El fútbol escribió otro capítulo de su historia cuando Japón remontó un 1-0 adverso para vencer 2-1 a Alemania en el estreno del Grupo E del Mundial 2022. Fue la primera vez en nueve participaciones que la Mannschaft caía en un partido inaugural de la fase de grupos, un revés que sacudió los cimientos de un equipo acostumbrado a dominar con autoridad. Los goles de Ritsu Doan y Takuma Asano en ocho minutos borraron la ventaja inicial de İlkay Gündoğan y dejaron al mundo deportivo con la boca abierta: el alemania vs. Japón no sería un trámite, sino un duelo para recordar.

Más allá de las estadísticas, el resultado resonó como un símbolo de la imprevisibilidad que define a este torneo. Alemania, candidata eterna con un plantel repleto de estrellas de la Bundesliga y la Premier League, chocó contra la disciplina táctica y la velocidad de un Japón que demostró por qué el alemania vs. Japón trascendió lo deportivo. Para los aficionados, fue un recordatorio de que en Qatar 2022 los guiones preescritos no existen; para los analistas, una lección sobre cómo el colectivo puede doblar al individuo cuando la presión aprieta.

El declive de la era dorada alemana en Catar

El fútbol alemán llegó a Catar 2022 con el peso de una generación que había redefinido el éxito: campeones del mundo en 2014, finalistas de la Copa Confederaciones en 2017 y un equipo que, durante una década, combinó precisión táctica con un juego ofensivo arrasador. Pero los números no mienten. Desde el desastre en Rusia 2018 —primera eliminación en fase de grupos en 80 años—, la Mannschaft había caído del primer al undécimo puesto en el ranking FIFA, su peor posición en dos décadas.

Contra Japón, los fantasmas del pasado resurgieron con crudeza. La defensa, antaño mural infranqueable, permitió dos goles en contra en menos de ocho minutos durante el segundo tiempo. La falta de velocidad en las bandas y los errores en la salida de balón expusieron las grietas de un sistema que ya no intimidaba.

Analistas señalaban antes del torneo que el 60% de los goles encajados por Alemania en los últimos dos años habían llegado por jugadas a balón parado o transiciones defensivas mal resueltas. Contra los asiáticos, el patrón se repitió: desorganización en el área tras un saque de esquina y una pérdida en mediocampo que terminó en el 2-1 definitivo.

La era dorada, aquella que hizo temblar a Europa con jugadores como Müller, Kroos o Neuer en su plenitud, se desvanece sin relevos claros. El banquillo alemán, con una media de edad superior a los 28 años, ya no asusta como antes.

Los goles que sellaron la sorpresa japonesa

El primer golpe llegó cuando el reloj marcaba 75 minutos. Ritsu Doan, con una precisión quirúrgica, remató de izquierda un pase filtrado desde la banda para batir a Manuel Neuer. El meta alemán, acostumbrado a ser un muro, solo pudo mirar cómo el balón se colaba por el primer palo. Fue el inicio del terremoto.

Pero el verdadero mazazo llegó ocho minutos después. Takuma Asano, sin espacio aparente, controló un balón largo en el área, esquivó a dos defensores y definió con frialdad. Los datos lo confirman: Japón solo había convertido dos goles en sus últimos cinco partidos contra equipos europeos. Esa tarde en el Khalifa International Stadium, los samuráis azules necesitaron menos de un cuarto de hora para duplicar esa cifra.

La reacción alemana, desesperada y sin ideas claras, chocó contra una defensa japonesa que se agrandó con cada minuto. Los analistas destacan cómo la presión alta nipona asfixió a un equipo alemán que, pese a dominar la posesión (74%), no logró generar más que un gol de penal en el tiempo añadido.

Cuando el árbitro pitó el final, las imágenes hablaban por sí solas: los jugadores japoneses abrazados en el césped, algunos con lágrimas; los alemanes, inmóviles, mirando al vacío. Un resultado que ya forma parte de la historia de los Mundiales.

¿Qué sigue para el gigante europeo tras el tropiezo?

El revés ante Japón deja a Alemania en una posición incómoda dentro del Grupo E. Con solo tres puntos en disputa en los próximos partidos, la presión sobre el equipo de Hansi Flick se multiplica. Los analistas señalan que, desde el Mundial de 2018, la Mannschaft ha mostrado una preocupante irregularidad en torneos grandes: en 12 encuentros oficiales, apenas ha logrado 5 victorias.

El próximo rival, España, llega con un juego de posesión que podría explotar las debilidades defensivas alemanas expuestas contra Japón. La falta de solidez en la zaga y los errores en la salida de balón —como los que costaron los dos goles japoneses— obligarán a Flick a replantear su esquema.

Históricamente, Alemania ha respondido a las crisis con cambios radicales. En 2002, tras un mal inicio, alcanzó la final. Pero esta generación, con una mezcla de veteranos en declive y jóvenes sin experiencia, enfrenta un desafío mayor. La Eurocopa 2024 en casa ya no parece un objetivo lejano, sino una cita donde deberán demostrar que el tropiezo en Qatar fue un accidente, no una tendencia.

Mientras, en las redes sociales, la afición divide opiniones: algunos exigen la renovación inmediata del equipo; otros piden paciencia con un proceso que, según expertos en fútbol alemán, requiere al menos dos años para consolidarse.

El triunfo de Japón por 2-1 sobre Alemania no fue solo una sorpresa, sino un recordatorio de que el fútbol se escribe con mayúsculas cuando la disciplina y la audacia se alían contra los gigantes. La Mannschaft pagó caro su exceso de confianza en el primer tiempo y su lentitud para adaptarse al ritmo impuesto por un rival que ejecutó con precisión lo que muchos equipos asiáticos solo prometen: presión alta, transiciones letales y una fe inquebrantable en el plan.

Quien pretenda entender el fútbol moderno debe estudiar este partido: los sistemas tácticos ya no garantizan victorias, y la humildad para ajustarse sobre la marcha —como hizo Flick demasiado tarde— marca la diferencia entre el fracaso y la gloria. Los equipos con aspiraciones no pueden permitirse subestimar a nadie, ni siquiera en la fase de grupos.

El Mundial de Qatar acaba de demostrar que las jerarquías se rompen con goles, no con nombres, y que la próxima generación de campeones podría surgir de donde menos se espera.