El mariscal de campo Lamar Jackson lideró una ofensiva arrasadora con 107 yardas terrestres y dos anotaciones, mientras los Cuervos de Baltimore humillaron a los Browns con un contundente 31-17 en el M&T Bank Stadium. El equipo de John Harbaugh no solo dominó el reloj—con 38 minutos de posesión—, sino que también expuso las debilidades de una defensa de Cleveland que permitió 212 yardas por tierra, la peor marca de la temporada para los Browns. Con este triunfo, Baltimore consolida su liderato en la AFC Norte y envía un mensaje claro: su juego terrestre sigue siendo un martillo imparable.
El duelo Ravens vs Browns no fue solo otro partido de división, sino un choque de estilos donde la física imponía las reglas. Mientras Cleveland confió en su ataque aéreo—con Deshaun Watson superando los 250 yardas—, Baltimore respondió con una fórmula probada: desgastar, avanzar y anotar. Para los aficionados, el contraste fue revelador: un equipo que apuesta por la espectacularidad frente a otro que gana con eficiencia brutal. En una temporada donde cada victoria pesa, los Cuervos demostraron por qué son candidatos serios a todo.
El renacer de Lamar Jackson en la ofensiva
El mariscal de campo de los Cuervos no solo recuperó su mejor versión contra Cleveland: la superó. Lamar Jackson desmanteló la defensa de los Browns con un despliegue de precisión y creatividad que recordó a su temporada MVP de 2019, pero con un toque más refinado. Sus 120 yardas terrestres en 11 acarreos —incluida una carrera de 37 yardas que dejó a dos defensores en el suelo— demostraron que su amenaza como corredor sigue intacta, mientras que sus 16 pases completos de 20 para 167 yardas y un touchdown reflejaron una madurez en la lectura de coberturas. Lo más revelador no fue el volumen de sus estadísticas, sino el momento en que las produjo: en terceros downs y dentro de la zona roja, donde los Cuervos habían flaqueado en semanas anteriores.
La conexión con el coordinador ofensivo Todd Monken parece haberle dado a Jackson un sistema a su medida. Contra los Browns, el esquema combinó el tradicional read-option con conceptos de pase rápidos y movimientos pre-snap diseñados para explotar las debilidades de una secundaria que entró al partido como la tercera mejor contra el pase en la AFC. Jackson no solo ejecutó: anticipó. En la jugada del touchdown de 25 yardas a Zay Flowers en el segundo cuarto, el mariscal de campo identificó el blitz de Nick Chubb —sí, el corredor convertido en pasador ocasional— y ajustó la protección antes del snap, algo que analistas de la NFL destacan como un salto cualitativo en su juego.
El renacer de Jackson también se midió en detalles menos obvios. Su protección del balón fue impecable: cero intercepciones y ningún fumble, a pesar de cinco capturas de los Browns. Más allá de los números, fue su liderazgo en la línea de scrimmage lo que marcó la diferencia. En una secuencia clave a mediados del tercer cuarto, con Baltimore arriba por solo siete puntos, Jackson reunió al ataque en el huddle y modificó la jugada llamada para un play-action que terminó en una ganancia de 15 yardas. Ese tipo de ajuste en tiempo real, según datos de Next Gen Stats, ocurre en menos del 12% de las ofensivas de la liga.
Lo que antes parecía un equipo dependiente de su estrella ahora luce como una máquina bien engrasada alrededor de ella. Jackson ya no carga solo la ofensiva: la potencia. Y en un partido donde los Cuervos acumularon 215 yardas terrestres —la segunda mejor marca de la temporada—, quedó claro que su evolución como pasador ha liberado a todo el ataque. La pregunta ya no es si puede volver a ser élite, sino hasta dónde puede llevar a un equipo que, por primera vez en años, tiene profundidad en todas las unidades.
Doble amenaza: Huntley y Hill dominan por tierra
El dúo de corredores de los Cuervos de Baltimore demostró por qué se ha convertido en una de las armas más temidas de la NFL. Justin Huntley y Justice Hill no solo desequilibraron a la defensa de los Browns con su velocidad y potencia, sino que impusieron un ritmo implacable desde el primer cuarto. Entre los dos, acumularon 187 yardas terrestres, una cifra que desmembró cualquier intento de Cleveland por contener el ataque. Huntley, en particular, brilló con una jugada de 41 yardas que dejó en evidencia los huecos en la línea defensiva rival, mientras Hill aportó consistencia en las situaciones clave, incluyendo un touchdown en la zona roja.
