El Estadio Akron estalló en el minuto 89 cuando Víctor Guzmán clavó el balón al fondo de la red, sellando una remontada que ya huele a leyenda. Chivas, con el agua al cuello y un marcador adverso, le dio la vuelta al partido contra Atlético San Luis en los instantes finales, demostrando una vez más por qué el drama y la épica son su sello en este Clausura 2024. El 2-1 no solo le regaló tres puntos vitales al Rebaño, sino que dejó en evidencia la fragilidad defensiva de un rival que, pese a su ventaja inicial, no supo administrarla.
El duelo entre Guadalajara y Atlético San Luis no fue un partido más en la jornada. Llegaba cargado de necesidad para ambos: los rojiblancos, urgidos por mantenerse en la pelea por la Liga, y los potosinos, buscando consolidarse en la parte alta de la tabla. Pero el fútbol, caprichoso y cruel, premió a quien supo sufrir y creer hasta el último segundo. La victoria no solo alivia la presión sobre José Rada, sino que reaviva la conversación sobre el carácter de un equipo que, cuando parece ahogarse, emerge con golpes de teatro como el de anoche.
Un Clásico de Ida con sabor a final

El duelo entre Chivas y Atlético San Luis no fue un partido más en el Akron. Desde el pitido inicial, el estadio vibró con la intensidad de un clásico que olía a definición. Las Chivas, urgidas por sumar de a tres tras un inicio irregular en el torneo, salieron con una presión alta que ahogó a los potosinos en los primeros 20 minutos. El equipo de Apertura 2023 —que había cerrado como el segundo mejor ataque local— demostró por qué su cancha es un feudo complicado: 68% de posesión en el primer tiempo y 12 llegadas claras antes del descanso, según datos de la Liga MX.
Pero el fútbol castiga la imprecisión. San Luis, ordenado y letal en la contra, abrió el marcador con un golpe certero al minuto 35. La jugada nació de un error en la salida de Rulli, ese detalle que en partidos así se paga con moneda corriente. El silencio en las gradas duró menos de un minuto: el grito de «¡Chivas, Chivas!» se transformó en un coro de reclamo.
El segundo tiempo fue un monólogo rojiblanco. Víctor Guzmán, con su jerarquía de campeón, tomó las riendas del mediocampo y desequilibró con pases filtrados que desarmaron la defensa visitante. El empate llegó al 70’, pero el gol de Vega al 89’ —un remate cruzado desde el borde del área— no solo le dio los tres puntos al Rebaño, sino que revivió el estilo de un equipo acostumbrado a sufrir hasta el final.
San Luis se fue con las manos vacías, pero con la cabeza en alto: resistió 88 minutos a un rival que, en su casa, no perdona.
El gol de Zaldívar que revivió al Rebaño

El estadio Akron estalló cuando el balón se coló por el segundo poste. A un minuto de que el árbitro pitara el final, Roberto Alvarado filtró un pase milimétrico hacia la frontal del área, donde Víctor Zaldívar —ingresado al 75’— controló con el pecho y remató de primera. La pelota besó la red al lado del arquero Andrés Sánchez, quien apenas pudo rozarla con los dedos. Fue el gol que le dio vida a un Chivas que, hasta ese momento, había lucido ahogado por la presión de un Atlético San Luis que defendió con orden su ventaja.
Zaldívar, con solo su segundo gol en el torneo, se convirtió en el héroe inesperado. Los analistas destacaron después cómo el cambio táctico de Veljko Paunović —sacrificar un mediocampista por un delantero de área— desequilibró a una defensa potosina que hasta entonces había contenido sin mayores sobresaltos a un ataque rojiblanco falto de ideas.
El tanto no solo igualó el marcador, sino que revirtió la inercia del partido. Según datos de la Liga MX, Chivas había intentado 14 remates previo al gol, pero solo 3 habían llegado entre los tres palos. La estadística reflejaba la frustración de un equipo que, pese a dominar la posesión, chocaba una y otra vez contra un muro defensivo.
La celebración de Zaldívar, corriendo hacia la bancada con los brazos abiertos, resume lo que significó ese instante: no era solo un gol, sino el despertar de un equipo que necesitaba urgente un respiro en su irregular campaña.
Qué significa este triunfo para el Apertura 2024

La victoria de Chivas ante Atlético San Luis no solo revivió el dramatismo en el Akron, sino que reconfiguró el mapa de poder en el Apertura 2024. Con este triunfo, el Rebaño se consolida en la zona alta de la tabla, sumando su tercera victoria consecutiva en casa y enviando un mensaje claro: la irregularidad inicial queda atrás. Los números respaldan la recuperación: según datos de la Liga MX, Guadalajara ha mejorado un 40% su efectividad ofensiva en los últimos cinco partidos, con un promedio de 1.8 goles por encuentro en ese lapso.
Para el torneo, el resultado tiene un peso estratégico. Atlético San Luis, que llegó al partido como uno de los equipos más sólidos en defensa, vio cómo su invicto de cuatro juegos se esfumó en los minutos finales. Esto abre una brecha en la pelea por los primeros lugares y obliga a los potosinos a replantear su esquema ante rivales de jerarquía.
El gol en el 89’ no fue solo un golpe anímico, sino un golpe táctico. Analistas destacan que la capacidad de Chivas para mantener la presión hasta el último suspiro—algo que no se veía con claridad en ediciones anteriores—podría ser la clave para aspirar al título. La remontada, además, refuerza la moral de un vestuario que ahora enfrenta con otra energía los partidos clave.
Queda por ver si este triunfo es el parteaguas definitivo o solo un destello. Lo cierto es que, a falta de la mitad del campeonato, Guadalajara ya no puede ser subestimado.
El Chivas demostró una vez más que el espíritu de remontada late fuerte en el Akron, donde un gol agonizante de Víctor Guzmán en el minuto 89’ le dio vuelta al marcador y selló un 2-1 vibrante contra el Atlético San Luis. Fue un partido de dos caras: un primer tiempo dubitativo y un complemento con garra, donde la presión alta y los cambios tácticos de Velasco terminaron por doblegar a un rival que se quedó sin gas en los minutos finales.
Quien busque entender el fútbol como juego de fe debe mirar estos partidos: el Rebaño no bajó los brazos ni cuando el reloj jugaba en contra, y eso marca la diferencia entre sumar de a tres o conformarse con las migajas. Los aficionados ya lo saben, pero vale recordarlo: en la Liga MX, la concentración hasta el silbatazo final no es opción, es obligación.
Ahora el desafío es mantener esa intensidad el sábado ante Puebla, donde el equipo deberá demostrar si esta victoria fue un destello o el inicio de una racha consistente.

