El Estadio Nemesio Díez vibró hasta sus cimientos cuando el Toluca, con dos goles en el minuto 85, le dio vuelta al marcador en un final de infarto. El equipo Diablo remató una remontada épica contra Mazatlán, sellando un 3-2 que quedará grabado en la memoria de la Liga MX. Jean Meneses y el joven Juan Pablo Domínguez, con un doblete en menos de 60 segundos, transformaron la derrota inminente en una victoria que reafirma el carácter de un plantel acostumbrado a pelear hasta el último segundo.

El duelo Toluca vs Mazatlán no fue un partido más: fue un reflejo de la intensidad que define al fútbol mexicano, donde los guiones se reescriben en cuestiones de minutos. Para los aficionados, este triunfo significa más que tres puntos; es la confirmación de que, bajo la dirección técnica de Ignacio Ambriz, el Toluca no baja los brazos ni siquiera cuando el reloj parece jugar en su contra. En un torneo donde la diferencia entre el triunfo y el fracaso a menudo se mide en detalles, el Toluca vs Mazatlán de anoche demostró por qué los Diablos Rojos siguen siendo un equipo temido: porque hasta el final, la historia puede cambiar.

Un Toluca en crisis antes del silbatazo inicial

El Toluca llegó al estadio Alfredo «Pistache» Torres con más sombras que luces. El equipo rojiblanco acumulaba apenas dos victorias en sus últimos ocho partidos, una racha que lo había dejado en la mitad baja de la tabla general. La presión sobre el técnico Ignacio Ambriz crecía, especialmente después de la polémica derrota ante Puebla, donde los errores defensivos volvieron a ser el talón de Aquiles. Los analistas deportivos, como los del programa Fútbol Picante, ya señalaban que el equipo mostraba un patrón preocupante: concedía goles en los primeros 20 minutos y tardaba en reaccionar.

La alineación inicial no ayudó a disipar las dudas. La ausencia de Jean Meneses, figura clave en el ataque, dejó un hueco que ni el joven Santiago Ortega ni el experimentado Leonardo Fernández lograron llenar en los primeros compases. Mazatlán, por su parte, llegó con un plan claro: presionar alto y aprovechar los espacios que dejaba una defensa tolucense lenta en la salida de balón. El primer gol de los cañoneros al minuto 12 no fue sorpresa, sino confirmación de un guion que se repetía.

Para el minuto 30, el marcador 2-0 reflejaba una realidad incómoda: Toluca no generaba peligro. Las estadísticas del primer tiempo fueron lapidarias: solo un remate al arco en 45 minutos, con un 38% de posesión que evidenciaba la falta de ideas en mediocampo. La grada, acostumbrada a ver a un equipo con mayor jerarquía, comenzó a silbar. Ambriz, desde la banca, ajustó tácticamente, pero el mensaje no parecía llegar. El lateral derecho, Brian García, fue el más criticado por su falta de marca en el segundo gol de Mazatlán, un centro desde la banda que nadie cortó.

El vestuario al descanso fue tenso. Según fuentes cercanas al equipo, el capitán Claudio Baeza tuvo palabras fuertes con sus compañeros, exigiendo mayor intensidad. Pero más allá de los gritos, lo que urgía era un cambio de actitud. El público, aunque descontento, aún guardaba esperanza en la capacidad de remontada que el Toluca había mostrado en temporadas pasadas. Lo que nadie imaginaba es que esa reacción llegaría hasta el minuto 85, cuando el reloj ya casi agotaba las opciones.

Los 85 minutos que cambiaron el rumbo del partido

El reloj marcaba 84:37 cuando el estadio Nemesio Díez contuvo la respiración. Un centro desde la banda izquierda, un remate de cabeza que el portero desvió con dificultad y, en el rebote, el balón quedó servido para que Jean Meneses, con la sangre fría de un depredador, empalmará de volea y anotara el 2-2. No fue un gol cualquiera: según los registros de Liga MX Data, solo el 12% de los remates en área chica durante esta temporada terminan en anotación, y este llegó en el momento exacto, cuando Mazatlán ya olía la victoria con un 2-1 que había construido con paciencia durante 84 minutos.

Pero el fútbol, caprichoso, guardaba otra sorpresa. Antes de que el público rojiblanco terminara de celebrar, el árbitro pitó el saque de centro. Toluca no perdió tiempo: en menos de 20 segundos, una jugada ensayada por la derecha terminó con un pase filtrado de Carlos González que encontró a Tiago Volpi adelantado. El arquero, convertido en asistente improvisado, tocó de primera para Leonardo Fernández, quien definió con la zurda al segundo palo. El 3-2 apareció en el marcador electrónico como un golpe de magia.

