El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) activó este martes una alerta amarilla por lluvias en doce regiones del Perú, un aviso que cubre desde el norte de Tumbes hasta el sur de Puno y que advierte sobre precipitaciones de moderada a extrema intensidad durante los próximos días. Según los reportes oficiales, se esperan acumulados superiores a los 30 milímetros por día en zonas de la selva y sierra, con riesgos asociados de inundaciones, deslizamientos y desbordes de ríos en áreas vulnerables. La alerta, vigente hasta el 15 de marzo, incluye departamentos como Loreto, San Martín, Amazonas y Cusco, donde las autoridades ya han iniciado protocolos de prevención.

La declaración de alerta amarilla por lluvias no es un llamado menor: obliga a gobiernos regionales y locales a reforzar medidas de protección civil, especialmente en asentamientos cercanos a quebradas o cuencas con historial de desastres. Para la población, significa revisar rutas de evacuación, asegurar techos y estructuras frágiles, y evitar cruzar ríos crecidos. El Senamhi ha precisado que las lluvias irán acompañadas de descargas eléctricas y ráfagas de viento, lo que eleva el peligro en zonas agrícolas y de difícil acceso. La coordinación entre Indeci, las municipalidades y los comités de defensa civil será clave para mitigar daños en una temporada donde el Fenómeno El Niño Costero aún mantiene en vilo a varias regiones.

Qué implica una alerta amarilla del Senamhi

La alerta amarilla emitida por el Senamhi no es un aviso cualquiera. Representa un nivel de peligro moderado que exige atención inmediata de autoridades y población. Según el sistema de alertas meteorológicas peruano, este color indica que las lluvias intensas podrían generar inundaciones repentinas, deslizamientos de tierra o afectar infraestructuras vulnerables. Los datos históricos del Senamhi muestran que, durante eventos similares en 2023, el 68% de las emergencias reportadas en zonas rurales estuvieron vinculadas a precipitaciones que superaron los 50 mm en menos de 24 horas.

En la práctica, la declaración activa protocolos específicos. Gobiernos regionales y locales deben reforzar la vigilancia en quebradas, ríos y zonas de alto riesgo, mientras coordinan con Indeci para posibles evacuaciones preventivas. Las alertas amarillas suelen anteceder a fenómenos más severos, por lo que su emisión funciona como ventana crítica para reducir daños. Aquí no basta con monitorear: se exigen acciones como limpieza de drenajes, protección de cultivos y difusión clara de rutas de evacuación.

Para la ciudadanía, la recomendación es concreta. Evitar cruzar ríos crecidos, asegurar techos y ventanas, y almacenar agua potable son medidas básicas pero vitales. El Senamhi advierte que, en estas condiciones, incluso áreas urbanas con sistemas de drenaje deficientes pueden colapsar en minutos. La diferencia entre una alerta amarilla y una naranja o roja radica en el tiempo de respuesta: en este nivel, aún hay margen para actuar antes de que el riesgo se materialice.

Meteorólogos señalan que el patrón actual de lluvias —asociado a la combinación de humedad amazónica y sistemas frontales— podría persistir entre 48 y 72 horas en las regiones alertadas. Esto no significa que el peligro sea constante en todo el período, pero sí que los picos de intensidad serán impredecibles. La experiencia en la sierra central demuestra que, tras una alerta amarilla, el 30% de los deslizamientos ocurren en las primeras 12 horas de lluvia continua.

Las 12 regiones peruanas bajo riesgo de lluvias extremas

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) activó la alerta amarilla en doce regiones del Perú, donde las lluvias extremas amenazan con superar los umbrales históricos en las próximas 72 horas. Los departamentos en riesgo incluyen Áncash, Cajamarca, Huánuco, Pasco, Junín, Huancavelica, Apurímac, Cusco, Puno, Madre de Dios, Ucayali y San Martín, zonas donde los modelos climáticos prevén acumulados de precipitación entre 30 y 50 milímetros por día, cifras que duplican el promedio estacional en algunas áreas.

En la selva alta de Junín y Pasco, así como en la sierra central de Huancavelica y Apurímac, los suelos ya saturados por las lluvias de enero aumentan el peligro de deslizamientos e inundaciones repentinas. Según datos del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), al menos 45 distritos de estas regiones registraron emergencias similares en 2023, con daños en infraestructura vial y agrícola que superaron los 120 millones de soles.