Lo más llamativo no fue solo la cantidad de yardas, sino cómo las lograron. Los Cuervos diseñaron un esquema de bloqueos que explotó la agresividad de los linebackers de los Browns, abriendo carriles amplios para que Huntley—con su estilo explosivo—y Hill—más técnico en los cortes—avanzaran sin resistencia. Según análisis de Pro Football Focus, Baltimore registró un 62% de eficiencia en carreras de más de 4 yardas, un dato que refleja la precisión en la ejecución y la incapacidad de Cleveland para ajustarse.
La defensa de los Browns, que había contenido a otros equipos con juegos terrestres potentes esta temporada, se vio superada por la versatilidad. Mientras Huntley castigaba con carreras exteriores, Hill encontraba espacios entre las tackles, obligando a los safeties a bajar en apoyo y dejando expuesta la secundaria. Esto, a su vez, abrió oportunidades para Lamar Jackson en el juego aéreo cuando los linebackers se vieron forzados a cubrir las brechas.
El impacto de este dominio terrestre se sintió más allá de las estadísticas. Cada avance significativo de Huntley o Hill parecía drenar la energía de un equipo de Cleveland que, pese a los esfuerzos de Nick Chubb, nunca logró establecer su propio ritmo ofensivo. Para cuando los Browns intentaron reaccionar en el tercer cuarto, el daño ya estaba hecho: los Cuervos controlaban el reloj, la línea de scrimmage y, en consecuencia, el marcador.
La defensa de Cleveland se derrumba en el segundo tiempo
El dominio inicial de la defensa de Cleveland se esfumó como humo en el segundo tiempo. Tras mantener a los Cuervos sin anotaciones en el primer cuarto y limitar su ataque terrestre a apenas 42 yardas en los primeros 30 minutos, la unidad defensiva de los Browns colapsó bajo el peso de su propia inconsistencias. Un error en la cobertura de un pase corto de Lamar Jackson se convirtió en una jugada de 35 yardas que reavivó el ataque de Baltimore. Luego vino el desastre: tres series consecutivas donde Cleveland permitió conversiones en tercer down, incluyendo una carrera de 12 yardas de Gus Edwards que rompió dos tackles y dejó al descubierto las fallas en la contención de los laterales.
Los números no mienten. Según las métricas avanzadas de Pro Football Focus, la línea defensiva de los Browns registró una tasa de presión del 28% en el primer tiempo, pero esa cifra se desplomó al 12% en la segunda mitad. Sin presión sobre Jackson, el mariscal de campo de los Cuervos tuvo tiempo para diseccionar una secundaria que ya venía mostrando grietas desde la semana anterior. El golpe definitivo llegó con 7:23 por jugar: una jugada de play-action mal leída por el linebacker Jacob Phillips permitió que Mark Andrews se escapara por la costura para un touchdown de 17 yardas. Para entonces, el banco de Cleveland ya reflejaba la frustración de un equipo que veía cómo su plan inicial se desvanecía.
La falta de ajustes tácticos saltó a la vista. Mientras el coordinador defensivo Jim Schwartz insistía en esquemas de cobertura blanda que dejaban espacios abiertos bajo la zona intermedia, Baltimore aprovechó con passes cortos y carreras exteriores. El cornerback Denzel Ward, uno de los pocos puntos brillantes en la primera mitad con dos desvíos clave, quedó aislado en la segunda parte ante bloqueos que neutralizaron su físico. La gota que rebasó el vaso fue una carrera de 21 yardas de Justice Hill en cuarto down, donde tres defensores de Cleveland chocaron entre sí en un intento fallido de tackle.
Para cuando el entrenador Kevin Stefanski intentó reaccionar con cambios de personal, el daño estaba hecho. Los Cuervos ya acumulaban 187 yardas terrestres en el partido —145 de ellas después del descanso— y el reloj corría a su favor. La defensa que había comenzado con solidez terminó el encuentro como un reflejo de sus peores versiones: desorganizada, sin respuesta para el juego físico de Baltimore y, sobre todo, incapaz de detener el ritmo implacable que Jackson impuso con sus piernas y su brazo.
Claves tácticas que sellaron la victoria de Baltimore
El triunfo de los Cuervos no fue casualidad, sino el resultado de un plan táctico ejecutado con precisión quirúrgica. Desde el primer cuarto, el coordinador ofensivo Greg Roman impuso un ritmo implacable con el juego terrestre, explotando los huecos en una defensa de los Browns que terminó cediendo 215 yardas por tierra —la tercera peor marca de la temporada para Cleveland—. La clave estuvo en la combinación de carreras internas con play-action: Lamar Jackson fingió el pase en un 38% de las jugadas de carrera, congelando a los linebackers y abriendo carriles para Gus Edwards y Justice Hill, quienes promediaron 5.2 yardas por acarreo entre ambos.
