El Estadio Azteca vibró con un final de infarto cuando América Femenil logró lo que parecía imposible: remontar un marcador adverso con dos goles en los últimos 90 segundos del partido. La escuadra de Coapa, que enfrentaba un 2-1 en contra hasta el minuto 89, desató una reacción histórica que dejó sin palabras a los 23,472 espectadores presentes. Los goles de Alison González y Kiana Palacios, en el 89’ y 90+2’ respectivamente, sellaron una victoria 3-2 que ya forma parte de los anales del fútbol femenino mexicano.

El duelo entre América vs Tigres Femenil no solo definió tres puntos cruciales en la Liga MX Femenil, sino que reafirmó el crecimiento de un torneo donde la intensidad y la calidad técnica ya no tienen nada que envidiarle a su contraparte varonil. Para las Águilas, este triunfo representa un espaldarazo moral frente a un rival directo por el título, mientras que para las Felinas —que dominaron gran parte del encuentro— queda la amarga sensación de un partido que se les escapó entre los dedos. En un clásico que siempre trasciende lo deportivo, América vs Tigres Femenil demostró, una vez más, por qué es el enfrentamiento más electrizante del fútbol mexicano.

Un Clásico con historia y rivalidad intensa

Un Clásico con historia y rivalidad intensa

El Clásico Femenil entre América y Tigres trasciende el simple enfrentamiento deportivo. Es un duelo cargado de historia, donde cada partido escribe un nuevo capítulo en una rivalidad que ha definido épocas en el fútbol mexicano. Desde sus primeros encuentros en 2017, ambos equipos han protagonizado batallas memorables, con Tigres dominando históricamente los registros: 12 victorias en 24 choques directos antes de este encuentro, según datos de la Liga MX Femenil.

Lo que distingue a este clásico no es solo el palmarés, sino la intensidad con la que se vive. Las jugadoras lo abordan con una mezcla de respeto y ferocidad, conscientes de que cada balón dividido, cada falta y cada gol resonarán más allá de la cancha. Los aficionados, por su parte, llenan los estadios con una pasión que iguala —y a veces supera— la del varonil.

Analistas destacan cómo el estilo de juego refleja la filosofía de cada institución. América, con su tradición de posesión y juego asociado; Tigres, con su solidez defensiva y letalidad en la transición. Esa diferencia táctica ha generado partidos impredecibles, donde el guión puede cambiar en segundos, como ocurrió esta noche.

La rivalidad también ha sido escenario de figuras que se convirtieron en íconos. Desde las pioneras que abrieron camino hasta las actuales estrellas, cada generación ha dejado su huella en este duelo. No es casualidad que tres de las últimas cinco finales del torneo hayan tenido a estos equipos como protagonistas.

Más que tres puntos, lo que estaba en juego era el orgullo. Y en el fútbol, cuando el orgullo entra en la ecuación, el espectáculo está garantizado.

Dos goles en el 89’ y 90’ que voltearon el marcador

Dos goles en el 89’ y 90’ que voltearon el marcador

El Estadio Azteca vibró con una intensidad inusual cuando el reloj marcaba el minuto 89. Con Tigres ganando 2-1 y el tiempo casi agotado, las Águilas encontraron en Alison González la chispa que encendería la remontada. Un centro desde la banda izquierda, un remate cruzado y el empate que reavivó las esperanzas de un equipo que, hasta ese momento, había luchado contra el marcador y la presión de un rival que parecía tener el partido controlado.

Pero el fútbol, en su esencia más cruel y maravillosa, guardaba otro giro. Apenas 60 segundos después, en el 90’, Kiana Palacios se elevó sobre la defensa felina para conectar un cabezazo letal tras un córner ejecutado con precisión. El 3-2 estalló en las gradas como un grito contenido: América Femenil no solo igualaba, sino que daba vuelta el partido en el último suspiro.

Datos como estos refuerzan por qué este tipo de encuentros se graban en la memoria. Según registros de la Liga MX Femenil, menos del 5% de los partidos en los últimos cinco torneos han visto remontadas con goles en los dos últimos minutos de juego. Aquí, la estadística se rompió con autoridad.

La reacción de las jugadoras al pitido final lo dijo todo: lágrimas, abrazos y el peso de un triunfo arrebatado cuando todo parecía perdido. Tigres, por su parte, salió del campo con la mirada fija en el césped, consciente de que el fútbol, a veces, premia a quienes creen hasta el último segundo.

Lo que significa este triunfo para la Liga MX Femenil

Lo que significa este triunfo para la Liga MX Femenil

El triunfo del América Femenil no es solo un resultado más en el historial: marca un antes y después en la competitividad de la Liga MX Femenil. Romper la hegemonía de Tigres —que había ganado cinco de los últimos seis títulos— demuestra que el torneo ya no tiene un dueño absoluto. Los últimos minutos del partido, con dos goles en tiempo de descuento, reflejan la madurez de un equipo que supo manejar la presión cuando más importaba.

Analistas deportivos destacan que esta victoria consolida al América como el principal rival de Tigres en los últimos años. Según datos de la liga, las Águilas han llegado a tres finales en cuatro torneos, algo que solo el conjunto felino había logrado hasta ahora. La remontada en el Estadio Azteca, además, reafirma que el fútbol femenino en México ya genera narrativas propias, con partidos que trascienden el simple resultado.

Para las jugadoras, este triunfo representa un salto en credibilidad. No es lo mismo ganar un título que arrebatárselo al campeón reinante en los minutos finales. La reacción del público —con más de 20 mil espectadores— confirma que la afición ya no ve estos encuentros como un complemento, sino como eventos de primer nivel.

La Liga MX Femenil gana, sobre todo, en imprevisibilidad. Tigres dejó de ser invencible, y eso obliga a los demás equipos a elevar su nivel. El mensaje es claro: ahora cualquier cosa puede pasar.

El América Femenil demostró una vez más por qué es un equipo de jerarquía: no solo rescató un partido que parecía perdido con dos goles en el tiempo de descuento, sino que lo hizo contra un Tigres que dominó gran parte del encuentro. La capacidad para mantener la calma bajo presión y ejecutar en los momentos decisivos marcó la diferencia entre un empate agonizante y una victoria que refuerza su posición en la tabla. Quienes sigan el torneo deberían fijarse en cómo las Águilas gestionan los minutos finales—ahí suele decidirse el destino de los partidos apretados. Este triunfo no solo suma tres puntos clave, sino que envía un mensaje claro a los rivales de cara a la recta final del campeonato.