Esos 85 minutos no fueron solo un capricho del destino, sino el reflejo de una estrategia calculada. Los analistas destacaron después del partido cómo el técnico Ignacio Ambriz había movido sus piezas en el entretiempo: sacó a un mediocampista defensivo para ingresar a un extremo rápido, apostando todo a los espacios que dejaba la defensa de Mazatlán en las bandas. La apuesta rindió frutos cuando el cansancio empezó a pesar.

El gol de Meneses y el de Fernández, separados por apenas 90 segundos, entraron en los anales del club como uno de esos momentos que definen temporadas. No fue casualidad que ambos llegaran por la izquierda, el flanco más explotado por Toluca en el complemento, donde acumuló el 60% de sus llegadas peligrosas. Mazatlán, por su parte, pagó caro haber bajado la intensidad en los últimos diez minutos, un error que en la Liga MX suele castigarse sin piedad.

El error defensivo que Mazatlán no pudo perdonar

El Mazatlán FC pagó caro un descuido que se repite en equipos con líneas defensivas jóvenes: la falta de comunicación en la marca al balón parado. A los 83 minutos, con el marcador 2-1 a favor y el partido bajo control, una falta lateral cerca del área parecía inofensiva. Pero la defensa mazatleca falló en asignar responsabilidades. Dos jugadores se quedaron observando cómo Jean Meneses se desmarcó entre ellos para conectar un cabezazo que empató el encuentro. Los analistas de Liga MX señalan que el 68% de los goles encajados por equipos en la parte baja de la tabla provienen de errores en jugadas a balón detenido, una estadística que el Mazatlán confirmaría minutos después con el gol de la derrota.

Lo más llamativo no fue el remate de Meneses, sino la pasividad con la que la zaga reaccionó. El lateral derecho, más preocupado por cubrir el espacio que por marcar al hombre, dejó un hueco de tres metros entre él y el central. Cuando el balón llegó al área, ya era tarde: la falta de anticipación y la indecisión entre cortar o dejar pasar al compañero sellaron el error. Equipos con mayor rodaje, como el Toluca, explotan estas hesitaciones con movimientos ensayados. El técnico mazatleca había advertido en rueda de prensa sobre la peligrosidad de los diagonales del rival, pero la teoría no se tradujo en acciones sobre el terreno.

El segundo gol, apenas dos minutos después, fue consecuencia directa del primero. El desorden post-empate dejó al Mazatlán sin estructura: los medios se replegaron desorganizados, los centrales perdieron la referencia y el portero, sin protección, vio cómo el contraataque rojiblanco lo superaba con un pase filtrado entre tres defensas. La presión por recuperar el resultado los llevó a cometer faltas innecesarias y a dejar espacios que el Toluca, con fría eficacia, supo aprovechar. En la Liga MX, un error defensivo no se perdona dos veces seguidas.

Lo que más duele al equipo sinaloense es que, hasta ese fatídico minuto 83, habían neutralizado al Toluca con un bloque bajo y transiciones rápidas. Pero el fútbol castiga con saña los detalles: un descuido en la marca, una falta de voz de mando en la defensa, y lo que parecía un triunfo histórico se convirtió en otra lección dolorosa. Los equipos que ascienden, como el Mazatlán, suelen tardar una temporada en ajustar estos mecanismos. El problema es que, en primera división, el margen para aprender es mínimo.

La reacción de la afición: del silencio al éxtasis en segundos

El Estadio Nemesio Díez guardó un silencio tan denso en el minuto 80 que hasta el eco de los pasos de los jugadores sobre el césped se escuchaba con claridad. La afición rojinegra, acostumbrada a ver a su equipo dominar desde el arranque, miraba incrédula el marcador: 2-1 a favor de Mazatlán, con un Toluca que parecía haber olvidado cómo romper una defensa bien plantada. Las redes sociales ardían con críticas, los memes sobre la «maldición de los minutos finales» ya circulaban, y hasta los más fieles empezaban a resignarse. Pero el fútbol, como siempre, tenía otro guion preparado.

Cuando el reloj marcó el 85, el grito de Jean Meneses cortó el aire como un latigazo. El delantero chileno, que había entrado como revulsivo, remató de primera un centro desde la izquierda para empatar el partido. El estadio estalló en un rugido que sacudió hasta los cimientos del «Infierno». Los analistas de ESPN Deportes registraron un pico de 112 decibeles en ese instante, equivalente al ruido de un concierto de rock, pero con una carga emocional imposible de medir. Lo que segundos antes era frustración se convirtió en una ola humana de saltos, abrazos y lágrimas. Algunos aficionados, como el grupo de la barra «La Rebel», ni siquiera terminaron de celebrar el empate: ya coreaban el nombre de Maximiliano Araújo, intuían que el uruguayo tenía guardado algo más.

