El estadio Internacional Khalifa de Doha vibrará este viernes con una final que promete historia: por primera vez en 19 ediciones, el Mundial de Clubes de la FIFA coronará a un campeón fuera del continente europeo. El Al Ahly de Egipto y el Pachuca de México llegan al duelo decisivo con hambre de gloria, pero solo uno podrá inscribir su nombre en los anales del fútbol global. Los Rojiblancos egipcios, gigantes de África con 11 títulos de la Liga de Campeones de la CAF, buscan su primer trofeo mundial. Frente a ellos, los Tuzos mexicanos, subcampeones de la Concacaf, demuestran que en el fútbol no hay imposibles: son el primer equipo de su confederación en alcanzar esta instancia desde 2013.

El choque entre Al Ahly vs Pachuca no es solo una batalla por el título, sino un reflejo de cómo el fútbol más allá de Europa gana terreno. Para los aficionados árabes, ver a su equipo más laureado a un paso de la consagración es un sueño largamente esperado. En México, el Pachuca —con su estilo ofensivo y su cantera de jóvenes talentos— ya ha conquistado corazones, incluso sin ser el favorito inicial. La final promete ritmo, táctica y emociones fuertes: dos filosofías distintas, un mismo objetivo. Cuando el árbitro pite el inicio, el mundo verá si el poderío africano del Al Ahly o la garra mexicana del Pachuca se alzan con el trofeo más codiciado del fútbol de clubes.

El camino de dos gigantes a la final

El Al Ahly y Pachuca llegaron a la final del Mundial de Clubes 2023 por rutas distintas, pero con un denominador común: la capacidad de redefinirse en momentos clave. Los egipcios, campeones de África en ocho ocasiones, demostraron una vez más por qué son el equipo más temido del continente. Su victoria 3-2 sobre el Auckland City en semifinales, con un gol en el minuto 90+6, reflejó esa mentalidad ganadora que los ha acompañado durante décadas. No es casualidad que analistas deportivos destaquen su resistencia psicológica como uno de sus mayores activos en competiciones de eliminación directa.

Pachuca, en cambio, escribió su propio guión. El equipo mexicano, menos acostumbrado a los reflectores globales que su rival, sorprendió al mundo con un fútbol vertical y desbordante. Su triunfo 2-1 ante el Flamengo —actual campeón de la Libertadores— no solo fue un golpe de autoridad, sino una declaración de intenciones. Los Tuzos dominaron el 58% de la posesión en ese partido y completaron 12 remates, cifras que evidencian su ambición por imponer su estilo incluso frente a gigantes sudamericanos.

Lo que hace aún más intrigante este duelo es el contraste de filosofías. Mientras el Al Ahly basa su juego en la solidez defensiva y las transiciones rápidas —su línea de cuatro apenas ha concedido más de un gol por partido en el torneo—, Pachuca apuesta por un mediocampo creativo y presión alta. El choque entre la experiencia africana y el ímpetu mexicano promete ser un estudio de tácticas opuestas.

Ambos equipos llegan con números que respaldan su aspiración al título. El Al Ahly suma 21 partidos invictos en competiciones internacionales, racha que comenzó tras su derrota en la final del Mundial de Clubes 2021. Pachuca, por su parte, lleva 10 encuentros sin conocer la derrota desde que arrancó la Liga MX, con un promedio de 2.3 goles por juego. Las estadísticas, sin embargo, se diluyen cuando suena el silbato inicial: lo que quedará en el campo será pura voluntad.

Estilos opuestos en la cancha de Yeda

El duelo entre Al Ahly y Pachuca en la final del Mundial de Clubes 2023 no solo enfrenta a dos equipos con historias distintas, sino también a filosofías de juego radicalmente opuestas. Los egipcios, bajo la dirección técnica de Marcel Koller, han construido su identidad sobre una defensa compacta y transiciones rápidas, un estilo que les permitió eliminar al Seattle Sounders en semifinales con apenas 28% de posesión. Pachuca, en cambio, llega con el ADN ofensivo que caracteriza al fútbol mexicano: presión alta, juego asociado y una delantera letal que ya ha anotado 9 goles en sus últimos 5 partidos oficiales.

La estadística que mejor retrata este contraste es el promedio de pases por partido. Mientras Al Ahly rara vez supera los 350 en 90 minutos, los Tuzos suelen rondar los 550, con un 85% de precisión en la Liga MX. Analistas como los del observatorio CIES Football destacan cómo Pachuca utiliza la amplitud del campo para desequilibrar, mientras que el equipo africano prioriza la solidez atrás y el contragolpe con jugadores como Hussein El Shahat, cuya velocidad en los últimos 30 metros ha sido clave en esta competición.

