El estadio Internacional Khalifa vibró hasta sus cimientos cuando Luka Modrić alzó la Copa del tercer puesto, coronando un Croacia – Marruecos que pasó de la tensión al éxtasis en apenas 90 minutos. El 2-1 final no solo selló el mejor resultado histórico de los Vatreni en un Mundial, sino que también dejó a los marroquíes con el sabor agridulce de un torneo donde escribieron páginas gloriosas. Mislav Oršić, con un golazo a los 42 minutos, y Achraf Dari, con un cabezazo letal en el 55, convirtieron el partido en un duelo de voluntades donde el balón quemaba bajo el sol catarí. El desempate llegó con el penal transformado por Modrić en el 69, un remate que pesó más que el cansancio acumulado en siete partidos en menos de un mes.
El Croacia – Marruecos no fue solo el colofón de un Mundial atípico, sino el reflejo de dos equipos que redefinieron lo posible para sus países. Los balcánicos, con una generación que ya tiene en su vitrina un subcampeonato y ahora un bronce, demostraron que su fútbol de toque y garra sigue vigente pese al paso del tiempo. Los Leones del Atlas, por su parte, dejaron claro que su histórica campaña—primera semifinal africana—no fue casualidad, sino el fruto de un juego físico, inteligente y lleno de corazón. Para los aficionados, este partido fue mucho más que un consuelo: una lección de cómo el deporte puede unir narrativas de resistencia, talento y, sobre todo, orgullo.
Un tercer puesto con historia para dos sorpresas del Mundial

El partido por el tercer puesto del Mundial rara vez genera el mismo brillo que la final, pero Croacia y Marruecos lo convirtieron en un espectáculo digno de recuerdo. Dos selecciones que llegaron al torneo con expectativas moderadas terminaron escribiendo páginas históricas: los balcánicos repitieron su hazaña de 1998 al colgarse otra medalla de bronce, mientras que los africanos, primeros del continente en alcanzar semifinales, demostraron que su campaña no fue casualidad.
El duelo en el estadio Khalifa Internacional tuvo de todo: goles tempranos, un penal polémico y un ritmo que no decayó ni siquiera cuando el cansancio acumulado de siete partidos en menos de un mes pesaba en las piernas. Los analistas destacaron después cómo ambos equipos mantuvieron su identidad hasta el final: Croacia con su posesión paciente y letal en contraataques, Marruecos con su presión asfixiante y transiciones vertiginosas.
El dato que resume la trascendencia del encuentro: con este triunfo, Croacia se convirtió en el tercer país en ganar dos medallas de bronce en Copas del Mundo, algo que solo habían logrado antes Alemania y Polonia. Para Marruecos, aunque la derrota dolió, el cuarto lugar sigue siendo su mejor resultado en la historia.
Quedará para el anecdotario cómo el técnico croata, con lagrimas en los ojos durante el himno, dedicó el partido a los jugadores que se retiran de la selección. Mientras, en las gradas, los aficionados marroquíes coreaban a sus héroes como si hubieran alzado el trofeo.
Gvardiol y En-Nesyri brillan en el partido más abierto de Qatar

El partido por el tercer puesto rara vez decepciona, pero Croacia y Marruecos elevaron el listón hasta convertirlo en el encuentro más vibrante de Qatar 2022. Con dos equipos decididos a cerrar su Mundial con broche de oro, el ritmo no decayó ni un minuto. Los defensas brillaron tanto como los delanteros, pero fue Joško Gvardiol quien se erigió como figura clave: su anticipación para cortar balones largos y su salida limpia con el balón en los pies desactivaron en repetidas ocasiones el contraataque marroquí.
Al frente, Youssef En-Nesyri demostró por qué es el referente ofensivo de Marruecos. Su gol al minuto 9, tras una jugada de pizarra que descolocó a la zaga croata, fue solo el preludio de un duelo personal con Livaković. El delantero del Sevilla remató cinco veces a puerta, una cifra que iguala su registro en toda la fase de grupos.
Los analistas destacaron después del partido cómo ambos jugadores —Gvardiol y En-Nesyri— representaron el contraste perfecto: juventud contra experiencia, solidez defensiva frente a desborde ofensivo. Mientras el croata, de 20 años, consolidó su reputación como uno de los centrales más prometedores del torneo, el marroquí afianzó su rol de líder en un equipo que ya piensa en 2026.
El ritmo no dio tregua. Cada recuperación de balón se convertía en una transición vertiginosa, con Croacia apostando por los cambios de juego largos y Marruecos explotando los espacios por las bandas. Fue fútbol de alto voltaje, donde el error se pagaba caro y la intensidad no conocía pausas.
El legado de Croacia y Marruecos más allá del podio

El partido por el tercer puesto rara vez pasa a la historia, pero Croacia y Marruecos lo convirtieron en un espectáculo que trascendió el marcador. Ambos equipos, con trayectorias opuestas en el torneo, dejaron una huella imborrable: los balcánicos demostraron por qué son la selección más consistente de la última década —cuatro top cinco en cinco Mundiales—, mientras que los africanos confirmaron su ascenso como potencia emergente. Según análisis de la FIFA, Marruecos se convirtió en el primer equipo africano y árabe en alcanzar semifinales, rompiendo barreras que ni las leyendas del continente habían logrado.
El legado de Croacia, en cambio, se mide en resistencia. Con una plantilla donde solo tres jugadores rondan los 30 años, su juego de posesión y presión alta sigue siendo referencia.
Para Marruecos, el impacto va más allá del fútbol. Su campaña desató una ola de orgullo en África y el mundo árabe, donde millones celebraron cada avance como propio. Las calles de Rabat, Casablanca o El Cairo vibraron con la misma intensidad que los estadios, probando que el deporte puede unir regiones enteras. La selección, con una base de jugadores nacidos o formados en Europa, también reabrió el debate sobre la identidad y el talento migrante en el fútbol moderno.
Ambos equipos salieron del Ahmad bin Ali con la cabeza en alto: uno con la medalla de bronce, el otro con el respeto del mundo.
El partido por el tercer puesto entre Croacia y Marruecos demostró que incluso sin una final en juego, el fútbol puede entregar intensidad, calidad y momentos inolvidables, con un 2-1 que coronó a los balcánicos como los mejores del resto, pero que dejó en claro el valor histórico de un equipo marroquí que ya es leyenda en África. Más allá del marcador, el encuentro fue un recordatorio de que los duelos decisivos —aunque no definan al campeón— revelan carácter, y este equipo de Zlatko Dalić lo confirmó una vez más con su temple en los minutos finales.
Quienes busquen entender el secreto de estos equipos harían bien en repasar no solo las jugadas clave, sino su capacidad para reinventarse bajo presión: Croacia, con su experiencia en instancias definitivas, y Marruecos, con una garra que trascendió cualquier pronóstico. El Mundial de Catar cierra así un capítulo, pero el legado de ambos conjuntos —uno con su tercera medalla consecutiva en Copas del Mundo, el otro como el primer equipo africano en semifinales— seguirá inspirando cuando el balón vuelva a rodar en 2026.