Araújo no defraudó. A los 87 minutos, con un zurdazo colocado al segundo poste que dejó sin reacción al arquero Nicolás Vikonis, desató el éxtasis colectivo. La grada sur, tradicionalmente la más ruidosa, se convirtió en un mar de banderas ondeando al unísono, mientras que en la norte, donde suelen sentarse las familias, niños con la camiseta de Toluca corrieron hacia sus padres entre risas y gritos de «¡Lo logramos!». Las cámaras captaron a un señor mayor, con una bufanda del equipo desde los años 90, llorando abrazado a su nieto. Era la misma escena, multiplicada por miles, en cada rincón del estadio.

Fuera del campo, la reacción fue igual de intensa. En menos de cinco minutos, el hashtag #TolucaRemonta se coló entre los trending topics de México, superando los 20 mil tuits por minuto. Videos de aficionados celebrando en plazas públicas, bares e incluso en medio del tráfico inundaron las redes. Hasta los rivales reconocieron la hazaña: la cuenta oficial del Club América publicó un meme con el texto «Cuando crees que ya ganaste…», acompañando la imagen del segundo gol de Araújo. Para una afición que había sufrido derrotas dolorosas en los minutos finales esta temporada, aquel 3-2 no era solo una victoria: era un exorcismo.

¿Puede este triunfo salvar la temporada de los Diablos?

El Toluca respiró aliviado en el Nemesio Díez. No era cualquier victoria, sino un triunfo arrebatado con dos goles en el minuto 85 que le dieron vuelta a un marcador adverso. Los Diablos Rojos, hundidos en la zona baja de la tabla general con apenas 8 puntos en 11 jornadas, encontraron en este 3-2 sobre Mazatlán un destello de esperanza. Pero la pregunta persiste: ¿bastará este golpe de autoridad para enderezar una temporada que, hasta ahora, ha sido de sombras más que de luces?

El equipo de Ignacio Ambriz lleva semanas bajo el escrutinio. La afición, acostumbrada a ver a su escuadra pelear por puestos de liga, ha mostrado su descontento con abucheos y consignas. Los números no mienten: antes de este partido, el Toluca había ganado solo 2 de sus últimos 9 encuentros, con una ofensiva que apenas lograba anotar un gol por juego en promedio. La remontada ante Mazatlán, sin embargo, exhibió una versión más combativa, con Jean Meneses y Maximiliano Araújo como figuras clave en la reacción.

Analistas deportivos, como los del programa Fútbol Picante, ya habían señalado que el margen de error para Ambriz era mínimo. Con la presión de un plantel costoso y una directiva exigente, cada punto perdido se convertía en un clavo más en el ataúd de una temporada que amenazaba con derrumbarse. Este triunfo, aunque valioso, no borra las carencias defensivas —Mazatlán anotó dos goles en contraataques evitables— ni la irregularidad que ha marcado al equipo.

Lo cierto es que, en el fútbol, un resultado así puede ser el parteaguas. El Toluca tiene ahora la oportunidad de encadenar victorias y recuperar terreno, pero el calendario no perdona: enfrentará a Monterrey y América en las próximas dos jornadas. Si los Diablos quieren que este 3-2 no sea solo un espejismo, deberán demostrar consistencia donde hasta ahora solo han mostrado destellos.

El Toluca demostró una vez más por qué se le conoce como el equipo de los milagros, con una remontada épica en los minutos finales que no solo le dio los tres puntos, sino que reafirmó su mentalidad ganadora cuando el reloj parece jugar en contra. Dos goles en el minuto 85—obra de Jean Meneses y el letal Tiago Volpi desde los once metros—transformaron lo que parecía una derrota inminente en una victoria que quedará grabada en la memoria de la afición, recordando que en el fútbol nada está decidido hasta el pitido final.

Para los seguidores del Diablo, la lección es clara: la fe en el equipo debe mantenerse intacta incluso en los momentos más oscuros, porque esta plantilla tiene la capacidad de revertir partidos con jugadas de jerarquía y frío cálculo. Mientras tanto, Mazatlán sale con más dudas que respuestas, obligado a revisar su solidez defensiva en instantes clave si no quiere repetir errores que le cuesten caro en el torneo.

El Clausura 2024 sigue arrojando partidos así, donde el drama y la emoción van de la mano, pero Toluca ya dejó su marca: no es casualidad, es costumbre.