Otro elemento que marca la diferencia es el ritmo. Al Ahly acostumbra a bajar la intensidad después del minuto 60, confiando en su bloque defensivo para administrar el resultado. Pachuca, por el contrario, acelera: en el partido contra Al Hilal, el 40% de sus remates al arco llegaron en el último tercio del encuentro. Esta capacidad para mantener la presión hasta el final podría ser decisiva en Yeda, donde el cansancio y el desgaste mental suelen definir partidos ajustados.

El choque de estilos también se refleja en las alineaciones. Koller suele apostar por un 4-2-3-1 con dos mediocentros destructores, mientras que Guillermo Almada alterna entre un 4-3-3 y un 4-2-3-1, pero siempre con laterales muy ofensivos y un 10 creativo —como el uruguayo Gustavo del Prete— que dictamina el tempo. La pregunta no es quién dominará el balón, sino quién logre imponer su ritmo en los momentos clave.

Figuras clave que pueden inclinar la balanza

El duelo entre Al Ahly y Pachuca no solo enfrentará a dos equipos con estilos distintos, sino a jugadores capaces de decidir un partido con un destello de genio. En el bando egipcio, Mohamed Abdelmonem emerge como la roca defensiva que ha sostenido al equipo en momentos críticos. El central, con más de 50 partidos en la Liga de Campeones de la CAF, no solo corta jugadas con precisión quirúrgica, sino que inicia el juego desde atrás con una calma que desestabiliza a rivales acostumbrados a presionar alto. Su asociación con Ali Maâloul, lateral izquierdo de proyección ofensiva, podría ser clave para neutralizar el juego por bandas de los Tuzos, especialmente en las transiciones rápidas donde Pachuca suele hacer daño.

Del lado mexicano, Salomón Rondón lleva la experiencia de haber jugado en las ligas más competitivas de Europa. El delantero venezolano, con 33 goles en 84 partidos con la selección de Venezuela, no es solo un referente en el área: su capacidad para asociarse con mediocampistas como Erik Lira —pieza fundamental en la creación de juego— podría inclinar la balanza en los metros finales. Analistas de CONMEBOL destacan que el 60% de los goles de Pachuca en esta temporada han surgido de jugadas donde Rondón actúa como pivote, atrayendo marcadores para habilitar a compañeros en mejor posición.

Pero si hay un nombre que podría cambiar el rumbo del partido en segundos, ese es Percy Tau. El sudafricano, figura indiscutible del Al Ahly, tiene esa mezcla letal de velocidad y regate que desequilibra a defensas organizadas. Su gol en la semifinal contra Flamengo —un remate cruzado desde el borde del área— demostró por qué es considerado uno de los mejores jugadores africanos de la última década. Pachuca, consciente de este peligro, podría asignar a Oscar Ustari, su portero más experimentado, para cortar los pases filtrados hacia Tau.

En el mediocampo, la batalla entre Fakhreddine Ben Youssef (Al Ahly) y Erick Sánchez (Pachuca) promete ser un termómetro del partido. El tunecino, con su físico imponente, buscará imponer ritmo y recuperar balones en la primera línea de presión, mientras que el mexicano intentará desbordar por las bandas con su cambio de ritmo. Quien gane este duelo individual podría darle a su equipo el control del centro del campo, zona donde suelen gestarse las jugadas más peligrosas.

Cómo ver la final desde cualquier lugar

La final del Mundial de Clubes 2023 entre Al Ahly y Pachuca promete ser un espectáculo global, pero no todos los aficionados tendrán acceso directo a la transmisión. Para quienes buscan seguir el partido desde regiones sin cobertura televisiva, las plataformas de streaming oficial se convierten en la mejor opción. FIFA+ y otras plataformas asociadas a la competición suelen ofrecer transmisiones en vivo con comentaristas en múltiples idiomas, aunque algunas pueden requerir suscripción o estar restringidas por geolocalización.

En países donde los derechos de transmisión pertenecen a cadenas como beIN Sports o ESPN, los servicios de VPN se han vuelto una herramienta común. Según datos de GlobalWebIndex, el 28% de los usuarios de internet en Latinoamérica y Oriente Medio recurren a estas tecnologías para acceder a contenido deportivo bloqueado. Sin embargo, es clave elegir servidores con baja latencia para evitar retrasos en la imagen, especialmente en momentos decisivos como una tanda de penaltis.

