El Emirates Stadium vibró con la épica que solo el fútbol sabe regalar: un gol en el minuto 89 de Martin Ødegaard coronó una remontada histórica que le dio a Arsenal tres puntos vitales. El noruego, frío como el hielo desde los once metros, sentenció 3-1 un partido donde el West Ham había empezado ganando con un contundente remate de Jarrod Bowen en el primer tiempo. Pero el guion lo reescribieron los gunners con una exhibición de carácter: dos goles en seis minutos—obra de Bukayo Saka y el propio Ødegaard—voltearon el marcador y dejaron al equipo de Mikel Arteta respirando en la pelea por el título.
El duelo entre Arsenal vs West Ham no fue solo otro encuentro de la Premier League, sino un reflejo de la resiliencia que define a este Arsenal. En una temporada donde cada punto pesa como oro, vencer a un rival directo como los Hammers—que llegaron con ambición y físico—demuestra madurez. La afición lo sabe: partidos así, donde el resultado se decide en los instantes finales, marcan la diferencia entre aspirar y lograr. Y en el Arsenal vs West Ham, Ødegaard y compañía dejaron claro que no piensan soltar la presión sobre el City.
Un West Ham que sorprendió desde el inicio
El West Ham llegó al Emirates con un plan claro y una ejecución que descolocó al Arsenal desde el pitido inicial. Los Hammers presionaron alto, cortaron líneas de pase y aprovecharon cada error en la salida de balón de los Gunners, demostrando que el guión de un partido dominado por el local no estaba escrito. La sorpresa llegó al minuto 13, cuando un contraataque fulgurante culminó con un disparo cruzado de Bowen que batió a Ramsdale. No fue suerte: el equipo de David Moyes había estudiado los espacios entre la defensa y el mediocampo arsenalista, explotándolos con pases verticales y cambios de ritmo.
Lo más llamativo no fue el gol, sino la solidez defensiva. El West Ham cerró los carriles laterales, ahogando a Ødegaard y Martínelli, y obligó al Arsenal a recurrir a centros desesperados desde banda. Según datos de Opta, los visitantes recuperaron el balón 12 veces en campo rival durante los primeros 30 minutos, el doble que en cualquier otro partido esta temporada. La línea de cinco, con Coufal y Emerson como carrileros disciplinados, neutralizó el juego asociativo que tanto caracteriza al equipo de Arteta.
El VAR anuló un segundo gol a los Hammers por un fuera de juego milimétrico de Antonio, pero el mensaje ya estaba enviado: el West Ham no había viajado a Londres para ser comparsas. Incluso tras el empate de Saka al inicio de la segunda parte, mantuvieron la compostura, con Paquetá dirigiendo el ritmo y Souček ganando los duelos aéreos en mediocampo. La grada del Emirates, acostumbrada a ver a su equipo imponerse con facilidad en casa, empezó a mostrar señales de nerviosismo.
Fue un West Ham que recordó a aquel que, la temporada pasada, dejó fuera de la Europa League a equipos como el Sevilla. Sin estrellas de renombre pero con un bloque compacto, demostraron que el fútbol de Moyes—tan criticado por su pragmatismo—puede ser letal cuando se ejecuta con precisión. El problema, como suele ocurrir, fue el desgaste: los últimos 20 minutos, con jugadores como Benrahma visiblemente fatigados, abrieron la puerta a la remontada arsenalista.
El error defensivo que cambió el rumbo
El partido dio un giro inesperado en el minuto 75, cuando un error defensivo del West Ham reavivó las esperanzas del Arsenal. Kurt Zouma, bajo presión en su propia área, intentó un pase atrás a Alphonse Areola que quedó corto. Bukayo Saka, siempre atento, interceptó el balón y asistió a Gabriel Jesus para marcar el 2-1. Fue el tercer error de pase en zona crítica del West Ham esta temporada, según datos de Opta, una debilidad que equipos como el Arsenal saben explotar.
