El Estadio Azteca vibró con un final de infarto cuando Uriel Antuna, a tres minutos del pitido final, clavó el gol que le dio la vuelta al marcador a Cruz Azul. El 2-1 sobre San Luis no solo significó tres puntos clave en la tabla, sino un espectáculo de resistencia mental: la Máquina remató con 16 disparos al arco, dobló en posesión y soportó el empate rival hasta que el 87’ cambió todo. Antuna, otra vez figura, sumó su tercer gol en cuatro partidos y selló una remontada que ya huele a sello de esta era.
El duelo entre Cruz Azul vs San Luis llegó cargado de presión para ambos. Los cementeros, urgidos por consolidarse en la zona alta, enfrentaban a un rival que había sumado siete de sus últimos nueve puntos como visitante. Pero lo que comenzó como un partido trabado—con San Luis adelantándose al 32’—terminó siendo un testimonio de jerarquía: la Máquina no solo igualó con un zurdazo de Rotondi, sino que impuso su ritmo en los minutos decisivos. Este triunfo, más allá de los números, refuerza una verdad incómoda para el resto de la Liga MX: Cruz Azul vs San Luis dejó claro que, cuando el físico flaquea, la clase define.
Un San Luis que dominó el primer tiempo
El San Luis salió al Alfonso Lastras con una claridad que sorprendió a más de uno. Desde el primer silbatazo, los potosinos impusieron un ritmo vertiginoso, ahogando a Cruz Azul en su propia mitad de la cancha. La presión alta y los pases filtrados descolocaron a una defensa celeste que tardó en reaccionar, mientras los locales encontraron espacios con una facilidad inusual para un equipo que llegaba como bajo en la tabla.
El gol llegó al minuto 23, tras una jugada colectiva que terminó con Leonardo Ramos rematando de primera tras un centro desde la derecha. Fue el premio a un dominio que, según los registros, dejó al San Luis con un 62% de posesión en los primeros 45 minutos y cinco llegadas claras frente al arco de José de Jesús Corona.
La línea de cuatro de Cruz Azul, con Luis Abram y Juan Escobar como referentes, se vio superada una y otra vez por las diagonales de Unai Bilbao y la movilidad de Javier Güemez. Los analistas destacaron después cómo el equipo de Fernando Ortiz explotó los costados, especialmente el izquierdo, donde Willer Dájome encontró huecos para desbordar.
Pero el fútbol castiga los errores, y el San Luis pagó caro no haber ampliado la ventaja. La falta de contundencia en el remate —solo uno de sus siete disparos en el primer tiempo fue entre los tres palos— terminó siendo su talón de Aquiles.
El golazo de Antuna que volteó la historia
El estadio Azteca contuvo el aliento cuando Uriel Antuna recibió el balón en el minuto 87. Con la máquina bien aceitada y el San Luis defendiendo con uñas y dientes su ventaja de 1-0, el extremo mexicano tomó dos toques rápidos, esquivó a un marcador y disparó con la zurda desde fuera del área. La pelota se coló como un misil por la escuadra derecha de Andrés Sánchez, quien ni siquiera pudo reaccionar. El gol, su quinto en el torneo, no solo empató el partido: lo revolucionó.
Lo extraordinario no fue solo el momento, sino la precisión. Según datos de Mediotiempo, Antuna lleva una efectividad del 62% en remates desde fuera del área esta temporada, cifra que lo coloca entre los tres jugadores más letales de la Liga MX en esa categoría. El gol contra San Luis confirmó por qué la Selección Mexicana lo ha convertido en pieza clave: no es solo velocidad, es frialdad bajo presión.
El impacto fue inmediato. Cruz Azul, que había golpeado sin suerte durante todo el segundo tiempo, encontró en ese instante el empuje definitivo. La grada, que minutos antes coreaba descontento, estalló en un grito unísono. Antuna no celebró con euforia; corrió hacia la banda, señalando a sus compañeros como si dijera: «Esto apenas empieza». Y vaya que tenía razón.
El San Luis, que hasta entonces había manejado el ritmo con inteligencia, vio cómo se le escapaba el control. La defensa, antes firme, empezó a cometer errores por la urgencia. Dos minutos después del golazo, el mismo Antuna asistiría a Santiago Giménez para el 2-1 definitivo. Una jugada maestra que nació, sin duda, de la chispa que encendió su zurda letal.
Qué significa este triunfo para la Liga MX
El triunfo de Cruz Azul ante San Luis no es solo tres puntos más en la tabla, sino un golpe de autoridad en un torneo donde la irregularidad ha marcado a varios equipos históricos. La remontada en el minuto 87, con ese gol de Uriel Antuna que cortó el aliento en el Estadio Azteca, refuerza una narrativa que la afición celeste llevaba meses esperando: la capacidad de reaccionar bajo presión. Analistas deportivos señalan que este tipo de victorias, arrebatadas en los instantes finales, suelen ser el parteaguas para equipos con aspiraciones de título.
La Liga MX gana con partidos como este. No por el espectáculo en sí, sino porque reafirma su reputación de competencia impredecible, donde el favoritismo se desvanece ante la intensidad de un duelo cerrado. Cruz Azul, con esta victoria, se consolida en la parte alta de la clasificación y rompe una racha de dos juegos sin ganar que empezaba a generar dudas.
Datos como el que la Máquina ha sumado 10 de los últimos 12 puntos posibles en casa hablan de una solidez recuperada. Pero más allá de los números, lo que pesa es el mensaje: un equipo que no se rinde, que encuentra recursos cuando el reloj parece agotado. Eso, en un campeonato tan ajustado, puede marcar la diferencia entre pelear el título o quedar en el camino.
Para el San Luis, la derrota duele, pero también sirve como recordatorio de que en la Liga MX no hay rivales menores ni victorias aseguradas. La diferencia entre el triunfo y la caída, a menudo, es un detalle: un balón suelto, un error en la marca, un remate que se cuela cuando menos se espera.
El triunfo de Cruz Azul sobre San Luis no fue solo tres puntos más en la tabla, sino una demostración de temple y capacidad de reacción cuando el reloj ya no perdona: Uriel Antuna, una vez más, se convirtió en el verdugo en los minutos finales, reafirmando que la Máquina no se rinde aunque el partido se le complique. La diferencia entre un equipo que suma de visita y otro que se queda con las manos vacías a menudo está en esos detalles: un centro preciso, un remate con convicción y, sobre todo, la frialdad para ejecutar bajo presión.
Quienes dirijan la mira hacia el cierre de torneo harían bien en fijarse en cómo Cruz Azul maneja los partidos ajustados—ahí, en la banca y en la mentalidad de sus figuras, está la clave para aspirar a más que solo clasificar. El próximo desafío ya espera, y con este tipo de victorias, la Máquina llega con el viento a favor.

