El Aeropuerto Internacional de Los Cabos volvió a abrir sus puertas tras 72 horas de cierre total, un récord en su historia operativa. El huracán Odile, que azotó Baja California Sur con vientos de hasta 205 km/h, dejó atrás daños en infraestructura, vuelos cancelados y más de 30,000 pasajeros varados. Las imágenes de terminales inundadas y techos arrancados circularon en redes sociales, mientras equipos de emergencia trabajaban contra reloj para restaurar servicios básicos. La reanudación de operaciones, anunciada esta mañana, marca el inicio de una recuperación que podría extenderse semanas.
Para viajeros, operadores turísticos y residentes, la reapertura del Aeropuerto Internacional de Los Cabos no solo significa el regreso de conexiones aéreas, sino un paso crítico hacia la normalidad en una región que depende en un 80% del turismo. Hoteles, restaurantes y comercios locales ya reportan pérdidas millonarias, mientras aerolíneas como Aeroméxico y Volaris reajustan sus itinerarios para priorizar la salida de turistas atrapados. La Secretaría de Comunicaciones confirmó que, aunque la pista principal está operativa, algunas áreas de la terminal aún requieren reparaciones mayores.
El golpe histórico de Odile en 2014
El huracán Odile golpeó Baja California Sur en septiembre de 2014 con una fuerza que marcó un antes y después en la región. Categorizado como huracán de categoría 4, sus vientos superaron los 200 km/h, dejando daños severos en infraestructura, viviendas y, especialmente, en el Aeropuerto Internacional de Los Cabos. Las imágenes de techos arrancados, ventanas destrozadas y pistas inundadas dieron la vuelta al mundo, mostrando la vulnerabilidad de una zona turística clave para México.
El impacto fue tan devastador que el aeropuerto permaneció cerrado durante casi una semana. Según datos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, las pérdidas en el sector aeronáutico superaron los 1,200 millones de pesos, sin contar los costos indirectos por cancelaciones masivas de vuelos y la paralización del turismo.
Meteorólogos coinciden en que Odile fue uno de los huracanes más intensos en tocar tierra en el Pacífico mexicano en décadas. Su trayectoria inesperada y rápida intensificación sorprendieron incluso a los sistemas de alerta temprana, lo que dificultó una evacuación más eficiente.
La reconstrucción tomó meses, pero el episodio sirvió para reforzar protocolos de emergencia y modernizar la infraestructura del aeropuerto. Hoy, cada temporada de huracanes, las autoridades revisan con mayor rigor los planes de contingencia.
Daños, reparaciones y lecciones aprendidas
El paso del huracán Odile dejó daños estructurales significativos en el Aeropuerto Internacional de Los Cabos. Las evaluaciones iniciales revelaron que el 60% de las ventanas de la terminal principal quedaron destruidas, mientras que el techo sufrió filtraciones severas en al menos tres áreas críticas. Los equipos de emergencia trabajaron contra reloj para sellar las zonas afectadas y evitar mayores deterioros en las instalaciones eléctricas, priorizando la seguridad antes de reabrir.
Las reparaciones más urgentes se centraron en la pista de aterrizaje, donde escombros y ramas de árboles obstaculizaban las operaciones. Ingenieros en aeropuertos, citando protocolos de la OACI, confirmaron que se requirieron más de 12 horas solo para limpiar y verificar la integridad del pavimento antes de autorizar el primer vuelo de prueba.
Entre las lecciones aprendidas, las autoridades destacaron la necesidad de reforzar los sistemas de drenaje. Aunque el aeropuerto contaba con planes de contingencia, la intensidad de Odile —categoría 4 al tocar tierra— superó las proyecciones, dejando en evidencia vulnerabilidades en la infraestructura diseñada para huracanes de menor magnitud.
La experiencia también aceleró la implementación de un nuevo protocolo: la instalación de láminas de policarbonato en ventanas, material que, según estudios de resistencia en zonas costeras, reduce un 40% el riesgo de roturas por vientos superiores a 200 km/h.
Vuelos reanudados: qué deben saber los pasajeros
El Aeropuerto Internacional de Los Cabos retomó actividades con un flujo gradual de vuelos tras 72 horas de suspensión por el huracán Odile. Las aerolíneas priorizan la reubicación de pasajeros afectados, aunque los retrasos persisten en al menos el 30% de las operaciones programadas para las primeras 48 horas, según datos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
Quienes viajen en los próximos días deben confirmar el estatus de su vuelo directamente con la aerolínea, ya que los horarios están sujetos a ajustes por daños menores en infraestructura y limitaciones operativas. Algunas rutas internacionales, como las procedentes de Los Ángeles y Canadá, registran demoras de hasta cinco horas.
Se recomienda llegar con tres horas de anticipación. Los controles de seguridad y migración operan con normalidad, pero la afluencia de pasajeros acumulados podría generar filas más largas de lo habitual.
Las aerolíneas han habilitado módulos de atención en el aeropuerto para gestionar reembolsos o cambios de itinerario sin costo, aunque la demanda supera la capacidad de respuesta. Pasajeros en tránsito hacia destinos nacionales reportan mayor agilidad en los procesos.
El Aeropuerto Internacional de Los Cabos demostró una vez más su capacidad de recuperación al restablecer operaciones en tiempo récord tras el paso del huracán Odile, un logro que refleja la solidez de sus protocolos de emergencia y el esfuerzo coordinado entre autoridades, aerolíneas y personal en tierra. Aunque los retrasos y cancelaciones iniciales fueron inevitables, la rápida normalización de los vuelos subraya la importancia de contar con infraestructura preparada para enfrentar fenómenos naturales en una región tan vulnerable como Baja California Sur. Viajeros con reservas en las próximas semanas deben verificar el estado de sus vuelos directamente con las aerolíneas y considerar llegar con mayor antelación, dado que ajustes en horarios podrían extenderse durante la fase final de recuperación. Con la temporada de huracanes aún activa, este episodio sirve como recordatorio de que la prevención y la adaptación siguen siendo claves para garantizar la conectividad en destinos turísticos estratégicos.
