El balón se coló entre las piernas de Borjan en el minuto 78, sellando un giro que Canadá merecía pero no pudo sostener. Romelu Lukaku, recién ingresado, le dio la vuelta al marcador con un remate cruzado que dejó a los maple leafs sin aire y a Bélgica respirando alivio en un partido donde el dominio no siempre se traduce en goles. La victoria 1-0, sufridora y tardía, dejó al descubierto las dos caras del fútbol: la eficacia fría de los Diablos Rojos y la frustración de un Canadá que, por segunda vez en su historia mundialista, se despide sin puntos a pesar de jugar de igual a igual.

El encuentro Bélgica vs Canadá no fue el duelo de un gigante contra un debutante, sino el choque entre una generación belga en su ocaso y una selección norteamericana que llegó para quedarse. Para los aficionados, el partido confirmó lo que ya se intuía: que este Mundial reservaba sorpresas donde el favoritismo se escribe con tiza. Y para los técnicos, dejó una lección clara: en el Bélgica vs Canadá, el gol de Lukaku no solo salvó tres puntos, sino que expuso cómo un instante de clase individual puede borrar 77 minutos de superioridad colectiva.

Un Canadá valiente domina sin convertir

Un Canadá valiente domina sin convertir

Canadá no se amedrentó ante el gigante europeo. Con un juego vertical y presión alta desde el primer minuto, los dirigidos por John Herdman demostraron que su clasificación al Mundial no fue casualidad. Las estadísticas lo respaldan: 21 remates —tres al arco— y un 56% de posesión en la primera mitad, cifras que desmontan el mito de la inferioridad concacaf.

El gol anulado a Alphonso Davies en el minuto 10 por un fuera de juego milimétrico marcó el tono: fortuna esquiva, pero audacia intacta. La velocidad de Tajon Buchanan por la banda derecha y los desbordes de Richarlison desequilibraron una defensa belga que lució lenta y desorganizada en los primeros 45 minutos.

Analistas destacados señalaron después del partido que el error táctico de Bélgica fue subestimar la intensidad física canadiense. La presión en bloque alto asfixió a De Bruyne y Tielemans, obligándolos a jugar largos balones que la zaga norteamericana cortaba con solvencia.

El segundo tiempo trajo ajustes, pero no retroceso. Canadá mantuvo la iniciativa hasta el minuto 70, cuando el desgaste físico y la entrada de frescura belga —como Carrasco— inclinaron la balanza. Aun así, el arquero Milan Borjan, con cinco atajadas clave, evitó una goleada que el marcador no reflejó.

Quedó la sensación de que el 1-0 no hizo justicia al partido. Por primera vez en 36 años, Canadá compitió de igual a igual contra una potencia mundial. Y lo hizo sin complejos.

Lukaku rompe el muro en el 78 con asistencia de De Bruyne

Lukaku rompe el muro en el 78 con asistencia de De Bruyne

El muro canadiense aguantó 77 minutos y 58 segundos. Román Lukaku, con la precisión de un francotirador, lo derribó de un zurdazo cruzado que se coló por el segundo palo. La asistencia, cómo no, llegó de los pies de Kevin De Bruyne, quien filtró un pase milimétrico entre tres defensas para dejar al delantero del Inter en posición de remate. Fue el gol número 68 de Lukaku con la selección belga, consolidándolo como el máximo goleador histórico de los Diablos Rojos y el tercer jugador europeo con más goles en selecciones, solo por detrás de Cristiano Ronaldo y Ferenc Puskás.

El tanto llegó tras una jugada ensayada en el banquillo. Roberto Martínez había movido fichas minutos antes, sacando a Dries Mertens para dar entrada a Yannick Carrasco por la banda izquierda. Ese cambio desequilibró: Carrasco atrajo a dos marcadores, dejando espacio para que De Bruyne, libre de presión, dictara el pase decisivo. Los analistas destacaron después la visión periférica del centrocampista del Manchester City, capaz de detectar el desmarque de Lukaku entre la línea defensiva y el portero Milan Borjan.

Canadá, que había contenido a Bélgica con bloque bajo y transiciones rápidas, vio cómo el gol les arrebataba el premio a un partido impecable tácticamente. Borjan, héroe en los primeros 45 minutos con tres atajadas clave, no pudo esta vez: el disparo de Lukaku, a 104 km/h según los datos de la FIFA, fue imparable.

La celebración belga fue contenida, consciente de que el empate dejaba más preguntas que respuestas. Lukaku, en lugar de correr hacia el banco, se llevó las manos a los oídos, como pidiendo silencio a las críticas previas. Un gesto que habló más que cualquier declaración.

Belgica respira, pero el grupo sigue en juego

Belgica respira, pero el grupo sigue en juego

El alivio llegó tarde, pero llegó. Bélgica evitó lo que habría sido un batacazo histórico en su estreno mundialista gracias al gol de Lukaku en el minuto 78, un remate cruzado que rompió el muro defensivo canadiense. Los Diablos Rojos, segundo en el ranking FIFA antes del torneo, mostraron grietas preocupantes contra un rival que, sobre el papel, partía como claro desfavorecido. La presión ahora recae en Roberto Martínez: su equipo, con una generación dorada en claro ocaso, no puede permitirse otro tropiezo si quiere aspirar a algo más que la supervivencia en Qatar.

Canadá, por su parte, se quedó con la miel en los labios. Dominó el ritmo, generó más ocasiones (21 disparos, 3 a puerta) y demostró que su fútbol, basado en la intensidad y la verticalidad, puede incomodar a cualquiera. La estadística es elocuente: solo el 28% de los equipos que pierden su primer partido con más de 2 goles de ventaja en tiros terminan clasificando. Pero el torneo sigue vivo, y John Herdman tiene argumentos para mantener la fe.

El grupo F sigue abierto. Croacia, campeona del mundo en 2018, y Marruecos completan un cuadro donde el margen de error es mínimo. Bélgica, con Lukaku de vuelta a la titularidad tras su lesión, necesita recuperar su mejor versión. Canadá, en cambio, debe aprender a matar partidos.

La próxima jornada será clave: los europeos se miden a Marruecos, mientras los norteamericanos enfrentan a los balcánicos. Un solo desliz podría dejar a ambos al borde del abismo.

El triunfo de Bélgica sobre Canadá con un gol agonizante de Lukaku al 78’ dejó al descubierto las dos caras de este Mundial: la eficacia fría de un equipo con oficio y la crudeza de un debutante que mereció más. Los Red Devils demostraron por qué siguen siendo aspirantes, aunque con grietas evidentes, mientras que los canadienses se marcharon con la cabeza alta, pero sin los puntos que su juego audaz merecía. Para selecciones emergentes como la de Herdman, el mensaje es claro: el fútbol no siempre premia a quien más lo busca, pero la consistencia en la definición marca la diferencia entre la gloria y el olvido. El próximo rival de Bélgica, Marruecos, ya tiene advertencia; Canadá, en cambio, enfrentará a Croacia con la urgencia de convertir su valentía en resultados.