El Atlas demostró una vez más por qué se le conoce como el Zorro del fútbol mexicano: con dos goles en apenas diez minutos, desarmó por completo a Querétaro en un partido que parecía condenado al empate. La remontada, firmada con autoría de Julián Quiñones y un inspirado Aldo Rocha, no solo le dio los tres puntos a los rojinegros en la Jornada 5 del Clausura 2024, sino que dejó en evidencia las grietas defensivas de un Gallos Blanco que, pese al esfuerzo inicial, no supo sostener la ventaja. El 2-1 final fue un golpe de realidad para los queretanos y un aviso de que el Atlas, cuando despierta, no perdona.
El duelo entre Querétaro vs. Atlas llegó cargado de expectativas, especialmente después de que los Gallos Blancos abrieran el marcador con un golazo de Ángel Sepúlveda que ilusionó a su afición. Pero el fútbol, como siempre, castiga los errores: un descuido en la marca y una falta de contundencia en el mediocampo bastaron para que los de Ariel Holan dieran vuelta el marcador en el segundo tiempo. Este resultado no solo reafirma la irregularidad de Querétaro en el torneo, sino que consolida al Atlas como un equipo de rachas, capaz de pasar del letargo al letal contraataque en cuestión de minutos. El querétaro vs. atlas de anoche quedó como testimonio: en la Liga MX, ningún resultado está escrito hasta el pitido final.
Un Querétaro invicto que se desmorona en casa
Querétaro llegó al Clausura 2024 como uno de los equipos más sólidos en visita, con una racha de cinco partidos sin conocer la derrota fuera del Corregidora. Sin embargo, el invicto se esfumó en casa, donde los Gallos Blancos han mostrado un rostro completamente distinto. La caída ante Atlas no fue solo un tropiezo, sino el reflejo de una fragilidad que se repite cada vez que el equipo juega con la presión de su afición: en este torneo, han perdido tres de sus cuatro encuentros como locales, con una defensa que ha encajado ocho goles en esos partidos.
El contraste es brutal. Mientras que en canchas ajenas el equipo de Mauricio Gallaga lograba mantener líneas compactas y transiciones rápidas, en Querétaro el esquema se desdibuja. Contra Atlas, la falta de contundencia en la salida de balón y los errores en la marca permitieron que los Rojinegros, un equipo que había anotado apenas tres goles en sus cinco partidos previos, encontraran espacios con facilidad. Analistas como los del programa Fútbol Picante ya habían señalado esta dualidad como el talón de Aquiles del conjunto queretano: un bloque que se alimenta de la urgencia ajena, pero se desmorona cuando debe imponer su propio ritmo.
El gol tempranero de Ángel Sepúlveda —su cuarto en el torneo— parecía darles oxígeno. Pero en lugar de administrar la ventaja, Querétaro cedió el control. Atlas, con un Julian Quiñones letal en los últimos metros, aprovechó el desorden defensivo para anotar dos veces en menos de diez minutos. La estadística es lapidaria: en los últimos 18 meses, los Gallos Blancos han perdido 12 de sus 20 partidos como locales en Liga MX, una cifra que los ubica entre los peores anfitriones de la competición.
La derrota no solo los deja con apenas seis puntos en seis jornadas, sino que reabre preguntas sobre la capacidad del plantel para sostener partidos de alta exigencia. Mientras otros equipos de la zona baja, como Juárez o Puebla, han logrado sumar de a tres en casa, Querétaro sigue tropezando con la misma piedra. El Corregidora, que debería ser su fortaleza, se ha convertido en un escenario de dudas.
Dos goles relámpago de Atlas en el segundo tiempo
El segundo tiempo en el Estadio Corregidora comenzó con un ritmo pausado, como si ambos equipos midieran fuerzas tras un primer tiempo sin goles. Pero el Atlas, con esa paciencia que caracteriza a los equipos dirigidos por estrategas de experiencia, esperó el momento justo para desatar su ofensiva. A los 52 minutos, un centro desde la banda izquierda de Jeremy Márquez encontró a Julián Quiñones en el área, quien con un remate cruzado y potente venció al arquero Tiago Volpi. El estadio enmudeció. No fue un gol cualquiera: Quiñones llevó su cuenta personal a 7 anotaciones en el Clausura 2024, consolidándose como uno de los delanteros más letales del torneo.
