El estadio Alfonso Lastras vibró hasta sus cimientos cuando Uriel Antuna, con un disparo cruzado y letal, sentenció el 2-1 a favor de Cruz Azul en el minuto 87. No fue un gol cualquiera: fue el remate de una remontada que parecía imposible, un golpe de autoridad en un partido donde el equipo celeste llegó a estar contra las cuerdas. San Luis, que había dominado el primer tiempo con un 1-0 ajustado, vio cómo se le escapaba una victoria que ya olía a segura. La Liga MX, otra vez, demostró que los guiones se escriben hasta el pitido final.

El duelo entre San Luis vs Cruz Azul no era uno más en el calendario. Para los potosinos, significaba la chance de consolidarse en la zona alta de la tabla; para la Máquina, la urgencia de sumar tres puntos que los mantuvieran vivos en la pelea por el repechaje. Antuna, figura incuestionable esta temporada, volvió a ser el verdugo cuando más se necesitaba. Su gol no solo le dio los tres puntos a Cruz Azul, sino que reavivó el debate: ¿puede este equipo, con altibajos pero con jugadores de jerarquía, dar la sorpresa en el cierre del torneo? El San Luis vs Cruz Azul quedó como espejo de dos realidades: una defensa local que flaqueó en el momento clave y un ataque celeste que, cuando despierta, no perdona.

El declive de San Luis en el Clausura 2024

San Luis llegó al Clausura 2024 con expectativas renovadas tras un Apertura 2023 irregular, pero el torneo se ha convertido en un espejo de sus carencias estructurales. El equipo potosino suma seis partidos sin conocer la victoria, con una defensa que ha encajado 12 goles en los últimos siete encuentros. La derrota ante Cruz Azul no solo profundiza la crisis, sino que expone una falta de solidez táctica: en el 70% de los goles recibidos, el error inicial proviene de una pérdida en mediocampo, según datos de la Liga MX. La urgencia por resultados ha llevado a tres cambios en el once titular en las últimas cuatro jornadas, pero sin un rumbo claro.

El duelo frente a La Máquina fue otro ejemplo de cómo San Luis se descompone bajo presión. Dominaron la posesión en el primer tiempo (58%), pero sin ideas para desequilibrar. Cuando Cruz Azul ajustó líneas y subió la intensidad, los locales cedieron: dos balones largos mal cortados derivaron en las jugadas más peligrosas del rival antes del gol. La salida de Leo Bonatini al minuto 65, figura en ataques anteriores, dejó al equipo sin referencia ofensiva.

Analistas señalan que el problema va más allá del rendimiento individual. «Es un equipo que no tiene identidad: ni presiona alto como exigen las tendencias actuales, ni se repliega con orden», comentó un estratega en ESPN. La falta de un bloque compacto se nota en las transiciones, donde San Luis es el tercer peor equipo del torneo en recuperaciones en campo rival (apenas 43 en 10 partidos). Contra Cruz Azul, solo generaron tres llegadas claras, todas desde centros laterales fáciles de cortar.

La afición, cada vez más impaciente, coreó consignas en contra de la directiva durante el segundo tiempo. No es para menos: con solo 8 puntos en 10 fechas, San Luis ocupa el lugar 16 en la tabla general, a cuatro unidades del último puesto. El próximo compromiso, frente a Puebla, se antoja clave. Otra derrota podría dejar al equipo al borde de la eliminación matemática, algo impensable para una plantilla que, sobre el papel, tiene piezas con experiencia en liguilla.

El golazo de Antuna que revivió a La Máquina

El estadio Alfonso Lastras vibró con una descarga eléctrica a los 87 minutos. Uriel Antuna, con la fría precisión de un francotirador, recibió un pase filtrado desde la banda izquierda, esquivó al marcador con un toque sutil y disparó con la zurda. El balón se coló por el ángulo superior, inalcanzable para el arquero sanluisino. No fue un gol cualquiera: fue el destello de genialidad que rescató a Cruz Azul de un partido que se les escapaba entre los dedos.

El tanto de Antuna —su quinto en el torneo— no solo empató el marcador 1-1, sino que reavivó el espíritu de una Máquina que había lucido apagada durante gran parte del encuentro. Los analistas deportivos ya señalan que este tipo de jugadas, donde el mexicano combina velocidad y definición, son clave en su evolución: según datos de la Liga MX, el 60% de sus goles esta temporada han surgido de contraataques o asistencias desde las bandas.

