El Atlas demostró una vez más por qué se ha convertido en el equipo de los milagros en el Clausura 2024. Con dos goles en los últimos 15 minutos—uno de ellos en tiempo de descuento—, los Zorros remontaron un marcador adverso y sentenciaron al Toluca en el Nemesio Díez, dejando a los Diablos Rojos sin argumentos y con las manos vacías en casa. La victoria 2-1 no solo consolidó al conjunto tapatío en la pelea por la clasificación, sino que expuso las grietas de un Toluca que, pese a dominar gran parte del partido, volvió a tropezar con la misma piedra: la falta de contundencia en los metros finales.
El duelo entre Toluca – Atlas no fue un partido cualquiera. Se trató de un choque cargado de simbolismo para ambos equipos: los locales, urgidos por sumar de tres para no perder contacto con los primeros puestos, y los visitantes, decididos a confirmar que su racha de resultados no es casualidad. En un estadio Nemesio Díez que vibró con cada jugada, el guion se torció para la afición choricera cuando, tras un primer tiempo de oportunidades desperdiciadas, el Atlas capitalizó sus dos únicas llegadas claras para llevarse un triunfo que duele doble: por el cómo y por el dónde. La Liga MX sigue regalandole emociones hasta el último suspiro, y esta vez fueron los de la Academia quienes firmaron otra página de su manual de remontadas épicas.
Un Toluca invicto que se desmorona en casa
El Toluca llegó al Nemesio Díez con una racha impecable: cinco partidos sin conocer la derrota, tres de ellos como visitante. Pero el invicto se esfumó donde más duele, en casa, frente a un Atlas que supo aprovechar los errores defensivos cuando el reloj marcaba la urgencia.
Los Diablos Rojos dominaron el primer tiempo con un 62% de posesión y siete llegadas claras, según datos de la Liga MX. Sin embargo, la falta de contundencia en definición —apenas un remate al arco en los primeros 45 minutos— sentenció su destino. El equipo de Ignacio Ambriz pagó caro no liquidar el partido cuando tuvo la pelota.
El desmoronamiento llegó en el tramo final. Un error en la salida de balón a los 76 minutos permitió el empate de Atlas, y la defensa, presionada, no logró contener el segundo gol en contra a los 88. La afición del Nemesio Díez, acostumbrada a ver a su equipo como un muro en casa, presenció impotente cómo se desvanecía una ventaja que parecía cómoda.
La derrota no solo corta la racha, sino que expone una debilidad recurrente: la fragilidad mental en momentos clave. Analistas señalan que, en los últimos dos torneos, Toluca ha perdido puntos en el 70% de los partidos donde llevó ventaja al minuto 70.
Dos errores fatales y el castigo de Atlas
El Toluca pagó caro dos errores defensivos que definieron el partido. El primero llegó al minuto 78, cuando una pérdida en mediocampo permitió a Atlas armar un contraataque fulminante. La falta de marca en el área dejó a Julian Quiñones solo frente al arco, rematando sin oposición para el 1-1. Analistas de Fox Sports señalaron después que el equipo rojo había cometido 14 fallos en la salida de balón durante el segundo tiempo, una cifra que explica su fragilidad en momentos clave.
El segundo golpe fue aún más doloroso. A tres minutos del final, una confusión entre el arquero y la zaga dejó el balón suelto en el área chica. Aldo Rocha, con sangre fría, aprovechó el regalo para sellar el 2-1 y condenar al Toluca a su tercera derrota consecutiva en casa.
Atlas no necesitó genialidades: bastó con explotar los huecos que el rival le ofreció. Mientras los Zorros celebraron con orden táctico, los Diablos se quedaron sin respuestas, ahogados por su propia imprecisión.
El Nemesio Díez, acostumbrado a ser fortaleza, se convirtió en testigo mudo de un castigo merecido.
La crisis defensiva que ahora amenaza al Diablos
El Toluca llegó al duelo contra Atlas con una de las peores marcas defensivas en el torneo: 18 goles en contra en los últimos ocho partidos, cifra que solo superan los equipos en zona de descenso. Lo que comenzó como un partido controlado en el Nemesio Díez terminó siendo un reflejo crudo de esa fragilidad. La línea de cuatro, supuestamente compacta, se desdibujó ante la presión alta del rival, dejando espacios que el Atlas supo explotar con precisión quirúrgica en los minutos finales.
El error no fue solo táctico, sino de ejecución. En el primer gol de Atlas, dos centrales se quedaron observando el balón aéreo sin marcar al delantero rival, un descuido que castiga cualquier equipo de primera división. Los laterales, por su parte, subieron sin cobertura, dejando contraataques abiertos que el Toluca ya no pudo contener.
Analistas deportivos señalan que el problema va más allá de un mal partido: es un patrón. En seis de los últimos diez encuentros, el equipo ha encajado al menos un gol en los últimos 20 minutos, evidencia de un desgaste físico o mental que los rivales aprovechan. Contra Atlas, la historia se repitió.
La afición, que coreaba consignas de apoyo al inicio, terminó silbando cada pérdida de balón en la defensa. No es casualidad que, en la Liga MX, los equipos que ceden más de 12 disparos por partido—como hace el Toluca—tengan un promedio de victoria inferior al 30%. La crisis ya no es numérica; es visible, y urgente.
El Atlas demostró una vez más que el fútbol se juega hasta el pitido final, remontando con garra y precisión un marcador que parecía sentenciado para dejar al Toluca sin argumentos en el Nemesio Díez. La capacidad de reacción en los minutos decisivos, unida a errores defensivos clave del equipo local, marcaron la diferencia en un partido que refleja la irregularidad que acecha a ambos conjuntos esta temporada. Para el Toluca, el urgente refuerzo en la zaga y la consolidación de un mediocampo con mayor llegada se vuelven prioridades si no quiere repetir tropiezos en casa; el Atlas, en cambio, debe capitalizar esta racha de carácter para afianzar su aspiración a pelear por puestos de liga. El próximo duelo frente a León será la prueba de fuego para confirmar si los Zorros logran transformar estos destellos de heroísmo en consistencia o si el Toluca, herido pero no derrotado, encuentra en la adversidad el impulso para enderezar el rumbo.
