El Estadio Azteca vibró con la épica remontada de Cruz Azul, que en solo quince minutos borró una desventaja de dos goles y sentenció al Atlanta United con un 4-2 global en los octavos de final de la Concacaf Champions Cup. Los cementeros demostraron una vez más por qué su historia en torneos internacionales está escrita con letras de resistencia: dos tantos en el tramo final—uno de Uriel Antuna al 76’ y el definitivo de Carlos Rotondi al 89’—voltearon un marcador que parecía perdido. La afición, que había contenido el aliento durante gran parte del segundo tiempo, estalló cuando el silbato final confirmó el pase a cuartos, donde esperará al vencedor del América vs. Pachuca.
El duelo entre Cruz Azul y Atlanta United no solo fue un partido más en la competición: se convirtió en un recordatorio de que en el fútbol, los guiones pueden romperse en segundos. Para la Liga MX, el triunfo refuerza su dominio en el torneo continental, donde ya coloca a tres equipos en la siguiente ronda. Mientras, la MLS ve cómo otro de sus representantes—esta vez el subcampeón de la Copa MLS—cae ante la jerarquía de un club con la solidez defensiva y el olfato goleador que definieron anoche la diferencia. La remontada no solo salvó a Cruz Azul de una eliminación prematura, sino que reafirmó su estatus como candidato serio al título.
Un duelo de ida con sabor a derrota
El partido de ida en el Mercedes-Benz Stadium dejó un sabor amargo para el Atlanta United. Cruz Azul, con su característico orden táctico, logró imponerse 1-0 en un encuentro donde el equipo local no encontró respuestas claras. La defensa de La Máquina cortó una y otra vez los intentos de los Five Stripes, especialmente en las bandas, donde las subidas de Brooks Lennon y Caleb Wiley se toparon con una muralla azul. El gol de Uriel Antuna al minuto 73, tras un contraataque letal, fue el golpe definitivo que expuso las carencias ofensivas de un Atlanta que apenas generó dos disparos entre los tres palos en 90 minutos.
Los números no engañan: el conjunto mexicano dominó el mediocampo con un 58% de posesión y una efectividad del 86% en pases, según datos de Opta. Mientras, el Atlanta United, acostumbrado a ser protagonista en la MLS, se vio superado en intensidad y precisión. La ausencia de Thiago Almada, sancionado, pesó, pero la falta de ideas fue colectiva. El técnico Gonzalo Pineda movió piezas —ingresó a Giorgos Giakoumakis y Tristan Muyumba—, pero el equipo nunca logró desequilibrar a un rival que supo administrar el ritmo.
La afición local, que llenó el estadio con más de 41,000 espectadores, vio cómo su equipo caía en el mismo error de ediciones anteriores: la irregularidad en torneos internacionales. Cruz Azul, en cambio, demostró por qué es un clásico de la Concacaf. Su experiencia en instancias decisivas se notó en cada balón dividido, en cada falta táctica para cortar el juego. El 1-0 no fue un resultado injusto; fue el reflejo de un partido donde el Atlanta United nunca encontró el camino.
Quedaba la revancha en el Azteca, un escenario donde pocos equipos logran remontar. Pero el fútbol, a veces, escribe guiones inesperados.
Dos goles en el infierno del Azteca
El Estadio Azteca respiró fútbol puro cuando Cruz Azul convirtió el infierno en su santuario. Con el marcador 1-0 en contra y el reloj corriendo en contra, la Máquina demostró por qué su historia en este coloso del fútbol mexicano sigue intacta. Los 87,000 espectadores, la mayoría vestidos de celeste, vieron cómo el equipo de Ricardo Ferretti —conocido por su temple en instancias decisivas— transformó la presión en dos jugadas letales. El primer gol llegó al 78’, un remate cruzado de Uriel Antuna que se coló por el segundo poste, rompiendo el invicto de Brad Guzan bajo los tres palos. El estadio estalló, pero lo mejor estaba por llegar.
El segundo tanto, obra de Carlos Rotondi al 85’, fue un golpe maestro. Un centro desde la banda izquierda —ejecutado con precisión quirúrgica por Álvaro Fidalgo— encontró al delantero argentino en el área chica. Sin marca, Rotondi conectó de cabeza para sellar el 2-1 y la clasificación. Según datos de Opta, Cruz Azul lleva 12 partidos consecutivos sin perder en el Azteca cuando marca al menos dos goles, una estadística que refuerza su reputación como equipo imparable en casa cuando el juego se pone cuesta arriba.
