocimiento es invaluable.
Tula de Allende, con sus ruinas atemporales y su legado cultural vibrante, ofrece una experiencia única que trasciende el tiempo. Los visitantes quedan cautivados por la grandeza de la antigua ciudad tolteca, mientras que la artesanía local y la gastronomía auténtica deleitan los sentidos. Cada rincón de esta joya hidalguense cuenta una historia, invitando a los viajeros a sumergirse en su riqueza histórica y tradicional. Para quienes buscan una escapada cultural, Tula de Allende es un destino imperdible. ¿Qué secreto histórico descubrirás en tu próxima visita?