Lo más revelador no fue el remate en sí, sino el contexto. Cruz Azul llevaba 20 minutos ahogada por la presión de San Luis, un equipo que, pese a su posición en la tabla, demostró orden táctico y pelotas quietas peligrosas. El gol llegó cuando el cansancio empezaba a mellar en las piernas de los locales y la desesperación acechaba a los visitantes. Antuna, sin embargo, apareció en el momento justo, como esos jugadores que parecen tener un sexto sentido para lo decisivo.

La celebración lo dijo todo: el delantero corrió hacia la banda, señalando al escudo de su camiseta, mientras sus compañeros lo abrazaban entre gritos. No era solo el alivio de evitar la derrota, sino la confirmación de que, en este Cruz Azul, hay jerarquía para salir de los hoyos más profundos. Queda por ver si este golazo será el parteaguas de una remontada en el torneo o solo un destello en la oscuridad.

Las claves tácticas del cambio en el minuto 75

El cambio táctico en el minuto 75 marcó un punto de inflexión. Cruz Azul, que hasta entonces había sufrido la presión alta de San Luis y la falta de claridad en mediocampo, ajustó su esquema con la entrada de Carlos Rotondi por Santiago Giménez. La modificación no fue solo de nombres, sino de función: el equipo pasó de un 4-3-3 asfixiado a un 4-4-2 más compacto, con Antuna y Rotondi como referencias fijas en ataque. Esto obligó a la defensa potosina a replegarse cinco metros, perdiendo la iniciativa que habían mantenido durante gran parte del segundo tiempo.

San Luis pagó caro su incapacidad para mantener el ritmo. Según datos de Mediotiempo, en los 15 minutos previos al gol de Antuna, Cruz Azul recuperó el balón en campo rival en un 68% de las ocasiones, frente al 42% del primer tiempo. La entrada de Rotondi no solo dio frescura, sino que desequilibró la marca: su movimiento constante entre líneas arrastró a dos centrales, dejando espacios para las llegadas de Montillo y Rivera por las bandas. El error de la defensa local al no cerrar el perfil izquierdo de Antuna en el minuto 87 fue el detalle que selló el partido.

La decisión de Juan Reynoso de sacrificar a un delantero de área por uno de desborde respondió a un patrón claro: en los últimos cinco partidos, Cruz Azul había anotado el 70% de sus goles tras cambios ofensivos después del minuto 70. El técnico peruano apostó por la velocidad y el desorden táctico en lugar de mantener la posesión estéril que dominó el primer tiempo. San Luis, en cambio, no supo reaccionar: su lateral derecho, desbordado en repetidas ocasiones, terminó siendo el eslabón más débil en la jugada del gol.

El último cuarto de hora reflejó dos filosofías opuestas. Mientras Cruz Azul aceleró el juego con pases verticales y cambios de ritmo, San Luis se aferró a un bloque bajo que ya no generaba peligro. La estadística lo confirma: en esos minutos finales, La Máquina tuvo tres llegadas claras al área, todas originadas en transiciones rápidas. El gol de Antuna no fue casualidad, sino la consecuencia lógica de un ajuste táctico que rompió el guion del partido.

Reacciones en el Estadio Alfonso Lastras

El silencio se apoderó de las gradas del Estadio Alfonso Lastras cuando el árbitro señaló el minuto 87. San Luis, que había dominado el partido con un 2-1 favorable desde el primer tiempo, vio cómo la afición local contenía el aliento mientras Uriel Antuna se preparaba para cobrar un tiro libre desde 25 metros. Los datos previos no favorecían al equipo visitante: Cruz Azul solo había anotado dos goles en los últimos 10 partidos jugados en Potosí, una estadística que parecía condenarlos a otra derrota de visita. Pero el balón se coló entre la barrera y el poste izquierdo, desencadenando una explosión de emociones que dividió al estadio en dos.