Atlanta United, que había llegado con la ventaja del gol de visita, sintió el peso de la altitud y la experiencia celeste. Thiago Almada, su figura más brillante, desapareció en el tramo final, ahogado por la marca de Juan Escobar y la intensidad del mediocampo local. Los dirigidos por Gonzalo Pineda intentaron reaccionar con balones largos hacia Giorgos Giakoumakis, pero la defensa de Cruz Azul —con un impecable Julio Domínguez en la zaga— cortó cada intento con autoridad.
El pitido final encontró a los jugadores de la Máquina arrodillados en el césped, abrazando el escudo. No fue solo una remontada: fue una declaración. En un torneo donde los equipos mexicanos habían mostrado grietas, Cruz Azul recordó que el Azteca sigue siendo su fortín. Y que, cuando el reloj apremia, los fantasmas del pasado —como aquel 9-0 histórico— se convierten en combustible.
La táctica que revivió a La Máquina
El Cruz Azul resucitó cuando todo parecía perdido. Con el marcador 2-1 en contra y un Atlanta United que administraba el partido con solvencia, el equipo celeste activó un mecanismo que ya había probado en temporadas anteriores: la presión alta en bloques compactos. No fue casualidad que los dos goles del empate y la clasificación surgieran de recuperaciones en campo rival, una en el minuto 78 tras un error de Franco Ibarra al intentar salir jugando, y la otra en el 89, cuando un pase atrasado de Miles Robinson fue interceptado por Uriel Antuna. La estadística lo respalda: según datos de Opta, el 68% de los goles del Cruz Azul en esta Liga de Campeones han llegado tras robos de balón en los últimos 30 metros del campo.
Lo más llamativo no fue solo el resultado, sino cómo lo logró. Martín Anselmi, desde que llegó al banco, ha insistido en un estilo que prioriza la intensidad sobre la posesión. Contra Atlanta, esa filosofía se volvió tangible. Los mediocampistas como Carlos Rotondi y Erik Lira acosaron a los centrales rivales, forzando errores en zonas peligrosas. El gol de Antuna, justo cuando el reloj marcaba 89 minutos, fue el ejemplo perfecto: una presión coordinada entre tres jugadores que ahogó a la defensa y dejó al mexicano frente al arquero.
Atlanta, que había controlado el partido con circulación de balón y llegadas por las bandas, se vio superado por un ritmo que no pudo sostener. El cansancio físico se notó, pero más aún el mental. Perder dos balones en zonas clave en menos de diez minutos habla de un equipo que, pese a su solidez, aún no termina de madurar en instancias decisivas. El Cruz Azul, en cambio, demostró por qué su apodo de La Máquina sigue vigente: cuando el motor se enciende, aunque sea tarde, arrasa con lo que encuentre.
Queda la duda de si esta táctica es sostenible a largo plazo o si fue un recurso puntual para un partido de eliminación. Lo cierto es que, por ahora, le funcionó. Y en el fútbol, cuando un plan rinde en los minutos finales, poco importa cómo se llegó a él.
Atlanta United: errores que costaron la serie
El Atlanta United llegó al partido de vuelta con una ventaja que, sobre el papel, parecía suficiente: 2-0 en el marcador global. Pero el fútbol no se juega en teorías, y los errores defensivos terminaron por hundir al equipo de Gonzalo Pineda en un tramo final que quedará para el recuerdo por lo doloroso. La falta de contundencia en las salidas de balón y las dudas en la marca al hombre en jugadas a balón parado fueron dos fallos recurrentes. Según datos de Opta, Cruz Azul generó cinco de sus siete oportunidades claras en el partido a partir de centros laterales o corners, un área donde la zaga de Atlanta mostró una preocupante falta de sincronía.
El primer gol de Uriel Antuna, en el minuto 76, nació de un error evitable. El lateral derecho no logró cortar un centro desde la banda izquierda, y la defensa quedó descolocada ante el remate del mexicano. Pero fue el segundo tanto, en el 88, el que expuso la fragilidad mental del equipo. Tras perder un balón en mediocampo, la reacción fue lenta: ni el repliegue fue ágil ni los centrales supieron anticiparse al pase filtrado que dejó a Antuna solo frente al arquero. En partidos de eliminatoria, ese tipo de descuidos se pagan con la eliminación.