El fallo no fue solo de Zouma. La línea defensiva completa del West Ham mostró una falta de coordinación que ya había sido señalada por analistas en partidos anteriores. Areola, en lugar de anticiparse, permaneció clavado a la línea, confiando en que su compañero resolvería la jugada. Esa indecisión costó caro.
Lo más llamativo fue la reacción inmediata del Arsenal. Mikel Arteta había introducido a Ødegaard y Trossard minutos antes, buscando precisamente aprovechar esos espacios que dejaba la defensa rival. El gol de Jesus no solo acortó distancias, sino que inyectó una energía que el West Ham ya no pudo contener. Los Gunners pasaron de un 40% de posesión en el primer tiempo a dominar el 65% en los últimos 20 minutos.
Para los aficionados del West Ham, fue un déjà vu. En su último enfrentamiento contra el Liverpool, un error similar de Nayef Aguerd había terminado en gol. La diferencia esta vez es que, contra el Arsenal, el castigo llegó en un momento clave: cuando el partido parecía controlado. David Moyes, desde el banquillo, gesticulaba con frustración mientras veía cómo su equipo perdía el rumbo en cuestión de segundos.
Ødegaard aparece cuando más lo necesita Arsenal
El fútbol a veces escribe guiones que ni el más optimista de los aficionados se atrevería a imaginar. Cuando el reloj marcaba 86 minutos y el Arsenal caía 1-0 ante un West Ham que había gestionado el partido con solvencia, el Emirates Stadium guardaba un silencio incómodo. Pero Martin Ødegaard, como ha hecho en los momentos más críticos de la temporada, apareció para recordarle a todos por qué es el capitán. Un gol de volea en el 89, tras un centro desde la izquierda, no solo empató el encuentro, sino que encendió la chispa de una remontada que se completaría en el tiempo añadido.
No es la primera vez que el noruego se convierte en el salvador. Según los datos de Opta, Ødegaard ha anotado o asistido en 12 de los últimos 18 partidos en los que el Arsenal ha estado perdiendo o empatando al descanso. Su capacidad para leer el juego en los instantes finales, cuando la presión asfixia a la mayoría, lo distingue. Contra el West Ham, su llegada al área en el momento preciso —entre tres defensores— demostró una vez más esa frialdad que solo tienen los jugadores de élite.
El gol de Ødegaard no fue solo un destello de calidad individual, sino el símbolo de una resistencia colectiva. El Arsenal había dominado la posesión (68%) y generado oportunidades, pero la eficacia brillaba por su ausencia. Hasta que él decidió tomar el mando. Su celebración, corriendo hacia la grada con el puño en alto, transmitió algo más que alegría: fue un grito de «aquí seguimos», en una temporada donde cada punto cuenta doble.
Los analistas ya lo señalan: cuando el equipo de Arteta flaquea, Ødegaard eleva su nivel. No es casualidad que, desde su llegada al norte de Londres, el Arsenal haya sumado 23 puntos en partidos donde él ha marcado después del minuto 75. Contra el West Ham, repitió la fórmula.
Arteta ajusta su sistema en el descuento
El gol de Martin Ødegaard en el minuto 89 no fue solo un destello de genialidad individual, sino el broche a una partida de ajedrez táctico que Mikel Arteta resolvió en el descuento. Cuando el West Ham se plantó con ventaja en el Emirates, el técnico vasco optó por un cambio radical: la entrada de Gabriel Jesus y Kai Havertz en la segunda parte alteró por completo el esquema. El Arsenal pasó de un 4-3-3 asfixiado por la presión hammer a un 3-2-5 en fase ofensiva, con los laterales White y Zinchenko casi como carrileros extremos. La estadística lo respalda: en los últimos 20 minutos, los gunners generaron 0.9 xG (valor esperado de gol), más del doble que en los primeros 45.
