El Atlas escribió otra página de su leyenda en la Liga MX con una remontada que ya huele a épica. Dos goles en apenas diez minutos—el de Julián Quiñones al 78’ y el de Aldo Rocha al 88’—voltearon un 0-1 adverso contra Tigres y dejaron al equipo de Fernando Ortiz al filo de la eliminación. No fue solo la victoria, sino la forma: un equipo que se negaba a caer, que apretó hasta el último suspiro en el Estadio Jalisco y ahora lleva ventaja psicológica de cara a la vuelta en el Volcán.
El duelo entre Atlas y Tigres no era cualquier partido. Se trataba del cruce más caliente de los cuartos de final, un choque entre el campeón defensor y un equipo que, pese a sus altibajos, sigue siendo sinónimo de peligro. Para los rojinegros, el triunfo significa oxígeno en una temporada irregular; para los felinos, es una herida abierta que obliga a ganar por dos goles de diferencia en casa. La presión ahora es toda de un lado: el Volcán deberá rugir como nunca, o verá cómo su sueño de título se esfuma en menos de 90 minutos.
Un Clásico que comenzó con Tigres en control absoluto
El partido arrancó con un guion escrito por Tigres: dominio territorial, posesión que superó el 65% en los primeros 25 minutos y un Atlas replegado, incapaz de hilvanar tres pases seguidos. Los felinos presionaron alto, ahogaron a la defensa rojinegra y crearon las primeras oportunidades claras. Un remate de André-Pierre Gignac al poste a los 18 minutos fue la advertencia más seria, pero el francés no encontró la precisión que lo caracteriza.
La estadística respaldaba la sensación en la cancha. Según datos de Mediotiempo, Tigres completó 12 llegadas al área en el primer tiempo, el doble que su rival. Sin embargo, el arquero Camilo Vargas se convirtió en figura: atajó un cabezazo de Samir y desvió un disparo cruzado de Quiñones. Atlas, por su parte, solo inquietó con un contraataque aislado que terminó en un centro sin rematador.
El error defensivo llegó cuando menos se esperaba. Un pase atrás de Carlos Salcedo quedó corto, Vargas salió dubitativo y la pelota casi termina en propia meta. Fue el único susto serio para los de Ricardo Ferretti, que mantuvieron el ritmo sin encontrar el gol.
La superioridad técnica era evidente, pero el marcador seguía en cero. Tigres pagó caro no convertir esa ventaja en goles.
Dos jugadas letales: el despertar de Atlas en el Jalisco
El Atlas no solo ganó: despertó cuando el reloj marcaba 70 minutos y el 0-1 en el marcador parecía un veredicto. Dos jugadas letales, separadas por apenas nueve minutos, bastaron para voltear el partido y dejar a Tigres con la sensación de que el suelo se les abría bajo los pies. La primera llegó por la izquierda, donde un centro de Jeremy Márquez encontró a Julián Quiñones en el área chica. El delantero, con la frialdad de quien lleva 12 goles en el torneo, remató de primera para empatar el encuentro.
El gol no fue casualidad. Según datos de la Liga MX, Atlas había generado tres oportunidades claras en los 15 minutos previos al tanto, todas por el mismo sector. Tigres, en cambio, se había replegado, confiando en la ventaja mínima y en un Nahuel Guzmán que ya no lucía tan seguro bajo los palos.
La segunda estocada llegó al 79’. Esta vez fue Aldo Rocha quien robó un balón en mediocampo, avanzó sin oposición y habilitó a Quiñones otra vez. El ’9’ no perdonó: definición cruzada, ángulo cerrado, 2-1. El estadio Jalisco estalló. Tigres, paralizado, no reaccionó hasta que el árbitro pitó el final.
Lo más llamativo no fue el resultado, sino el cómo. Atlas pasó de un juego predecible a un huracán en menos de un cuarto de hora, exponiendo las grietas de una defensa que, en teoría, era la menos goleada del torneo.
La presión ahora es de Ferretti y su equipo herido
La remontada del Atlas no solo dejó a Tigres con un pie fuera de la liguilla, sino que expuso las grietas de un equipo que hace seis meses alzó la Copa MX con solvencia. Ferretti, con su historial de rescates en momentos críticos, enfrenta ahora su prueba más dura: rearmar a un plantel que en las últimas cinco jornadas ha sumado apenas cuatro puntos. Las estadísticas no mienten: cuando Tigres pierde la posesión —como ocurrió en el 62% del partido contra los Zorros—, su defensa se vuelve permeable, especialmente por las bandas.
El técnico brasileño sabe que el margen de error se agotó. No es solo el 2-1 en contra con goles en diez minutos fatídicos, sino la sensación de que el equipo ya no responde con la misma intensidad. Analistas deportivos señalan que, desde la lesión de su delantero estrella, Tigres ha perdido el 40% de su efectividad en jugadas de área, un dato que pesa cuando el reloj corre en su contra.
La presión recae sobre Ferretti, pero también sobre una directiva que apostó por refuerzos que aún no rinden. El vestido de visita en el Jalisco fue un espejo: un equipo sin ideas, superado en velocidad y con errores infantiles en la salida de balón.
Quedan dos partidos. Dos finales. Y la sombra de un ciclo que podría cerrarse si no hay reacción inmediata.
El Atlas demostró una vez más por qué su mentalidad es su mayor arma: dos goles en diez minutos bastaron para voltear un partido que parecía perdido y dejar a Tigres contra las cuerdas, con la clasificación colgando de un hilo. La capacidad de reacción de los Zorros—fría, precisa y letal—contrasta con la fragilidad defensiva de un equipo felino que, pese a su jerarquía, sigue pagando caro los errores en momentos clave.
Para los de Diego Cocca, el mensaje es claro: sin solidez en la zaga, ni el talento de Gignac ni la experiencia bastarán para salvar la temporada. Tigres debe corregir ya, o la eliminación será solo el primer golpe de una crisis anunciada.
La revancha en el Volcán no será un trámite, sino un examen de fuego donde el Atlas, con este empuje, llega como favorito a sentenciar.