Otra alternativa son las redes sociales. Tanto Facebook como YouTube suelen albergar transmisiones no oficiales en canales de aficionados, aunque la calidad y legalidad varían. Algunos clubes, como el Al Ahly, han compartido en el pasado enlaces a streams autorizados en sus cuentas verificadas, aunque esta práctica depende de los acuerdos con la FIFA.

Para los puristas que prefieren el ambiente de un bar, aplicaciones como Foursquare o Google Maps permiten filtrar establecimientos que transmitan el partido en vivo. En ciudades con grandes comunidades de expatriados egipcios o mexicanos —como Dubai, Madrid o Los Ángeles—, es probable encontrar locales con pantallas gigantes y ambiente festivo desde horas antes del pitido inicial.

Quienes opten por el streaming móvil deben verificar el consumo de datos: una transmisión en HD puede superar los 3 GB por hora. Activar el modo de ahorro en apps como Twitter (ahora X) o reducir la resolución a 720p ayuda a evitar sorpresas en la factura.

El legado que dejará el campeón en el fútbol global

El ganador del Mundial de Clubes 2023 no solo levantará un trofeo en Yeda, sino que escribirá su nombre en la historia del fútbol con un legado que trasciende fronteras. Para Al Ahly, una victoria significaría consolidar su estatus como el club africano más dominante de la era moderna, sumando su segundo título mundial tras el obtenido en 2020. Los Rojos de El Cairo ya ostentan el récord de más finales disputadas por un equipo no europeo o sudamericano (3), pero un nuevo triunfo los colocaría en una categoría propia: la de un gigante que desafía la hegemonía tradicional con un modelo basado en cantera, pasión local y una afición que llena estadios con 70.000 espectadores semanalmente. Analistas como los del CIES Football Observatory destacan cómo su éxito ha redefinido las aspiraciones de los clubes africanos, inspirando inversiones en infraestructura y formación en ligas como la de Marruecos o Sudáfrica.

Pachuca, por su parte, lleva consigo la oportunidad de reafirmar el poderío del fútbol mexicano en el escenario global. Sería su segundo título mundial (tras 2017) y el sexto para un equipo de la Liga MX, una cifra solo superada por España e Inglaterra. Pero más allá de los números, los Tuzos representan un estilo: vertical, audaz y con una identidad clara bajo la filosofía del Club de Fútbol Pachuca, pionero en México en profesionalizar las divisiones inferiores. Su posible consagración llegaría en un momento clave, cuando el fútbol azteca busca recuperarse de la crisis de imagen tras el caso de la FMF y demostrar que su liga sigue siendo semillero de talento exportable.

El impacto del campeón también se medirá en lo económico. Según proyecciones de Deloitte, el vencedor podría ver un incremento del 30% en ingresos por patrocinios internacionales en los siguientes dos años, especialmente en mercados emergentes. Para Al Ahly, esto se traduciría en mayor atracción de marcas globales hacia el fútbol africano; para Pachuca, en consolidar su marca en Estados Unidos, donde la comunidad mexicana es clave.

Y luego está el factor simbólico: un trofeo que, en manos de Al Ahly, sería celebrado como un triunfo del fútbol «romántico» —el de las gradas vibrando al ritmo de los tambores—, mientras que con Pachuca se interpretaría como la victoria de un proyecto deportivo con visión de negocio. Ambos caminos, sin embargo, convergen en un mismo punto: la final de Yeda no corona solo a un equipo, sino a una narrativa.

La final del Mundial de Clubes 2023 entre Al Ahly y Pachuca no solo coronará a un campeón, sino que pondrá a prueba dos filosofías de juego radicalmente distintas: la solidez defensiva y la experiencia africana del equipo egipcio frente al dinamismo ofensivo y la juventud mexicana. Más allá del trofeo, este partido servirá como termómetro para medir el crecimiento del fútbol fuera de Europa, donde clubes con recursos limitados demuestran que la táctica y la garra pueden competir al más alto nivel.

Para los aficionados, vale la pena prestar atención a los detalles: desde cómo Pachuca maneja la presión alta de Al Ahly hasta la capacidad del conjunto africano para contener los desbordes por las bandas, claves que podrían definir el rumbo del encuentro. Queda claro que, independientemente del resultado, este choque dejará una huella en la historia del torneo, reafirmando que el fútbol global ya no tiene un solo epicentro.