Siete cadáveres, balaceras en plena calle y un saldo de terror marcaron Veracruz en menos de 48 horas. El Cartel del Noreste, brazo armado del Cártel de los Zetas, desató una ola de violencia que paralizó municipios como Poza Rica y Martínez de la Torre, donde sicarios ejecutaron rivales y civiles con rifle en mano. Las autoridades confirmaron los hechos, pero el miedo ya se extendió: los enfrentamientos dejaron claro que la disputa por el norte de Veracruz no es solo por rutas de tráfico, sino por el control absoluto del territorio.
La escalada no sorprende a quienes siguen la guerra entre cárteles en la región. Desde 2023, el norte de Veracruz se convirtió en un polvorín donde el Cartel del Noreste choca con el Cártel de Sinaloa y grupos locales por el dominio de la droga, el robo de combustible y la extorsión. Lo nuevo es la audacia: ahora los ataques ocurren a plena luz, con bloqueos de carreteras y videos de sicarios retando a las fuerzas federales. Para los veracruzanos, el mensaje es directo: la paz en la zona depende de quién gane esta batalla sangrienta.
El ascenso sangriento del Cártel del Noreste en Veracruz
El Cártel del Noreste (CDN) irrumpe en Veracruz con una violencia que recuerda sus peores años en Tamaulipas. Lo que comenzó como una escisión del Cártel de los Zetas en 2017 se ha convertido en una amenaza expansiva, con células operando en al menos 12 municipios veracruzanos, según informes de la Secretaría de Seguridad Pública federal. Su método es claro: infiltrar zonas rurales, reclutar jóvenes en comunidades marginadas y establecer corredores para el tráfico de fentanilo hacia el centro del país.
La estrategia no es nueva, pero su ejecución sí lo es. A diferencia de otros grupos que priorizan el control territorial, el CDN actúa como una red fragmentada pero letal. En 2023, el 68% de los homicidios vinculados a este cártel en la región ocurrieron en emboscadas o ajustes de cuentas entre células rivales, patrón que se repitió en los últimos enfrentamientos.
Analistas en seguridad señalan que su avance responde a dos factores: la debilidad institucional en zonas como Tuxpan y Poza Rica, y la alianza táctica con remanentes de la antigua generación de zetas. No buscan gobernar plazas, sino desestabilizar para operar en la sombra.
El salto a Veracruz no fue casual. La entidad, con sus 720 kilómetros de costa y rutas hacia el Estado de México, se convirtió en el eslabón perfecto para conectar la producción de drogas sintéticas en el noreste con los mercados del centro. Las balaceras de las últimas 48 horas son solo el síntoma más visible de una guerra que lleva meses cocinándose a fuego lento.
Balaceras en Poza Rica y Pánuco: crónica de 48 horas
La violencia estalló en Poza Rica el jueves por la tarde, cuando un comando armado irrumpió en el barrio La Mora. Testigos relataron balaceras sostenidas durante más de una hora, con vehículos incendiados y comercios cerrando sus persianas a toda prisa. La Fiscalía estatal confirmó tres muertos en el lugar, entre ellos un presunto halcón vinculado al Cártel del Noreste.
Doce horas después, el conflicto se desplazó hacia Pánuco. Allí, un operativo conjunto entre la Guardia Nacional y la Secretaría de Marina desató un nuevo enfrentamiento en la carretera federal 180. Según informes preliminares, los sicarios usaron vehículos blindados y granadas de fragmentación. Un reporte de la Secretaría de Seguridad Pública estatal indica que, en lo que va del año, Veracruz registra un aumento del 30% en incidentes con armas de alto poder en comparación con 2023.
El viernes al amanecer, las calles de ambos municipios amanecieron con casquillos percutidos y sangre seca. Mientras las autoridades recababan evidencias, habitantes denunciaron en redes sociales la ausencia de patrullajes preventivos.
Para el mediodía, el saldo era claro: cuatro víctimas más en Pánuco, entre ellas dos civiles atrapados en el fuego cruzado. Analistas en seguridad señalan que la disputa territorial entre el Cártel del Noreste y grupos locales por el control de rutas de robo de combustible ha recrudecido la violencia en la zona norte del estado.
Gobierno despliega operativos mientras la violencia persiste
El gobierno de Veracruz activó operativos coordinados entre la Guardia Nacional, la Secretaría de Marina y la Fiscalía General del Estado tras los enfrentamientos entre células del Cártel del Noreste y grupos rivales que dejaron siete muertos en menos de 48 horas. Las zonas más afectadas, como los municipios de Pánuco y Tampico Alto, registraron bloqueos de carreteras y balaceras que paralizaron actividades comerciales.
Según datos de la Secretaría de Seguridad Pública, en lo que va del año se han desplegado más de 1,200 elementos en la región para contener la escalada de violencia, aunque los resultados siguen siendo limitados. Analistas en seguridad señalan que la fragmentación del crimen organizado en la zona dificulta las estrategias de contención.
Mientras tanto, autoridades estatales reforzaron los patrullajes en carreteras federales y puntos críticos, aunque residentes denuncian que los operativos son reactivos y no preventivos. La presencia militar, aunque visible, no ha logrado frenar los cobros de derecho de piso ni las extorsiones a transportistas.
El último reporte de la Fiscalía confirma que, además de los siete fallecidos, al menos cuatro vehículos fueron incendiados durante los enfrentamientos.
Los recientes enfrentamientos entre el Cártel del Noreste y grupos rivales en Veracruz dejan en evidencia la escalada de violencia que azota la región, donde la disputa por rutas de tráfico y control territorial sigue cobrando vidas con una crueldad que parece no tener freno. La rapidez con la que se sucedieron los ataques—siete muertos en menos de 48 horas—subraya la urgencia de una respuesta coordinada entre autoridades federales, estatales y locales, más allá de los operativos esporádicos que rara vez logran desarticular las estructuras criminales. Mientras las comunidades viven bajo el acecho de balaceras y bloqueos, la recomendación para los habitantes sigue siendo clara: evitar zonas de riesgo, reportar actividades sospechosas a través de canales oficiales y mantenerse informados por fuentes verificadas, sin caer en el pánico que alimentan los rumores. Lo que viene no será fácil, pero la presión ciudadana organizada y la exigencia de transparencia en las investigaciones podrían marcar la diferencia en una batalla que, hasta ahora, el crimen lleva ganando.
