El Atlas escribió otra página épica en su historia al remontar un 0-2 con tres goles en apenas 12 minutos, un vendaval que barrió a Tigres y lo dejó fuera del Clausura 2024. El equipo de los Zorros demostró una vez más por qué su ADN incluye la resiliencia en momentos críticos, transformando lo que parecía una eliminación segura en una de esas noches que quedan grabadas en la memoria del fútbol mexicano. El Estadio Jalisco vibró con una reacción que combinó precisión, garra y una frialdad letal frente al arco.

El duelo entre Atlas y Tigres no solo definió un pase a semifinales, sino que reafirmó el contraste de estilos que hace de este enfrentamiento uno de los más intensos del torneo. Mientras los felinos llegaron con la ventaja del marcador y un juego basado en la posesión, los rojinegros respondieron con lo que mejor saben: desordenar planes, aprovechar los errores y convertir la presión en goles. Para los aficionados, fue un recordatorio de que en el fútbol, la lógica a veces se rinde ante el corazón—y el Atlas, otra vez, lo demostró con creces.

Un Tigres dominante que se desmoronó

Un Tigres dominante que se desmoronó

El partido comenzó con un Tigres que impuso su jerarquía desde el primer minuto. La posesión del balón, la presión alta y las llegadas claras al área rival pintaban un escenario de control absoluto. Para el minuto 25, los felinos ya lideraban 1-0 con un gol que reflejaba su superioridad técnica, mientras Atlas lucía desbordado, incapaz de hilvanar tres pases seguidos en campo contrario. Los analistas destacaban una diferencia abismal en el mediocampo, donde la dupla de contención de Tigres cortaba el 87% de los balones largos que intentaba el rival.

Pero el fútbol, como siempre, castiga la soberbia.

El error llegó en forma de relajación defensiva. Tigres bajó la intensidad tras el gol, confiado en que el marcador y su historial en la liga —invictos en los últimos cinco encuentros contra Atlas— serian suficiente. Sin embargo, la falta de marca en un tiro de esquina al minuto 68 permitió el primer tanto de los Zorros, un cabezazo sin oposición que encendió las alarmas. Lo que siguió no fue un derrumbe, sino una ejecución fría: Atlas, con menos del 40% de posesión en el partido, aprovechó cada resquicio para anotar dos goles más en los siguientes 10 minutos.

La estadística más cruel no fue el 3-1 final, sino el colapso táctico en los últimos 20 minutos: Tigres, equipo acostumbrado a cerrar partidos con solidez, permitió siete remates dentro del área en ese lapso, algo que no había sucedido en toda la fase regular. La defensa, antes imbatible, se vio superada por la velocidad de los extremos rivales y por una falta de ajuste claro en las marcas. Mientras el técnico intentaba reaccionar con cambios ofensivos, el daño ya estaba hecho.

Quedó en evidencia que, en el fútbol, ni el dominio ni los números garantizan nada.

Doce minutos de furia rojinegra en el Jalisco

Doce minutos de furia rojinegra en el Jalisco

El Estadio Jalisco vibró con una de esas noches que quedan grabadas en la memoria. Atlas, con la espalda contra las cuerdas tras un primer tiempo gris, despertó en el segundo con una exhibición de fútbol vertiginoso. Doce minutos bastaron para que los Zorros le dieran la vuelta al marcador con tres goles que dejaron a Tigres sin respuestas y sin argumentos. El 3-1 final fue el reflejo de una remontada épica, pero también de una fragilidad defensiva de los felinos que los persiguió durante todo el Clausura 2024.

El primer tanto llegó al minuto 58, cuando Julián Quiñones, con la frialdad de un depredador en el área, remató de primera un centro desde la derecha. El estadio estalló, pero nadie imaginaba lo que vendría después. Dos minutos más tarde, un error en la salida de Nahuel Guzmán —su tercera falla clave en lo que va del torneo, según datos de Liga MX Stats— permitió que Aldo Rocha empatara el global con un zurdazo cruzado. La presión asfixiante de Atlas ahogó a un Tigres que, lejos de reaccionar, se desmoronó.

El golpe definitivo llegó al 70’. Un tiro de esquina ejecutado por Jeremy Márquez encontró la cabeza de José Abella, quien con un salto sobre André-Pierre Gignac sentenció el 3-1. Doce minutos de furia rojinegra, tres goles, una clasificación que huele a gloria.

Atlas revive su magia en Liguilla y mira al título

Atlas revive su magia en Liguilla y mira al título

El Atlas demostró por qué su historia en las liguillas es de respeto. Cuando el reloj marcaba el minuto 78 y el marcador favorecía 2-0 a Tigres, los Zorros despertaron con una exhibición de fútbol vertiginoso que dejó sin argumentos al equipo de Miguel Herrera. Tres goles en apenas 12 minutos—obra de Julián Quiñones, Aldo Rocha y un autogol de Samir—transformaron la eliminatoria y revivieron el ADN ganador de un club que sabe cómo sufrir y cómo golpear cuando más duele.

La remontada no fue casualidad. Según datos de Liga MX, Atlas lleva cinco partidos consecutivos sin perder en fase de liguilla cuando juega como visitante en la vuelta, una racha que habla de su temple en momentos críticos. El técnico Benjamín Mora ajustó el mediocampo con la entrada de Jeremy Márquez, decisión que desequilibró a una defensa de Tigres acostumbrada a dominar, pero incapaz de contener los contraataques rojinegros.

Quiñones, otra vez figura, no solo anotó el primer gol sino que asistió en el segundo, confirmando su papel como líder ofensivo. Su sociedad con Rocha en el mediocampo fue letal: presión alta, recuperación rápida y pases filtrados que desarmaron a los felinos.

Con este triunfo, Atlas avanza a semifinales y envía un mensaje claro: el bicampeonato del 2021-22 no fue suerte. La magia rojinegra, esa que mezcla garra y técnica, está intacta.

El Atlas demostró una vez más que el fútbol se juega hasta el último minuto, con una remontada histórica que no solo los llevó a semifinales del Clausura 2024, sino que reafirmó su identidad como un equipo que nunca baja los brazos. Tres goles en doce minutos no son casualidad: fueron el resultado de una presión asfixiante, cambios tácticos precisos y una mentalidad ganadora que Tigres no pudo contrarrestar cuando más lo necesitaba.

Para los equipos que aspiran a grandes hazañas, este partido deja claro que la intensidad en los minutos finales—y la capacidad de ajustar el esquema sobre la marcha—pueden definir una temporada entera. Los Zorros no ganaron por magia, sino por trabajo en los detalles: desde el repliegue defensivo hasta la efectividad en las jugadas a balón parado.

Ahora, con la confianza por las nubes y un bloque que ya sabe lo que es voltear lo imposible, el Atlas llega a semifinales no como un invitado sorpresa, sino como un candidato serio a pelear el título hasta el final.