Bajo el manto de tierra y vegetación que cubre el Cerro de la Estrella, un equipo de arqueólogos acaba de revelar siete estructuras prehispánicas ocultas durante siglos. Los hallazgos, confirmados mediante tecnología de escaneo láser y excavaciones estratégicas, corresponden a plataformas ceremoniales y posibles templos vinculados a culturas que florecieron entre el 600 y el 1200 d.C. El descubrimiento no solo amplía el mapa arqueológico de la Cuenca de México, sino que reescribe parte de la historia de un sitio ya conocido por su papel en rituales como la Fiesta del Fuego Nuevo.

El Cerro de la Estrella, ubicado en la alcaldía de Iztapalapa, ha sido durante décadas un referente histórico para los capitalinos, pero estos nuevos vestigios demuestran que su importancia trasciende lo simbólico. Las estructuras, algunas alineadas con precisión astronómica, sugieren que el cerro fue un centro de poder más complejo de lo que se creía. Para los habitantes de la Ciudad de México, el hallazgo no solo enriquece el patrimonio local, sino que invita a replantear cómo las civilizaciones prehispánicas transformaron el paisaje para conectar lo sagrado con lo cotidiano.

El Cerro de la Estrella y su legado oculta bajo tierra

El Cerro de la Estrella y su legado oculta bajo tierra

Bajo los estratos de tierra que cubren el Cerro de la Estrella, en Iztapalapa, yacen más de mil años de historia oculta. Este sitio, conocido por ser escenario del Fuego Nuevo —el ritual azteca que marcaba el inicio de cada ciclo de 52 años—, guarda vestigios de ocupaciones anteriores que remontan al periodo Posclásico Temprano (900-1200 d.C.). Los arqueólogos han confirmado que, antes de la llegada de los mexicas, grupos como los toltecas o los chichimecas dejaron su huella en forma de plataformas ceremoniales y estructuras residenciales, ahora enterradas bajo capas de sedimentos y vegetación.

Estudios geofísicos recientes revelaron que al menos el 60% de las estructuras prehispánicas del cerro permanecen sin excavar. Entre ellas destacan basamentos piramidales de menor escala que los conocidos, así como lo que podrían ser templos dedicados a deidades vinculadas a la agricultura, como Tláloc.

La superposición de construcciones refleja una práctica común en Mesoamérica: cada cultura dominante modificaba el espacio sagrado según sus necesidades. Los mexicas, por ejemplo, aprovecharon las plataformas existentes para erigir sus propios monumentos, integrando el cerro a su cosmovisión como un tepetl (cerro sagrado) asociado al mito de la fundación de Tenochtitlán.

El legado subterráneo del Cerro de la Estrella no se limita a piedras y adobe. Fragmentos de cerámica, herramientas de obsidiana y restos óseos hallados en sondeos preliminares sugieren que el sitio fue un punto de intercambio cultural y comercial durante siglos. Arqueólogos del INAH señalan que su estudio podría reescribir parte de la historia prehispánica del Valle de México, especialmente sobre las dinámicas de poder antes del dominio mexica.

Hallazgos inesperados: pirámides y plataformas prehispánicas

Hallazgos inesperados: pirámides y plataformas prehispánicas

Entre los hallazgos más sorprendentes destaca una plataforma ceremonial de 12 metros de altura, oculta bajo capas de tierra y vegetación. Los escáneres de penetración terrestre revelaron su estructura escalonada, similar a las utilizadas en rituales agrícolas por culturas como la teotihuacana. Arqueólogos compararon su diseño con el Templo Mayor de Tenochtitlán, aunque con dimensiones más reducidas.

Otro descubrimiento inesperado fue una pirámide de tres cuerpos, parcialmente erosionada, que especialistas vinculan con el periodo Posclásico (900-1521 d.C.). Según datos del INAH, menos del 10% de las estructuras prehispánicas en la Cuenca de México conservan este estilo arquitectónico, lo que refuerza su valor histórico.

Las excavaciones también expusieron un sistema de terrazas agrícolas, posiblemente usado para el cultivo de maíz y frijol. Su distribución sugiere un conocimiento avanzado de manejo de suelos en laderas.

Restos de cerámica y obsidiana encontrados en los niveles superiores de las plataformas indican que el sitio mantuvo actividad continua hasta la llegada de los españoles. Los análisis de carbono-14 en curso podrían precisar las fechas exactas de ocupación.

¿Cómo cambiará este descubrimiento la historia de Iztapalapa?

¿Cómo cambiará este descubrimiento la historia de Iztapalapa?

El hallazgo en el Cerro de la Estrella no solo reescribe capítulos de la historia prehispánica, sino que coloca a Iztapalapa en un lugar central dentro del mapa arqueológico de México. Hasta ahora, la zona era conocida principalmente por su relación con el culto a Huitzilopochtli y la Ceremonia del Fuego Nuevo, pero estas siete estructuras —entre plataformas ceremoniales y posibles templos— sugieren que el sitio funcionó como un núcleo político y religioso mucho más complejo de lo que se creía. Arqueólogos del INAH señalan que, en el Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), menos del 10% de los asentamientos en la Cuenca de México presentaban esta concentración de edificios públicos, lo que indica un estatus excepcional para el área.

La presencia de materiales asociados a Tlatelolco y Tenochtitlan en las estructuras recién identificadas apunta a conexiones directas con los centros de poder mexicas. Esto desafía la narrativa tradicional que reducía a Iztapalapa a un papel secundario, casi periférico, dentro de la Triple Alianza. Los patrones arquitectónicos, como escalinatas dobles y alineaciones astronómicas precisas, revelan un conocimiento avanzado compartido con las élites gobernantes.

Para las comunidades locales, el descubrimiento refuerza la identidad histórica de un territorio que ha sido marginado en los relatos oficiales. No se trata solo de ruinas: son pruebas tangibles de que Iztapalapa fue un escenario clave en la organización territorial y simbólica del Valle de México.

El siguiente paso será determinar si estas estructuras estaban vinculadas a redes de comercio o a rituales específicos, como los relacionados con el ciclo agrícola. Lo cierto es que, con cada capa de tierra removida, el Cerro de la Estrella deja de ser un símbolo aislado para convertirse en un archivo vivo de estrategias políticas y espirituales.

El hallazgo de siete estructuras prehispánicas en el Cerro de la Estrella no solo reescribe la historia de este sitio icónico, sino que confirma su papel como centro ceremonial clave en el altiplano mexicano, con conexiones que podrían extenderse más allá de lo que se creía. Los vestigios, ocultos bajo capas de tierra durante siglos, ofrecen ahora una oportunidad única para entender las prácticas rituales y la organización social de culturas como la teotihuacana y la mexica, mucho antes de la fundación de Tenochtitlan. Para quienes busquen profundizar en este legado, visitar el cerro con guías especializados—especialmente durante las próximas temporadas de excavación—permitirá apreciar los detalles que los arqueólogos continúan descifrando en tiempo real. Mientras los análisis de los materiales recuperados avanzan, este descubrimiento abre la puerta a futuras exploraciones que podrían revelar no solo más estructuras, sino también respuestas sobre cómo estos espacios sagrados moldearon el pensamiento mesoamericano.