Tres jueces del Poder Judicial de Jalisco perdieron sus cargos en lo que va de 2024, tras ser destituidos por actos de corrupción comprobados. La decisión, emitida por el Consejo de la Judicatura del Estado de Jalisco, marca un precedente en la lucha contra la impunidad dentro de uno de los sistemas judiciales más grandes del país, donde la confianza ciudadana lleva años en entredicho. Los casos, que incluyen sobornos, tráfico de influencias y resoluciones irregulares, fueron documentados mediante investigaciones internas y denuncias anónimas que derivaron en procesos disciplinarios sin derecho a apelación.

El Consejo de la Judicatura del Estado de Jalisco no solo actúa como órgano de control administrativo, sino como un termómetro de la salud institucional en una entidad donde el 68% de los ciudadanos percibe altos niveles de corrupción en los tribunales, según datos de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2023. Estas destituciones, aunque tardías para algunos sectores, reflejan una presión creciente por transparencia en un sistema donde la opacidad ha permitido que redes de complicidad operen durante décadas. El mensaje es claro: la tolerancia a la deshonestidad en la impartición de justicia tiene un límite, al menos sobre el papel.

El papel del Consejo en la depuración judicial

El Consejo de la Judicatura del Estado de Jalisco actúa como órgano disciplinario y de supervisión dentro del Poder Judicial local. Su función no se limita a la administración de recursos humanos o logísticos, sino que incluye la facultad de investigar, sancionar y, en casos graves, destituir a jueces cuyo desempeño comprometa la integridad del sistema. Según datos del Informe Anual de Transparencia Judicial 2023, este organismo recibió 187 quejas por posibles irregularidades en el último año, de las cuales el 12% derivaron en procesos formales de depuración.

La depuración judicial exige un proceso riguroso. Tras una denuncia fundamentada, el Consejo integra expedientes, recaba pruebas y, si hay indicios suficientes, inicia un procedimiento administrativo con audencias donde el juez implicado puede presentar su defensa. Solo cuando se acredita la falta —ya sea por corrupción, negligencia o abuso de autoridad— se emite una resolución definitiva.

En el caso de los tres magistrados destituidos en 2024, el Consejo actuó tras detectar patrones recurrentes: sobornos para alterar fallos, omisión deliberada de plazos procesales y uso indebido de influencias. Expertos en derecho administrativo señalan que, aunque la destitución es la sanción más severa, su aplicación envía un mensaje claro a la judicatura: la impunidad no tiene cabida.

Más allá de las sanciones, el Consejo promueve mecanismos preventivos, como capacitaciones en ética judicial y sistemas de alerta temprana para detectar conductas irregulares. La meta no es solo castigar, sino fortalecer la confianza ciudadana en un poder que, por definición, debe ser ejemplar.

Tres casos que sacudieron la impartición de justicia

El caso del juez que liberó a un presunto feminicida en 2023 con argumentos legales cuestionables marcó un precedente. La resolución, anulada meses después por el Tribunal Superior de Justicia, reveló irregularidades en el análisis de pruebas y posibles influencias externas. Documentos internos mostraron que el magistrado ignoró periciales forenses clave, incluyendo un informe de la Fiscalía que vinculaba directamente al acusado con la escena del crimen. La destitución llegó tras una investigación que confirmó patrones de negligencia en al menos cinco casos similares.

Otro escándalo estalló cuando se descubrió que una jueza de lo familiar en Guadalajara aceptaba sobornos para acelerar trámites de custodia. Grabaciones filtradas a la prensa capturaron conversaciones donde negociaba pagos en efectivo a cambio de fallos favorables. Según datos del Consejo de la Judicatura, este esquema operó durante dos años y afectó a más de 30 familias. La jueza, con 15 años en el cargo, fue removida en enero de 2024 tras un proceso disciplinario récord por su gravedad.

El tercer caso involucró a un magistrado del distrito de Puerto Vallarta, vinculado a una red que falsificaba sentencias en juicios mercantiles. Peritos en derecho penal señalaron que al menos 12 resoluciones entre 2021 y 2023 contenían firmas apócrifas y modificaciones en fechas. El esquema, desmantelado en operación conjunta con la Fiscalía Anticorrupción, expuso cómo se alteraban expedientes para beneficiar a empresas fantasma. La destitución aquí incluyó una recomendación al Ministerio Público para investigar posibles delitos de asociación delictuosa.

Estos casos reflejan un problema sistémico: el 18% de las quejas recibidas por el Consejo en 2023 estaban relacionadas con corrupción, según su último informe anual.

¿Qué sigue tras las destituciones históricas?

Las destituciones sin precedente de tres jueces en Jalisco no son el final, sino el inicio de un proceso más amplio. Según datos del Informe Nacional de Transparencia Judicial 2023, el 68% de los casos de corrupción en el poder judicial mexiquense quedan impunes por falta de seguimiento. El Consejo de la Judicatura del Estado ya anunció que los expedientes de los magistrados removidos se turnarán a la Fiscalía Anticorrupción para determinar si hay elementos que ameriten acciones penales, no solo administrativas.

El siguiente paso será la revisión de al menos 15 procesos judiciales en los que participaron los jueces destituidos. Analistas en derecho penal señalan que, en casos similares, la anulación de sentencias viciadas por corrupción ha tomado entre 8 y 12 meses, dependiendo de la complejidad de cada expediente.

Mientras tanto, el Consejo implementará un protocolo de evaluación aleatoria para los 217 jueces activos en el estado. El mecanismo incluirá auditorías a resoluciones con patrones sospechosos, como fallos recurrentes a favor de determinados bufetes o demoras injustificadas.

La presión social también jugará un papel clave. Colectivos de abogados y organizaciones civiles ya exigen que se haga público el nombre de los jueces sancionados y los detalles de las irregularidades cometidas, algo que, hasta ahora, el Consejo no ha confirmado si revelará.

La destitución de tres jueces en Jalisco por actos de corrupción en 2024 confirma que el Consejo de la Judicatura del Estado no solo identifica fallas, sino que actúa con contundencia cuando las pruebas lo exigen, un mensaje claro en un sistema donde la impunidad ha erosionado la confianza ciudadana. Que estos casos trasciendan el papel y lleguen a sanciones reales marca un precedente, aunque el verdadero desafío será sostener esta firmeza sin selectividades ni presiones políticas. Para quienes dependen de la justicia—desde víctimas de delitos hasta empresarios en disputas comerciales—la recomendación sigue siendo la misma: documentar cada interacción con tribunales, exigir folios y, ante irregularidades, recurrir a los canales de denuncia del Consejo, donde ahora hay indicios de que el mecanismo funciona. El próximo paso no es solo depurar más nombres, sino blindar los procesos para que la corrupción deje de ser un riesgo calculable dentro de los juzgados.