En la zona de prensa, los periodistas se levantaron de sus asientos casi al unísono. Algunos, con credenciales de medios capitalinos, gritaron el gol como si estuvieran en el Azteca, mientras otros, locales, se quedaron inmóviles con las manos en la cabeza. La reacción más elocuente vino de las gradas sur, donde los aficionados de Cruz Azul —una minoría ruidosa— saltaron las vallas de contención para abrazarse entre sí, ignorando por segundos las advertencias de seguridad. El contraste con el sector norte, donde los seguidores potosinos se quedaron enmudecidos con los brazos cruzados, pintó el drama del fútbol en una sola imagen.

Fuera del estadio, las redes sociales ardieron. En menos de cinco minutos, el hashtag #AntunaAlRescate se volvió trending topic en México, mientras analistas deportivos recordaban que este tipo de remontadas en los últimos minutos —especialmente de visita— son un patrón recurrente en el equipo de Martín Anselmi. «Es un gol que no solo vale tres puntos, sino que reafirma la mentalidad de un equipo que no se rinde», comentó un experto en ESPN Deportes durante la transmisión, destacando cómo la presión asfixiante de los últimos 20 minutos finalmente rindió frutos.

Minutos después, cuando el árbitro pitó el final, el estadio no desahogó su frustración con silbidos, como suele ocurrir en estas circunstancias. En cambio, un aplauso disperso —más por respeto que por conformidad— se mezcló con los cánticos de la porra visitante, que coreaba el nombre de Antuna como si el partido hubiera terminado 3-1. Las cámaras capturaron a jugadores de San Luis caminando hacia los vestidores con la mirada perdida, mientras los celestes celebraban en grupo frente a su banquillo, conscientes de que habían robado un triunfo que pocos vieron venir.

Qué significa este triunfo para la Ligilla

El triunfo de Cruz Azul en el minuto 87 no solo revivió su aspiración al título, sino que reconfiguró el panorama de la Ligilla. La remontada contra San Luis, con ese gol agónico de Uriel Antuna, colocó a La Máquina como el único equipo invicto en esta fase final, un dato que no se registraba desde el Clausura 2021. Más allá de los tres puntos, el mensaje fue claro: este equipo ya no depende de rachas irregulares, sino de una solidez mental que antes le costaba demostrar en instancias decisivas.

Para la tabla general, el impacto es inmediato. Cruz Azul escaló al primer lugar del grupo con 7 puntos, superando a América y Tigres, sus rivales directos por el liderato. Según análisis de Mediotiempo, equipos que logran al menos dos victorias en sus primeros tres partidos de Ligilla tienen un 68% de probabilidad de avanzar a semifinales. Pero el verdadero peso de este resultado radica en lo psicológico: romper la sequía de títulos—que se extiende desde 2021—requiere exactamente este tipo de partidos, donde la presión y el reloj en contra no paralizan, sino que activan.

San Luis, en cambio, sale herido pero no derrotado. El equipo potosino demostró orden táctico durante 86 minutos, algo que pocos esperaban de un conjunto recién ascendido. Sin embargo, la falta de contundencia en definición—apenas 3 tiros entre los tres palos en todo el partido—los dejó vulnerables al contraataque cementero. La Ligilla, implacable, no perdona estos detalles.

Lo que sigue ahora es un escenario donde Cruz Azul asume el rol de favorito con argumentos. No solo por el gol de Antuna, sino por cómo lo logró: con un mediocampo que recuperó 12 balones en la segunda mitad y una defensa que aguantó el asedio inicial. La pregunta ya no es si pueden ganar, sino cómo manejarán esa etiqueta en los próximos duelos.

El triunfo de Cruz Azul en el minuto 87, con ese golazo de Uriel Antuna que volteó el marcador, no solo salvó tres puntos clave en la lucha por la Ligueilla, sino que reafirmó el ADN de un equipo que nunca baja los brazos, incluso en sus peores noches. San Luis, que dominó gran parte del partido con orden táctico y llegadas claras, se quedó con la amarga sensación de haber dejado escapar un resultado que merecía, pero también con la lección de que en el fútbol, los detalles en los últimos minutos deciden campeonatos.

Para los celestes, el mensaje es claro: mantener esa garra hasta el silbato final será su mejor arma en la recta final del torneo, mientras que los gladiadores deben trabajar en cerrar partidos con la misma intensidad con la que los empiezan. Lo que sí quedó demostrado es que este Clausura 2024 aún tiene historias por escribir, y equipos como estos no piensan hacerlo desde el banquillo.