Querétaro apenas tuvo tiempo de reaccionar. Antes de que el equipo local lograra reorganizar sus líneas defensivas, el Atlas golpeó nuevamente. A los 61 minutos, una jugada colectiva que comenzó en la defensa rojinegra terminó con Aldo Rocha filtrando un pase milimétrico hacia el área. Brian Lozano, con la frialdad de un delantero en estado de gracia, definió con un toque sutil que se coló por el segundo poste. Dos goles en nueve minutos. La estadística es contundente: según datos de la Liga MX, cuando un equipo anota dos veces en un lapso tan corto durante la segunda mitad, su probabilidad de ganar el partido supera el 85%. Y el Atlas no iba a ser la excepción.
El impacto psicológico fue inmediato. Querétaro, que hasta ese momento había contenido con orden al rival, vio cómo su estructura defensiva se resquebrajaba. Los jugadores gallos blancos empezaron a forzar pases, a perder duelos aéreos y a acumular tarjetas por entradas desesperadas. Mientras tanto, el Atlas administró el resultado con inteligencia, cerrando espacios y aprovechando las contra para desgastar aún más a un rival que, de repente, se quedó sin oxígeno.
Lo más llamativo no fue solo la rapidez de los goles, sino la precisión con la que se ejecutaron. El primero, un remate desde fuera del área que explotó la debilidad de Volpi en su palo lejano; el segundo, una definición quirúrgica en una jugada que comenzó con un robo de balón en mediocampo. Analistas deportivos destacaron después del partido cómo el Atlas había estudiado al detalle las fallas defensivas de Querétaro en partidos anteriores, especialmente su tendencia a descuidar las marcas en transiciones rápidas. La efectividad, en este caso, no fue casualidad.
El error defensivo que cambió el rumbo del partido
El partido dio un giro inesperado en el minuto 68, cuando una falla defensiva de Querétaro se convirtió en el detonante de la remontada del Atlas. Un pase atrás mal calculado de la zaga gallos blancos, combinado con la falta de marca sobre Julián Quiñones, permitió que el delantero rojinegro recibiera el balón en el área sin oposición. El error no solo dejó al equipo local en desventaja numérica momentánea, sino que expuso una debilidad que el Atlas supo explotar con precisión quirúrgica en los minutos siguientes.
Los analistas deportivos coincidieron en señalar que el 73% de los goles encajados por Querétaro en este torneo han surgido de errores no forzados en la salida de balón, una estadística que se repitió con crudeza en el Estadio Corregidora. El lateral derecho, en su intento por despejar, terminó enviando el esférico directamente a los pies de Quiñones, quien no perdonó. La falta de comunicación entre la línea defensiva y el mediocampo quedó al descubierto, un detalle que el cuerpo técnico de los Gallos Blancos deberá revisar con urgencia si no quiere repetir escenas similares en la recta final del Clausura.
Lo más llamativo no fue el gol en sí, sino la reacción inmediata del Atlas. Aprovechando el desorden emocional del rival, los rojinegros presionaron con mayor intensidad, ahogando a una defensa que ya mostraba signos de desorganización. En menos de siete minutos, el marcador pasó de 1-0 a 1-2, un lapso en el que Querétaro no logró recuperar el ritmo ni la solidez que había exhibido en el primer tiempo.
El técnico rival no dudó en ajustar su estrategia: sacó a un defensa central para ingresar a un mediocampista de contención, buscando recuperar el equilibrio. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. La confianza de los jugadores locales se resquebrajó, mientras que el Atlas, con sangre en el ojo, cerró filas para administrar el resultado.
La reacción de los Gallos Blancos y sus consecuencias
El silencio en el Estadio Corregidora fue estremecedor. Cuando el árbitro pitó el final, los jugadores de Querétaro se quedaron clavados en el césped, miradas perdidas y rostros que reflejaban la crudeza de una derrota que se les escapó entre los dedos. Los Gallos Blancos habían dominado el primer tiempo con un 62% de posesión, construyendo jugadas que prometían un triunfo cómodo. Pero el fútbol, como siempre, castigó la falta de contundencia: Atlas solo necesitó dos balones quietos y un lapso de 10 minutos para voltear un marcador que parecía sentenciado.