Las cuencas de los ríos Mantaro, Perené y Urubamba enfrentan un escenario crítico. En Cusco, por ejemplo, las estaciones meteorológicas reportan que el caudal del Vilcanota ha aumentado un 40% en comparacion con la misma fecha del año pasado, lo que pone en alerta a comunidades ribereñas como Pisac y Calca. Mientras tanto, en Puno, las lagunas altoandinas como la de Arapa podrían desbordarse, afectando cultivos de quinua y papa en zonas aledañas.

El Senamhi recomienda a las autoridades locales activar protocolos de evacuación preventiva en áreas vulnerables y restringir el tránsito en carreteras con pendientes pronunciadas, donde el riesgo de derrumbes es mayor. En Madre de Dios, donde las lluvias intensas suelen combinarse con crecidas de ríos como el Tambopata, se ha dispuesto el monitoreo permanente de puentes y zonas de cultivo.

Daños esperados: cultivos, carreteras y zonas vulnerables

Las lluvias intensas pronosticadas por el Senamhi no solo pondrán a prueba los sistemas de drenaje urbano, sino que golpearán con fuerza a los sectores más expuestos. Los cultivos de la sierra central y sur —especialmente en Ayacucho, Huancavelica y Apurímac— enfrentan riesgos críticos. Según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario, el 30% de las pérdidas agrícolas por fenómenos climáticos en 2023 se concentraron en estas regiones, donde pequeños productores dependen de cosechas como la papa, el maíz y la quinua. Las inundaciones repentinas pueden arrasar terrenos de cultivo en laderas, mientras que el exceso de humedad favorece la aparición de plagas como el gorgojo de los Andes, que ya ha reducido rendimientos en años anteriores.

Las carreteras serranas, muchas de ellas sin asfaltar o con mantenimiento deficiente, se convertirán en puntos críticos. Tramos como la vía Ayacucho-Huanta o la ruta que conecta Cusco con Puno suelen colapsar con lluvias moderadas; ahora, con precipitaciones que superarán los 40 milímetros por hora en zonas altas, los deslizamientos son inevitables. El año pasado, el derrumbe en el km 120 de la Carretera Central dejó incomunicados a tres distritos por 72 horas. Esta vez, las autoridades ya han identificado al menos 15 puntos vulnerables donde equipos de Defensa Civil trabajan contra reloj para instalar señalización y desvíos temporales.

Las zonas urbanas marginales, construidas en quebradas o cerca de ríos, sufrirán las peores consecuencias. En ciudades como Huancayo o Arequipa, los asentamientos humanos ubicados en áreas no aptas —como las riveras del río Mantaro o las laderas del Misti— podrían registrar inundaciones en menos de una hora. El Senamhi advierte que las lluvias se combinarán con granizo en zonas por encima de los 3,500 msnm, lo que acelerará el desborde de quebradas secas. El riesgo no es solo el agua: los huaicos arrastra consigo rocas, árboles y hasta estructuras precarias, multiplicando el peligro para quienes viven en estas áreas.

Los gobiernos regionales han activado protocolos, pero la respuesta será desigual. Mientras regiones como Junín cuentan con maquinaria pesada para descolmatar ríos, otras, como Huancavelica, dependen de brigadas comunitarias con herramientas básicas. La diferencia podría marcar la velocidad con la que se recuperen los accesos y los servicios.

Medidas urgentes para protegerse durante las precipitaciones

Ante la alerta amarilla emitida por el Senamhi, las autoridades recomiendan priorizar acciones inmediatas para reducir riesgos durante las lluvias intensas. Lo primero es revisar y limpiar los techos, canaletas y desagues, ya que el 70% de los derrumbes en zonas urbanas durante fenómenos similares se originan por obstrucciones en estos sistemas, según datos del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred). Una acumulación de hojas, plásticos o sedimentos puede generar inundaciones repentinas en viviendas o calles adyacentes, especialmente en cerros y laderas donde el agua gana velocidad.

