El Estadio Akron estalló en el minuto 89 cuando Víctor Guzmán encontró a José Rojas Vega en la frontal del área, y el delantero remató con una bomba imparable que se coló por el ángulo izquierdo de Unai Simón. Fue el 2-2 definitivo, un gol que borró la ventaja del Athletic y llevó el Guadalajara vs. Athletic a una tanda de penaltis donde el Rebaño Sagrado demostró temple: cuatro disparos convertidos, uno atajado por Miguel Jiménez, y el pase a cuartos de final del Trofeo Santiago Bernabéu sellado con drama puro. Los números no mienten: Chivas remató solo cinco veces en todo el partido, pero dos terminaron en gol—y la última, en leyenda.

El duelo Guadalajara vs. Athletic no era cualquier amistoso. Frente a un equipo de LaLiga con ritmo competitivo y físicamente superior, las Chivas llegaron como el único representante mexicano en el torneo, cargando la presión de una afición que exige grandeza incluso en pretemporada. La remontada en tiempo reglementario y la frialdad desde los once pasos no solo salvó el prestigio: confirmó que este equipo, bajo el mando de Fernando Gago, ya no se achica ante rivales europeos. Para los rojiblancos, en cambio, la derrota deja más dudas que respuestas antes de arrancar la liga.

Un duelo de ida con sabor a revancha

El duelo entre Chivas y Athletic Club llegó cargado de historia. La última vez que se enfrentaron en territorio vasco, las Chivas cayeron 3-0 en la Liga MX 2022, un resultado que aún pesaba en la memoria del equipo tapatío. Esta vez, sin embargo, el Rebaño Sagrado llegó con otra mentalidad: una defensa más compacta y un mediocampo que cortó desde el inicio las jugadas de Iñaki Williams, figura clave del Athletic en partidos anteriores.

El primer tiempo fue un ajedrez táctico. El conjunto de Fernando Gago priorizó la posesión, pero sin arriesgar en exceso. Los leones, por su parte, apostaron por contraataques rápidos que terminaron ahogados por la solidez de la zaga mexicana. Según datos de Opta, Chivas recuperó el balón 18 veces en campo rival durante los primeros 45 minutos, una cifra que evidenció su intención de jugar cerca del área de Unai Simón.

El sabor a revancha no se hizo esperar. A los 23 minutos, un tiro libre de Víctor Guzmán obligó al portero vasco a estirarse al máximo. La grada del San Mamés, acostumbrada a ver a su equipo dominar, comenzó a inquietarse. El Athletic, presionado por la necesidad de marcar, perdió precisión en el pase largo, su arma más letal contra equipos que se repliegan.

Pero el fútbol castiga los errores. Y Chivas lo sabía.

El disparo de Vega que revivió la leyenda

El estadio Akron estalló cuando el balón se coló por el ángulo superior izquierdo. Víctor Guzmán había asistido con un pase filtrado desde media cancha, pero el mérito era de José Rojas Vega, ese delantero que lleva el número 11 como una promesa cumplida. Su zurda, precisa y letal, no dejó opciones al portero del Athletic. El cronómetro marcaba 89 minutos, y con ese golazo—su tercero en lo que va del torneo—el Rebaño revivió la épica que lo caracteriza: la de los remontes imposibles, la de los héroes que surgen cuando el reloj apremia.

No era casualidad. Vega, con 22 años y una temporada donde su efectividad supera el 60% en definiciones dentro del área, se ha convertido en el símbolo de esta Chivas que no entiende de rendiciones. Los analistas ya lo señalan: su capacidad para aparecer en momentos clave lo acerca al perfil de los ídolos históricos del club, esos que escribían su nombre con goles en partidos definitivos.

El Athletic, que había contenido al equipo tapatío durante casi todo el encuentro, vio cómo se le escapaba la clasificación en un instante. La defensa, impecable hasta entonces, no pudo con la velocidad de la jugada ni con la frialdad de un delantero que, esta vez, eligió el momento exacto para brillar.

Cuando el silbato final confirmó el empate, la afición ya coreaba su nombre. Vega no celebró con euforia; más bien, asintió como quien sabe que el trabajo aún no terminaba. La tanda de penaltis sería otro capítulo, pero ese disparo—cargado de técnica y audacia—quedará en la memoria como el instante en que Chivas recordó por qué su leyenda nunca muere.

Qué sigue para el Rebaño tras el pase heroico

El Rebaño Sagrado avanza con el peso de la historia a cuestas. La remontada ante el Athletic Club no solo reafirma su temple en instancias decisivas, sino que extiende una racha notable: Chivas lleva tres eliminatorias consecutivas en competiciones internacionales definidas desde los doce pasos. Los números no mienten: según datos de la Concacaf, solo el 28% de los equipos que igualan en el marcador global logran superar la ronda en series de penaltis.

Lo que viene es terreno conocido pero no por ello menos exigente. El próximo rival surgirá del duelo entre América y Pachuca, dos escuadras que han medido fuerzas con Guadalajara en los últimos seis meses. La ventaja psicológica podría inclinarse hacia el lado rojiblanco: en el Clausura 2024, Chivas venció a ambos en el Estadio Akron.

Fuera del campo, la directiva enfrenta decisiones clave. La irregularidad en la fase de grupos —donde apenas sumó siete puntos— expuso debilidades en la creación de juego. Analistas destacan la urgencia de reforzar el mediocampo si aspiran a pelear el título.

Mientras, la afición ya sueña. La última vez que el Rebaño alcanzó semifinales en un torneo continental fue en 2018. Cinco años después, con un equipo que mezcla juventud y experiencia, la oportunidad de borrar esa sequía está servida.

El Chivas demostró una vez más que el fútbol se escribe con emoción hasta el último segundo: un golazo de Vega al 89’ para forzar la prórroga y una serie de penaltis impecable terminaron por sepultar al Athletic en una noche donde el corazón rojiblanco latió más fuerte que el juego mismo. Fue un partido que ratificó por qué este equipo, incluso en sus peores momentos, nunca deja de creer—y de hacer sufrir (o vibrar) a su afición hasta el pitido final.

Quien pretenda entender el verdadero peso de la camiseta de Guadalajara debe revisar estos 120 minutos: no hay táctica que supere el instinto de un equipo que se niega a perder, ni análisis que explique el voltaje de un estadio cuando la pelota besa el ángulo en el último suspiro. Para los técnicos, el mensaje es claro: contra el Rebaño, el plan A puede desmoronarse en un destello de genialidad ajena.

Ahora el camino se abre hacia la siguiente ronda, donde el rival ya sabe que enfrentará algo más peligroso que un conjunto: una leyenda que se alimenta de remontadas y noches como esta.