Lo más llamativo fue el papel de Declan Rice, exjugador del West Ham, como falso mediocentro. Arteta lo desplazó hacia la banda izquierda en construcción, arrastrando a marcadores y liberando espacios para que Ødegaard y Saka operaran entre líneas. Los analistas de Opta destacaron cómo esta movilidad descompensó la defensa visitante: el 68% de los ataques peligrosos del Arsenal en el último tramo nacieron por ese sector.
El riesgo de dejar tres centrales—Saliba, Gabriel y el improvisado Kiwior—podría haber salido mal. Pero Arteta confió en la velocidad de recuperación de su equipo. Cuando Antonio amenazó en una contra, fue el propio Ødegaard quien cortó el balón con una entrada limpia. Minutos después, el noruego firmaba el gol de la remontada.
Queda la duda: ¿fue un ajuste calculado o un movimiento desesperado? Lo cierto es que el Arsenal suma 10 puntos en los últimos 12 posibles, todos con remontadas incluidas. La capacidad de reacción, más que el estilo, está definiendo su temporada.
Qué significa este triunfo en la lucha por el título
El triunfo del Arsenal ante el West Ham no fue solo un partido más en la Premier League, sino un golpe de autoridad en la recta final de la liga. Con este resultado, los Gunners se mantienen a solo dos puntos del líder, el Manchester City, en un momento en que cada error se paga caro. La remontada en el minuto 89, coronada por el gol de Ødegaard, demostró una vez más la resiliencia de un equipo que ya suma 11 victorias en los últimos 13 partidos de liga. No es casualidad que, según los modelos estadísticos de Opta, el Arsenal tenga ahora un 38% de probabilidades de alzarse con el título, su cifra más alta en lo que va de temporada.
Lo más significativo, sin embargo, no es solo el resultado, sino el cómo. El West Ham llegó a ponerse por delante con un gol temprano de Bowen, pero el Arsenal respondió con un juego de posesión asfixiante (68% de control del balón) y una presión alta que desarmó a la defensa rival. La entrada de Trossard en el segundo tiempo cambió el ritmo del partido, y la conexión con Saka y Ødegaard fue letal. Este tipo de reacciones bajo presión son las que definen a los campeones.
El calendario ahora sonríe al equipo de Arteta. Mientras el City enfrenta un duelo complicado ante el Brighton, el Arsenal recibe al Southampton, colista y con la moral por los suelos. Una victoria en ese partido, combinada con un tropiezo de los Citizens, podría dejar a los Gunners en la cima por primera vez desde octubre. La Premier League no perdona, pero este Arsenal sí sabe aprovechar las oportunidades.
Analistas como los de The Athletic ya señalan que la clave está en la solidez defensiva: solo 12 goles encajados en 2023, la mejor marca de la liga. Con Saliba y Gabriel en estado de forma, y Ramsdale recuperando su nivel, el equipo tiene la base para soñar. El próximo mes será decisivo, pero después de remontadas como la de ayer, nadie duda de que este Arsenal tiene madera de campeón.
El Arsenal demostró una vez más por qué se mantiene en la pelea por los primeros puestos: no solo por su fútbol de toque y posesión, sino por esa capacidad de reaccionar cuando el partido se complica. El gol de Ødegaard en el 89, tras una segunda parte donde el West Ham plantó cara con físico y verticalidad, confirmó que este equipo no se rinde—y que los detalles, como la entrada de Trossard o el desborde de Saka, marcan la diferencia en los momentos clave.
Para los aficionados que buscan entender el secreto de estas remontadas, la clave está en observar cómo Arteta ajusta el ritmo: presionar alto tras perder el balón y aprovechar los espacios que deja un rival cansado. No es magia, es intensidad bien dirigida.
Queda ahora ver si esta resiliencia se mantiene en la recta final de la temporada, donde cada punto pesa como oro y los rivales no perdonarán errores como el inicial que permitió el gol de Kudus.