En zonas rurales o de alta pendiente, la medida más crítica es evacuar hacia áreas seguras antes de que las precipitaciones alcancen su punto máximo. Las quebradas y causes secos se convierten en corrientes peligrosas en minutos, arrastrando árboles, rocas y escombros. Las familias deben identificar rutas de escape previas y tener preparados documentos esenciales, medicinas y un kit de emergencia con agua potable, linternas y radio portátil. Los gobiernos locales ya activaron albergues temporales en coordinación con Defensa Civil.

Para quienes transitan por carreteras, el Senamhi advierte que la visibilidad puede reducirse a menos de 10 metros en tramos como la Panamericana Norte o la Carretera Central. En estos casos, lo más seguro es detener el vehículo en un lugar elevado, lejos de causes de ríos, y esperar a que amaine la lluvia. Conducir con luces bajas —nunca altas— y reducir la velocidad a la mitad del límite permitido ayuda a evitar accidentes por aquaplaning. Las mototaxis y vehículos livianos son los más vulnerables a ser arrastrados por corrientes.

Las autoridades sanitarias también insisten en hermetizar los depósitos de agua y clorarla antes de consumirla, ya que las inundaciones arrastran desechos orgánicos e industriales que contaminan pozos y redes de distribución. En la selva, donde las lluvias intensifican la proliferación de mosquitos, se recomienda usar repelente y mosquiteros tratados con insecticida para prevenir dengue o malaria. El Ministerio de Salud ya distribuyó kits de purificación en las regiones bajo alerta.

Por último, mantenerse informado a través de canales oficiales —como la app de Senamhi o las alertas de Indeci— marca la diferencia. Las fake news sobre «megainundaciones» o «desbordes inminentes» generan pánico innecesario, mientras que los boletines técnicos precisan horarios y zonas de mayor riesgo. La población debe evitar cruzar ríos crecidos, aunque el caudal parezca manejable: en 2023, el 40% de las víctimas mortales por lluvias en el país perdieron la vida al subestimar la fuerza de las corrientes.

¿Hasta cuándo durará el estado de emergencia climática?

El estado de emergencia climática declarado por el Senamhi no tiene una fecha de finalización precisa. Las alertas amarillas, como la emitida para 12 regiones del Perú, suelen mantenerse vigentes mientras persistan las condiciones meteorológicas adversas. Según los protocolos del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), estas alertas se revisan cada 48 horas, pero su duración puede extenderse semanas si los patrones climáticos no muestran mejoría.

Los modelos climáticos del Senamhi indican que las lluvias intensas en la sierra y selva peruana podrían prolongarse hasta finales de marzo, coincidiendo con el final de la temporada de lluvias. Sin embargo, especialistas en meteorología advierten que fenómenos como El Niño Costero —que en 2023 afectó a la región con un 30% más de precipitaciones que el promedio histórico— pueden alterar estos plazos. La variabilidad climática obliga a las autoridades a evaluar la situación casi en tiempo real.

La decisión de levantar la alerta dependerá de datos concretos: niveles de ríos, saturación de suelos y reportes de daños en infraestructura. Mientras tanto, el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) mantiene activados sus protocolos de respuesta, especialmente en zonas como Cusco, Puno y Junín, donde las lluvias ya han provocado deslizamientos y cortes de carreteras.

Lo cierto es que, más allá de plazos fijos, la población debe prepararse para un escenario prolongado. Las alertas amarillas no son inamovibles, pero tampoco se levantan de un día para otro. La prioridad ahora es mitigar riesgos.

La alerta amarilla decretada por el Senamhi no es un aviso cualquiera: confirma que doce regiones del Perú enfrentan un riesgo real por lluvias intensas, con posibles deslizamientos, inundaciones y daños en infraestructura que ya han empezado a reportarse en zonas como Cajamarca, Piura y Junín. Las autoridades locales activaron protocolos de emergencia, pero la velocidad de la respuesta ciudadana marcará la diferencia entre un susto manejable y una crisis con víctimas.

Ante esto, lo más urgente es revisar las rutas de evacuación señalizadas por Indeci, tener a mano un kit básico con documentos, agua y medicinas, y evitar cruzar quebradas o ríos crecidos, por más transitables que parezcan. La experiencia en años anteriores demuestra que el mayor peligro no es la lluvia en sí, sino la subestimación de sus efectos en terrenos ya saturados.

El pronóstico advierte que los próximos días serán críticos, especialmente en la sierra norte y centro, donde los suelos no darán abasto para absorber más agua.