La defensa de Baltimore, aunque menos destacada en las estadísticas, hizo ajustes decisivos en momentos críticos. El cambio más notable llegó en el tercer cuarto, cuando el coordinador Mike Macdonald pasó de una cobertura zone 2 a un esquema man-to-man agresivo en terceros downs. Esto neutralizó al mariscal de campo PJ Walker, quien completó apenas 3 de 9 pasos bajo presión en esa fase del partido. La interceptación de Kyle Hamilton a mediados del cuarto periodo —su quinta de la temporada— fue el golpe definitivo a una ofensiva de los Browns que ya acumulaba tres three-and-outs consecutivos.
Otro detalle que inclinó la balanza fue el manejo del reloj. Los Cuervos mantuvieron la posesión durante 34 minutos y 12 segundos, una cifra que supera en casi 10 minutos su promedio de temporada. Esto no solo desgastó físicamente a la línea defensiva rival, sino que limitó a los Browns a apenas 5 series ofensivas en la segunda mitad. Analistas de Pro Football Focus señalaron que el 67% de las jugadas ofensivas de Baltimore en los últimos dos cuartos fueron corridas, una estrategia que, aunque predecible, Cleveland no logró contrarrestar.
El último clavo en el ataúd llegó con los errores no forzados de Cleveland. Dos fumbles en devoluciones de patadas —uno recuperado por los Cuervos en la yardas 30 de los Browns— y una penalización por holding que anuló un retorno de 42 yardas de Jerome Ford. Mientras Baltimore capitalizó cada oportunidad, los Browns pagaron caro su falta de disciplina en un partido donde el margen de error era mínimo.
¿Pueden los Ravens mantener este ritmo en la recta final?
El dominio de los Ravens sobre los Browns dejó claro que este equipo no solo está en forma, sino que ha encontrado una fórmula ganadora en el momento justo. Con Lamar Jackson liderando un ataque terrestre que acumuló 216 yardas en 39 acarreos —la tercera mejor marca de la temporada—, Baltimore demostró que su juego de carrera puede desgastar a cualquier defensa. Sin embargo, el verdadero desafío no será mantener la intensidad contra rivales directos, sino evitar el desgaste físico en una recta final donde cada yarda cuenta.
El calendario no perdona. Los Ravens enfrentarán a los Dolphins, Steelers y Texans en sus próximos tres partidos, equipos que, aunque con realidades distintas, exigen enfoques tácticos opuestos. Miami, con su defensa rápida pero vulnerable contra el juego terrestre, podría ser la prueba de fuego para ver si Baltimore logra repetir su efectividad. Los analistas de Pro Football Focus señalan que, desde 2020, los equipos que superan las 150 yardas por tierra en al menos un 60% de sus partidos en diciembre tienen un récord de 82-30 (.732) en esa ventana. Los Ravens llevan un 70% en ese rubro este año.
La clave estará en la rotación. Gus Edwards y Justice Hill complementaron a Jackson con 25 acarreos combinados contra Cleveland, pero la carga física recae inevitablemente sobre el quarterback. Si el plan es llegar frescos a playoffs, Todd Monken tendrá que dosificar mejor los diseños de carrera para Jackson, especialmente en partidos donde el marcador permita administrar el ritmo.
Otro factor será la consistencia de la línea ofensiva. Contra los Browns, patchwork por lesiones, los Ravens aprovecharon huecos en el centro de la defensa. Pero enfrentarse a líneas como la de Pittsburgh —que permite apenas 3.8 yardas por acarreo— requerirá ajustes rápidos y, sobre todo, protección para evitar que Jackson se vea obligado a improvisar en exceso.
El margen de error es mínimo. Un tropiezo en esta recta final podría costarles no solo el primer puesto en la AFC Norte, sino también el bye en la primera ronda de playoffs. La pregunta ya no es si pueden ganar, sino cómo gestionarán el éxito cuando la presión aumente.
El triunfo contundente de los Cuervos de Baltimore por 31-17 sobre los Browns dejó claro que su juego terrestre no solo es letal, sino que se ha convertido en el pilar de un equipo que ya no depende exclusivamente de Lamar Jackson para desequilibrar partidos. Con 201 yardas por tierra repartidas entre Justice Hill, Derrick Henry y el propio Jackson, el esquema ofensivo de Todd Monken demostró que puede desgastar defensas con física y precisión, incluso contra rivales directos en la división.
Para Cleveland, el mensaje es urgente: sin ajustes en su línea defensiva —incapaz de contener bloques en segunda fase— y un ataque que sigue estancado en momentos clave, la postura de aspirante a playoffs se desvanece partido tras partido. Mientras, Baltimore avanza con un ritmo que asusta: si mantienen esta combinación de poderío terrestre y eficiencia en el pase, la AFC Norte podría quedar sentenciada antes de que llegue diciembre.