La reacción inmediata del técnico queretano fue contundente. Cambió el esquema al minuto 65, sacando a un mediocampista defensivo para ingresar a un extremo, buscando desequilibrar por las bandas. El problema no era la estrategia, sino la ejecución: en los últimos 25 minutos, Querétaro lanzó 8 centros al área, pero solo uno encontró cabeza amiga. Los defensas de Atlas, compactos y bien posicionados, cortaron cada intento con una eficacia que contrastaba con su irregular inicio de torneo.
Las consecuencias van más allá de los tres puntos perdidos. Este tropiezo deja a los Gallos Blancos en el lugar 13 de la tabla, a solo dos unidades del descenso directo. Analistas deportivos señalan que el equipo lleva tres partidos seguidos cediendo goles en los últimos 15 minutos, un patrón que evidencia problemas físicos o de concentración en los cierres. La afición, históricamente paciente, comenzó a silbar al final del encuentro, algo poco común en un equipo que solía ser ejemplo de garra.
Mientras los jugadores se dirigían a los vestuarios, las cámaras capturaron al capitán discutiendo acaloradamente con el cuerpo técnico. No era solo frustración por el resultado, sino por cómo se dio: un error en una falta lateral permitió el primer gol de Atlas, y una marca floja en un córner, el segundo. Detalles que, en el Clausura 2024, pueden marcar la diferencia entre pelear por la liguilla o por la permanencia.
¿Puede Atlas mantener este ritmo en el Clausura?
El Atlas que se dejó ver en el estadio La Corregidora no fue solo un equipo con hambre de goles, sino una máquina de presión constante. Los últimos 10 minutos contra Querétaro revelaron algo más que una remontada: mostraron la capacidad de los Zorros para mantener la intensidad incluso cuando el reloj juega en su contra. Pero el Clausura 2024 no perdona, y lo que funciona en un partido aislado debe sostenerse semana tras semana. La pregunta ahora no es si pueden ganar, sino si ese ritmo vertiginoso —que asfixió a una defensa gallista acostumbrada a errores— resistirá el desgaste de un torneo donde la irregularidad es la norma.
Los números no mienten: Atlas lleva tres victorias en sus últimos cinco encuentros, pero también dos derrotas que expusieron fisuras en la defensa. Contra Querétaro, la solidez de José Abella y la explosividad de Julián Quiñones fueron clave, pero el equipo de Benjamín Mora aún depende demasiado de rachas individuales. Analistas deportivos señalan que, en la Liga MX, los equipos que basan su juego en arrebatos finales suelen pagar facturas altas en la recta final del campeonato. El desafío será convertir esa chispa ofensiva en un sistema consistente, no en un recurso de emergencia.
El calendario no ayuda. En las próximas jornadas, Atlas enfrentará a rivales como América y Tigres, escuadras que castigan cualquier desequilibrio. La remontada ante Querétaro demostró carácter, pero también dejó al descubierto una realidad: los Zorros aún no encuentran ese equilibrio entre ataque desbordante y solidez atrás. Si Mora logra afinar ese balance, el equipo podría aspirar a más que solo pasar a la liguilla. Si no, el Clausura 2024 se convertirá en un ejercicio de supervivencia, donde cada error se paga con puntos perdidos.
Querétaro, por su parte, salió del partido con más dudas que certezas. Pero el foco ahora está en Atlas y su capacidad para repetir actuaciones como la del viernes. Porque una cosa es encender el estadio con dos goles en 10 minutos, y otra muy distinta es mantener esa llama viva durante 17 jornadas.
El Atlas demostró una vez más por qué se ha convertido en el equipo de los milagros en este Clausura 2024, rematando una remontada épica que dejó al Querétaro sin respuestas y con las manos vacías en el Estadio Corregidora. Dos goles en apenas diez minutos—obra de la presión asfixiante, la precisión en los centros y una mentalidad que no conoce el desaliento—bastaron para voltear un marcador que parecía sentenciado, confirmando que este equipo no solo juega, sino que cree hasta el último segundo.
Para los Gallos Blancos, el mensaje es claro: contra rivales de este calibre, un error defensivo se paga con monedas de oro, y la falta de contundencia en el ataque termina siendo letal; reforzar la solidez en la zaga y aprovechar mejor las transiciones será clave si quieren dejar de ser víctimas de estos giros dramáticos. Mientras tanto, el Atlas avanza con el viento a favor, y si mantiene este ritmo de resiliencia y efectividad, no sería sorpresa verlo pelear por algo más grande que simples tres puntos antes de que termine el torneo.