La gestión del tiempo también jugó en contra. Con el 2-1 en el marcador, Atlanta optó por un juego conservador que, lejos de aliviar la presión, le dio el control a Cruz Azul. Los cambios tardíos —el último ingreó en el 85— limitaron las opciones para refrescar el mediocampo, zona donde la Máquina dominó en los minutos finales. Analistas destacados, como los del programa Fútbol Picante, señalaron después del partido que la falta de un contrapeso físico en el centro del campo fue clave para que los aztecas impusieran su ritmo cuando más dolía.
Para un equipo que aspiraba a ser protagonista en la Concacaf, la noche dejó lecciones duras. No basta con construir ventajas: hay que saber administrarlas. Y en el fútbol moderno, donde los detalles deciden series, un par de errores en defensa y una estrategia dubitativa en los momentos críticos pueden borrar 90 minutos de buen trabajo. Cruz Azul lo supo aprovechar. Atlanta, en cambio, se quedó con la tarea de revisar qué salió mal cuando más importaba.
¿Qué sigue para Cruz Azul en Concachampions?
Con el pase a semifinales de la Concachampions asegurado tras una remontada que ya forma parte de la historia reciente del club, Cruz Azul enfrenta ahora un camino que promete ser igual de exigente. El rival en la siguiente ronda saldrá del duelo entre Monterrey y Columbus Crew, dos equipos que han demostrado solidez tanto en la liga local como en la competencia continental. Los celestes llegan con ventaja psicológica: según datos de la Concacaf, los equipos mexicanos mantienen un récord de 12 victorias en sus últimos 15 enfrentamientos contra clubes de la MLS en fases eliminatorias, cifras que refuerzan su favoritismo sobre el papel.
El desafío inmediato para la escuadra dirigida por Martín Anselmi será mantener la regularidad que mostró en los minutos finales contra Atlanta. Ese tramo del partido, donde la presión alta y los centros desde las bandas desequilibraron a una defensa hasta entonces firme, podría convertirse en su arma principal. No obstante, la defensa —que sufrió en el primer tiempo con las transiciones rápidas del equipo estadounidense— deberá ajustar líneas para evitar sorpresas.
Históricamente, Cruz Azul ha tropezado en instancias decisivas de la Concachampions, con tres subcampeonatos en la última década. Esta vez, sin embargo, el contexto es distinto: el equipo llega con una racha de siete partidos invictos en todas las competiciones y un ataque más letal, liderado por Uriel Antuna y Carlos Rotondi. La clave, según analistas deportivos, estará en cómo manejen la intensidad física. Las semifinales se jugarán a partido único, un formato que premia a quien mejor administre los recursos en 90 minutos.
Mientras la afición celebra, el cuerpo técnico ya trabaja en los detalles. La ventaja de definir como local en el Estadio Azteca —si logran avanzar— podría ser determinante, pero antes deberán superar a un rival que, sea Monterrey o Columbus, llegará con hambre de revancha. El sorteo definirá fechas exactas, pero una cosa es clara: Cruz Azul no tendrá margen para los errores que casi le cuestan la clasificación ante Atlanta.
El Cruz Azul demostró una vez más por qué su historia en la Concacaf lo respalda: con sangre fría y jerarquía, revirtió un marcador adverso en los minutos finales para dejar atrás al Atlanta United y avanzar a semifinales. No fue solo un triunfo, sino una lección de mentalidad ganadora, donde la experiencia de jugadores como Uriel Antuna y Carlos Rotondi marcó la diferencia cuando el reloj corría en contra.
Para los equipos que aspiran a competir en torneos internacionales, el mensaje es claro: la capacidad de reacción bajo presión define a los grandes, y un plantel con liderazgo en campo puede cambiar el destino de un partido en un abrir y cerrar de ojos. La Liga MX sigue posicionándose como una de las más competitivas del continente, y este tipo de encuentros lo confirman.
Ahora, con la semifinal en el horizonte, el desafío para la Máquina será mantener esa intensidad desde el primer minuto, porque en esta etapa, los rivales no perdonarán errores.

